Los suizos votarán esta iniciativa el próximo 5 de junio

Proponen que cada adulto reciba 2.248 euros mensuales y los menores 562 euros

¿Y usted qué haría si tuviera a su disposición una renta básica mensual digna para vivir? El 5 de junio los suizos serán los pioneros en el mundo en decidir si el Estado debe pagar a cada uno de los ciudadanos, durante toda su vida y con independencia de los ingresos de los que ya disponga, una renta mensual digna y básica para vivir. Los impulsores argumentan que sería una solución a los problemas derivados de la digitalización del trabajo; los detractores la definen como una utopía irrealizable.

La propuesta, que llega a las urnas después de que en 2013 se entregaran a las autoridades las firmas requeridas para que el tema fuera abordado a través de unas elecciones, propone que cada adulto reciba 2.500 francos suizos (2.248 euros) mensuales y los menores 625 francos (562 euros).

Pero independientemente de los resultados, los impulsores de la iniciativa popular “Por una renta básica incondicional” están convencidos de que el simple hecho de que se cree debate y conciencia sobre las consecuencias de la revolución digital y la eliminación de empleos que eso conlleva, significa que la sociedad está entrando en una nueva dimensión, en la que las personas podrían elegir el trabajo que quisieran, estimulando así la formación y la creatividad. Otra de las ventajas es que se puede destinar más tiempo a los trabajos voluntarios, la formación y la creatividad. Además, defienden que aumentarían las posibilidades de atender a los hijos y a las personas mayores o enfermas.

Otro punto a favor es que el salario y la seguridad social se desvincularían parcialmente del trabajo, lo que permitiría eliminar la pobreza y la dependencia de la asistencia social de los que no disponen de los medios de subsistencia necesarios.

Escaso apoyo de los políticos

Sin embargo, esta iniciativa, que nació de un grupo de ciudadanos independientes,no ha encontrado mucho respaldo dentro de los grupos políticos. A excepción de Los Verdes y una minoría de los socialistas, todos los grupos políticos hanrecomendado a los electores rechazar la iniciativa.

Según algunas cifras dadas por medios suizos, apenas un 30% de la ciudadanía estaría a favor de la renta básica mínima, lo que es habitual en las propuestas promovidas por la izquierda y sin el respaldo de otros grupos políticos.

El actual Gobierno de Suiza considera que este subsidio generalizado implicaríamayores impuestos, desanimaría a muchos a trabajar y provocaría una escasez de mano de obra. El país alpino está además sumido en una crisis de divisas, y la fortaleza relativa del franco está comenzando a afectar de forma seria sus exportaciones.

La idea de implementar una renta básica universal ha sido defendida por un número creciente de economistas de todo el mundo, y de hecho Canadá, Países Bajos y Finlandia han comenzado a evaluar las repercusiones de su implantación.

Algunos medios se hacen eco de las declaraciones del economista y ex ministro de Finanzas de Grecia, Yanis Varoufakis, que declaraba que “un país rico como Suiza tiene la gran oportunidad de llevar a cabo este gran experimento”, y respalda la tesis de que es imprescindible que las economías desarrolladas busquen mecanismos para solucionar los problemas que puede presentar la automatización de numerosos puestos de trabajo.

¿Cómo financiarlo?

De ganar la iniciativa, no se pondría en práctica inmediatamente, es sólo el primer paso para que pase a una fase en la que hay que crear el marco legal para llevarlo a cabo.

Para implementar esta RBI (Renta Básica Incondicional) según datos de 2012, se necesitan 208.000 millones de francos al año, equivalentes al 35% del PIB. Sería financiada en su mayoría por medio de deducciones sobre los salarios y las prestaciones de seguridad social. Para los 25.000 millones de francos restantes podría recurrirse a impuestos o reducciones de otras partidas en el presupuesto del Estado. Para los que están en contra del aumento del IVA, la solución sería “establecer una microtasa sobre las transacciones financieras y otra tasa sobre los ordenadores, ya que el debate se hace desde la óptica de la digitalización del trabajo”, sostiene la socialista Anita Fetz.

EL MUNDO