Gumersindo Ruiz

DIARIO DE SEVILLA
Junto a las vicisitudes de la política, cuyas consecuencias inmediatas no son claras, algo tangible está afectando a centenares de miles de personas en España y en Andalucía, y es la volatilidad de las bolsas y de prácticamente cualquier forma de ahorro. No se trata del menor crecimiento de China, ni de los dilemas en la política española, ni de las indecisiones que caracterizan a Europa; es una situación de total incertidumbre, que preocupa a los pequeños y medianos ahorradores, ante la imposibilidad de planificar el futuro. Y no son sólo los ahorradores, sino los gestores de carteras, fondos, planes de pensiones, que desesperan estos días al enfrentarse a mercados que nunca han sido tan impredecibles, y donde no hay estrategia de inversión que se sostenga. En tres años los fondos de inversión en España han recogido casi 100.000 millones de euros de ahorradores, en general, modestos, que han debido retirarlos de depósitos bancarios ante la permanente caída de rentabilidad; no olvidemos que los bancos pagan por el dinero que depositan en el Banco Central Europeo un 0,3%, por lo que difícilmente pueden remunerar los depósitos de sus clientes. Sin contar la inversión directa en Bolsa, la inversión colectiva alcanza en España cerca de 300.000 millones, con más de diez millones y medio de partícipes. A esto habría que añadir 70.000 millones en planes de pensiones no de empresas. Estas cantidades son considerables, pese a las pérdidas por la caída de las bolsas, y en algún momento de la renta fija (cuyo precio se mueve inversamente al tipo de interés). Además, los ahorradores más conservadores se han encontrado sin la alternativa de los fondos garantizados, ya que no existe un interés con que garantizarlos, teniendo que asumir riesgos para los que no están preparados. Cuatro ideas podemos sacar de aquí. Una, que situaciones como la reducción del crecimiento de China y los defectos de funcionamiento de su bolsa de valores, no justifican en absoluto una volatilidad tan fuerte e indiscriminada de las bolsas de todo el mundo. Segundo, que la economía mundial está condicionada por la persistente política de tipos casi cero y fuertes compras de activos de los principales bancos centrales, lo que hace que las bolsas y la deuda estén infladas ya que los ahorradores no tienen alternativas para su dinero; esta situación es la causa principal de la volatilidad.
 Junto con otros temas de la agenda política internacional, el G20 debería tener un criterio sobre qué hacer con el ahorro a largo plazo. Tercero, en España no hay una preocupación sobre el ahorro en el debate político, y prácticamente no se menciona en los programas; los ahorradores no son especuladores, y en general se sienten reconfortados con una pequeña rentabilidad con cierta estabilidad a largo plazo. Cuarto, ideas al respecto no faltan, propiciando instrumentos que recojan el ahorro que vaya a financiar infraestructuras, vivienda en alquiler, y otras finalidades con visión de largo plazo; pero para ello hay que tomar conciencia de la situación en que sigue la economía financiera, y tener voluntad política de vincular el ahorro a la economía real.
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