Gumersindo Ruiz

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Las propuestas de los partidos políticos en el calor de la campaña electoral, han dado como resultado -sin pretenderlo- un acercamiento de posiciones en cuestiones económicas. Vamos a ver dónde están esas coincidencias, qué es lo que permanece en la ambigüedad y donde se aprecian diferencias importantes. En el terreno fiscal, la izquierda ya había sido capaz para equilibrar las cuentas autonómicas; ahora, en las elecciones, el Partido Socialista ha mostrado la voluntad de reducir la presión del impuesto sobre la renta y hacer menos gravoso el de sucesiones. En la práctica, el primero cae sobre las rentas del trabajo, y el segundo sobre quien no puede evitarlo mediante sucesión en forma de acciones o capital; en ambos casos, la clase media es la que soporta la mayor carga. También ha habido una cierta aproximación de los conservadores hacia políticas contra la pobreza, la exclusión y a favor de la igualdad de oportunidades en la infancia, frente al discurso de que el bienestar viene por sí solo, como consecuencia de cualquier tipo de crecimiento. Además, parece difícil discutir un sistema de salud y educación públicas, con un estándar alto, frente a experiencias privatizadoras que tienen que demostrar su eficacia y ahorro; no se trata de limitar aquí la iniciativa privada, sino de evitar la presión de intereses privados vinculados a fondos y concesiones públicas. En terreno ambiguo está la actitud hacia la empresa. Los partidos conservadores se han considerado siempre amigos de la empresa; sin embargo, en Andalucía hay una larga historia de colaboración entre las asociaciones de empresarios y el gobierno, que últimamente se ha extendido a grandes empresas españolas con acuerdos de colaboración en inversiones y en programas de becas. Para mostrar de verdad cuál es la actitud hacia la empresa, son importantes los procesos administrativos, donde los obstáculos no son sólo de la administración autónoma, sino de los ayuntamientos, y donde hay una contradicción entre la agilidad de los trámites, y el control para evitar abusos. Y en cuanto a las diferencias, aunque pueda parecer sorprendente, las he visto sobre todo en la manera de plantear la transformación de la producción en Andalucía. En las intervenciones de la presidenta he escuchado en varias ocasiones el propósito de dar un impulso al conocimiento, vinculado a la tecnología y a la actividad económica. Esta política no excluye a ningún sector económico, pero desde luego favorece a una nueva industrialización y una nueva agricultura, más allá de los tradicionales del turismo y la construcción. Aquí hay otra diferencia, por el apoyo que se quiere prestar a la rehabilitación, frente al abandono del sector en el discurso de los partidos. En la forma de producción, hay también discrepancias importantes entre izquierda y derecha sobre la protección al medioambiente, y sobre todo en lo que se refiere al uso del litoral y otros espacios públicos. La política económica no es un terreno de antagonismo, donde tengan que combatir las ideologías, sino donde se va a ver la inteligencia de los partidos, nuevos y viejos, para dar soluciones a los dilemas.
Gumersindo Ruiz
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