Editorial
EXPANSIÓN

La fragmentación del voto que vaticinaban las encuestas en las elecciones celebradas ayer deparó, sin embargo, un reparto parlamentario más desequilibrado de lo previsto. El aumento de la participación en algo más de cuatro puntos, hasta el 73,21% del censo, llevó a la pérdida de la hegemonía del bipartidismo (PP y PSOE bajan desde el 73,39% de los votos al 50,73%, logrando 123 diputados los populares y 90 los socialistas), a lo que se sumó una efervescencia dispar de las dos formaciones emergentes; mayor en el caso de Podemos –cuyas alianzas en varias autonomías le auparon al tercer lugar, logrando 69 diputados– que para Ciudadanos, cuyos resultados quedaron por debajo de sus expectativas, al sumar 40 diputados. Con ello, el juego de hipotéticas alianzas acabó por igualarse al máximo, ya que la unión de PP y Ciudadanos sumaría 163 diputados frente a los 159 que reunirían PSOE y Podemos. Un escenario altamente inestable, de difícil gobernabilidad y que dispara la incertidumbre sobre la composición del próximo Gobierno.

Responsabilidad necesaria. Pero la forja de un pacto no será sencilla. Corresponderá a Mariano Rajoy liderar las negociaciones, y sólo en caso de que éste no sea capaz de armar una mayoría podría el candidato socialista, Pedro Sánchez, aspirar a ello. En cualquier caso, las líneas rojas de un posible acuerdo deben quedar claras desde un principio para que sea factible la gobernabilidad. Ni cualquier alianza será positiva, ni todas las exigencias asumibles: el PSOE no debe aceptar la exigencia de un referéndum sobre la independencia de Cataluña que defienden tanto Podemos como ERC, primero porque la unidad de España no puede estar en juego con tal de alcanzar el poder y, segundo, porque ello supondría un suicidio para el partido que hasta ahora ha ostentado la representación mayoritaria del centroizquierda. Las primeras elecciones generales celebradas durante el reinado de Felipe VI aumentarán la importancia del papel arbitral del monarca como garantía de la estabilidad política si las negociaciones para crear una alianza parlamentaria sólida se alargan en exceso.

Impacto en los mercados. La inestabilidad que anticipa el resultado electoral tendrá sin duda impacto en los mercados y en la inversión empresarial. Cabe recordar que durante los últimos meses se han frenado algunos proyectos por el escenario de fragmentación que vaticinaban las encuestas. Pero la situación que dejan los comicios es aún más enrevesada, lo que desde luego no va a generar confianza en los inversores. Con toda probabilidad, la Bolsa acogerá hoy con caídas este escenario de incertidumbre sobre la gobernabilidad futura de España. De ahí la importancia de que los líderes políticos sean capaces de despejar cuanto antes las incógnitas que dejan las elecciones para minimizar su impacto sobre la acelerada recuperación de la economía española. En estas circunstancias, y aunque a primera vista pareciera impracticable, no estaría de más que la alternativa de una gran coalición entre PP y PSOE para garantizar la gobernabilidad estuviera sobre la mesa. Se trata de una fórmula excepcional, pero que ha rendido buenos resultados en países como Alemania.

‘Sorpasso en Cataluña’ El vuelco que se ha producido en Cataluña es significativo. La irresponsable deriva independentista de Artur Mas ha provocado el hundimiento de su partido, que pierde la mitad de los escaños y cae del primer al cuarto puesto. Le releva Podemos, cuya alianza con el partido de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, le convierte en la formación más votada; mientras que el extremismo de ERC también le da réditos, pues triplica su anterior número de diputados. Sorprende que Ciudadanos, que en las pasadas elecciones autonómicas de septiembre se situó en segundo lugar, caiga hasta el quinto, muy parejo con el PP (sexto), que como el PSOE se deja casi la mitad de sus representantes, aunque los socialistas resisten mejor.