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La agricultura aporta más del 8% del PIB andaluz y genera el 10% del empleo

Agricultura: dícese del «arte de cultivar la tierra», según la Real Academia. La labor ancestral que movió a las civilizaciones desde la prehistoria es en Andalucía un sector de presente y futuro. Los olivos atrajeron a los habitantes de antes de nuestra era hasta los campos de frutos verdes infinitos que cambiarían el devenir de la región, los vinos y el jamón se convirtieron en emblemas que atraviesan fronteras; y en el mar, el arte de pescar atunes no sólo sedujo a Joaquín Sorolla en una obra mítica. La tierra y el agua significan para la comunidad el punto de partida de miles de empleos que generan alimentos para el resto del mundo. Los datos lo avalan: el sector agroalimentario supone en torno al 8% del Producto Interior Bruto (PIB) andaluz y aporta aproximadamente el 10% del empleo, con más de 250.000 trabajadores. Estos datos incrementan si se suman todas las actividades asociadas, como los insumos, el transporte, la distribución… por lo que el peso sobre la economía regional llega al 13% del PIB.

Que los productos andaluces se degusten en el extranjero ha sido la clave también para sortear la crisis. EN 2014, Andalucía ha vuelto a ser la comunidad española que más productos agroalimentarios exporta, una posición que no conseguía desde 2009. La facturación por la venta al exterior de alimentos y bebidas alcanzó los 8.312 millones de euros, un 9,16% más que en 2013. El desafío está en incrementar y mejorar los datos y las artes. En este primer trimestre, creció. De enero a marzo de este 2015 ha aumentado un 6% el valor de las exportaciones.

Para la empresa de gazpachos y cremas de verduras ecológicas Cortijo del Gavilán, creada en 1997, las exportaciones suponen ahora el 60% de sus ingresos. «Siempre hemos trabajado para España, pero a partir de 2007 comenzamos a abrir mercado al exterior. El consumo de productos ecológicos es menor aquí que en países como Alemania, Francia, Reino Unido o Bélgica, a los que exportamos en Europa», detalla Antonio Martínez, gerente de la empresa. «Hay que estar preparados para lo que venga», apunta Martínez, que no pone los límites en Europa. Estos días ha enviado a Canadá varios palés de gazpacho, y acaba de terminar de firmar los acuerdos para empezar a hacerlo a Estados Unidos. «hemos observado una fuerte demanda de productos ecológicos y artesanos, y nosotros damos respuesta a esto», explica Martínez, que utiliza tomates de Motril y aceite de oliva de Jaén para fabricar sus productos.

El aceite de oliva, seña de identidad del sector, ha sido el producto más exportado tanto en el primer trimestre de este año, con ventas por valor de más de 513 millones de euros, como en 2014, que generó 2.050 millones de euros de facturación.

El presidente de la asociación empresarial de alimentos Landaluz, Álvaro Guillén, remarca que la crisis ha sido un detonante para salir al extranjero. «Ha generado un modelo de negocio orientado a la exportación», asegura. Según describe, la entidad trabaja en dos líneas para cubrir estas demandas: las promociones con cadenas de distribución en el extranjero y la aglutinación de productos para su distribución conjunta. «Esto ha funcionado muy bien porque reduce costes de la cadena y facilita la exportación a pequeñas y medianas empresas. Ya nos han llamado de otras comunidades autónomas para que compartamos nuestra experiencia», apunta Guillén.

La Consejería de Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural apuesta por establecer políticas que tiendan a la concentración de empresas, «porque con entidades de mayor tamaño que representen a más productores habrá más capacidad para negociar en los mercados y ser determinantes en el establecimiento de los precios, y, entre otras consecuencias, podrá mejorarse la rentabilidad». Miguel López, secretario general de la organización de agricultores y ganaderos COAG, señala que la agricultura es un sector con vocación exportadora. «Da mucho trabajo, y además, en este ámbito se apuesta por la modernización y la comercialización», señala López como líneas de futuro.

El aceite ha marcado el récord, pero al oro líquido le siguieron en exportaciones los tomates, los pimientos, las aceitunas de mesa y las fresas, que alcanzaron los 2.115 millones en 2014. Y han sido las fresas de Huelva las que han otorgado a una de las empresas andaluzas más innovadoras un crecimiento exponencial, la ginebra macerada con el fruto rosa llamada Puerto de Indias. En el primer año de vida de este producto, la empresa ha comenzado a vender a Reino Unido, Holanda y Portugal, y ya prepara una estrategia para abrir nuevos mercados en Europa y, con cautela, en Latinoamérica y Australia.

La ginebra comenzó a fabricarse en septiembre de 2013 en una destilería de 1880 de la localidad sevillana de Carmona y sólo en 2014 facturaron cinco millones de euros. En este tiempo el personal ha pasado de ser los dos dueños a cerca de 40 personas. «nos dicen que hacemos innovación dentro de la tradición, porque apostamos por la fabricación artesanal, que es la parte del éxito», comenta José Antonio Rodríguez, que compró en 2008 la destilería junto a su hermano Francisco para hacer aguardiente y licores. «Pero estas bebidas no tenían salida, y nos preguntamos: ¿Si hay uvas pasas en alcohol, por qué no probar otros productos? Y de ahí salió lo de la ginebra de fresa», dice Rodríguez, que asegura que el 90% de sus trabajadores son andaluces, el 95% mujeres y la mayoría de sus condimentos y recursos son de la comunidad. «Queremos que la riqueza se quede aquÍ», dice.

Hasta el momento, los índices señalan que Andalucía crece como potencia agroalimentaria. Según datos de Agricultura, la renta agraria andaluza creció el año pasado un 11,3%, con un valor de la producción que rozó los 11.000 millones, cuando en España se produjo un retroceso el 7%. López señala el valor del sector pero matiza que en algunos aspectos está en riesgo, entre otras consideraciones, por la distribución de los fondos que impone la normativa europea, reparto que critica Agricultura.

«La liberación y la ausencia de ordenación de los mercados, la competencia desleal en el ámbito laboral y las menores exigencias medioambientales de otros países, el incremento de precios en energía o la pérdida de fondos europeos y para el desarrollo rural son algunas de las amenazas que comprometen la calidad», enumera López, que señala el relevo generacional  la modernización como cuestiones clave para el sector. «En los últimos 30 años se ha trabajado insistentemente en ofrecer productos de calidad, con denominaciones de origen, que garanticen la seguridad alimentaria. Seguimos creyendo en eso», destaca.

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