EL PAÍS

El nivel es equivalente a 4º de la ESO
¿Saber qué carencia alimentaria causa el escorbuto es una garantía de que alguien puede ser mejor maestro? O, con otro ejemplo, ¿puede una persona aspirar a dar clase de cualquier materia sin conocer los nombres de los principales autores de la Generación del 98? En la trastienda de ambas cuestiones figura un debate mil veces abierto y aún no resuelto en España: la formación de los formadores, cómo preparar a quienes deben enseñar a los hombres y mujeres del futuro. Casi todos comparten que hay que cambiar el modelo, y la mayoría de las miradas se fijan en Finlandia, uno de los países cuyo sistema educativo sobresale en las evaluaciones internacionales y donde ser maestro tiene el mismo prestigio que en España supone ser médico. Hace un año, Cataluña y la Comunidad de Madrid dieron un paso y anunciaron el endurecimiento de los requisitos para acceder al grado de Magisterio. Incluyeron medidas como permitir el acceso solo a quienes aprueben el examen de Lengua en Selectividad —en el caso de ambas comunidades— y quien obtenga más de un 9 de media (sobre un máximo de 14, el equivalente a un 6,4 sobre 10) para poder matricularse, como ha fijado Madrid. El Ministerio de Educación se comprometió a abordar un cambio de currículo de las carreras de enseñanza que estudian unos 98.000 alumnos para dar clase en Primaria y Secundaria, según datos oficiales. Se comprometió a hacerlo al concluir la tramitación de la última ley educativa (la LOMCE o ley Wert), que se aplica en las aulas desde septiembre sin que se haya abordado este otro aspecto.
La última novedad es el contenido del examen con el que Madrid quiere evaluar y seleccionar a sus futuros aspirantes a docentes de Primaria, una carrera que cursaban 10.000 estudiantes de la región el curso pasado. Una comisión —en la que figuran tres universidades públicas, siete privadas y otra a distancia que imparten Magisterio, junto con la consejería de Educación, que dirige Lucía Figar— se comprometió a analizar mejoras y a preparar pruebas específicas justo tras la Selectividad y mucho antes de las oposiciones para acceder a los centros públicos. Los 150 alumnos de primer curso del grado de Educación Primaria de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid) realizarán mañana una prueba piloto con 90 preguntas tipo test sobre Lengua y Literatura, Matemáticas y cultura general. Incluye 30 cuestiones por área con cuatro posibles respuestas en cada caso que deberán contestar en 90 minutos. El borrador con los modelos de preguntas, al que ha tenido acceso este periódico, incluye cuestiones de ortografía, geografía o ecuaciones. Llamada prueba de aptitud personal, tiene un nivel equivalente a 4º de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) en Matemáticas y cultura general y 2º de Bachillerato en el caso de Lengua, explica Amelia Calonge, decana de la Facultad de Educación de Alcalá de Henares. “Una comisión de expertos en cada materia ha elaborado el cuestionario, en el que hemos tenido en cuenta los itinerarios de los alumnos. Por eso, los niveles son distintos”, explica. Calonge admite que “no es la mejor herramienta posible” porque no pone el acento en las “competencias transversales”. Considera que para ser un buen maestro hay que incentivar la empatía, la facilidad de comunicación, la autonomía… “y eso ya se trabaja y se fomenta ya en las facultades de Educación”. “El contenido del examen es bastante elemental. Hasta la prueba de Selectividad es más dura”, tercia el catedrático de Pedagogía de la Universidad de Barcelona Francesc Imbernón. Este especialista comparte que resulta necesario un sistema de selección “como aplican ya un tercio de los países europeos”, pero duda de la forma en que lo ha planteado Madrid. “¿Podemos asegurar que la persona que pase ese examen será mejor maestro? Creo que no. Se deberían hacer otras en las que se vea cómo habla y cómo argumenta, no unas que le obliguen a repetir, memorizar y seleccionar; es una incoherencia entre lo que se pide y lo que se hace”, opina. Finlandia, por ejemplo, realiza una entrevista personal que Cataluña se plantea incluir entre sus pruebas. La Universidad Complutense de Madrid firmó el convenio a regañadientes. “Lo hicimos fundamentalmente porque se vincula a las plazas del practicum y corríamos el riesgo de que nuestros estudiantes se quedaran sin plazas de prácticas en la Comunidad”, explica Silvia Iglesias, vicerrectora de Grado de la Complutense. “Compartimos que se hagan pruebas, pero de este tipo”, señala la académica, que pide una reflexión más sosegada.
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