José Moya Sanabria
DIARIO DE SEVILLA

Nos presentó José Joly en un acto en Antares hace unos diez años. Enseguida congeniamos. Era un hombre locuaz, amante de la conversación con los amigos. A Consuelo le gustaba mucho venir a Sevilla los fines de semana. Y mientras ella tenía alguna actividad lúdica, José Manuel aprovechaba para montar reuniones en las que primero hablábamos de proyectos empresariales y después se establecía una larga tertulia. En esos momentos se ponía en evidencia su dualidad de catalán y andaluz. A las inversiones locales que estudiábamos les pedía una doble rentabilidad, por un lado la económica y por otro la social. En el beneficio tenía que estar incluido un servicio a la sociedad. Y en las tertulias hablaba mucho, pero sabía escuchar. Tenía un humor muy fino, casi británico.

Era muy curioso. Y eso le permitía estar muy bien informado. Preguntaba por todo y por todos. Se interesó por Susana Díaz mucho antes de que la descubrieran en Madrid, cuando Griñán era todavía presidente. Me sonsacaba mi opinión. Y cuando ella tomó posesión, él fue la primera persona ajena a la política con la que almorzó. Ahí estuvo socarrón y tuvo buena réplica. Me contó que le dejó caer que esperaba que Antena 3 la tratara bien, y ella, con mucho desparpajo, le contestó que no se preocupase, que conque la tratase bien La Sexta ya tenía ella bastante. En ese tono, le comentó que decían que ella era una killer, pero no se le veían heridas de guerra en la cara. Más allá de la broma, él era muy responsable de su poder e influencia, creía que debía estar al servicio del Estado y tenía verdadero interés por que Andalucía tuviese una buena imagen en España.

Tuvo, lógicamente, mucho trato con políticos. A Felipe González le tenía gran admiración, pero a Zapatero no lo cotizaba. A Mas tampoco mucho, por cierto. Era muy exigente con Rajoy; decía que debía dar mucho más de sí. Lo consideraba muy mediatizado por la parte más dura y derechista de su partido. Pensaba que el PP era un partido demasiado ancho y a veces era difícil identificarlo. José Manuel Lara era un liberal que tenía medios de comunicación y entendía que debían dar servicio a todos los públicos. Pero era un heterodoxo al que sería muy difícil definir ideológicamente por alguno de sus medios. En las bodas de sus hijos he visto como invitados a políticos de todas las ideologías.

Como empresario fue muy emprendedor, engrandeció la hegemonía de Planeta. A esto le doy mucha importancia: por muy grande que sea un legado empresarial, creo que todos estamos obligados a aumentarlo. Y él recibió una gran empresa de su padre, pero la multiplicó por diez. También estuvo muy interesado en organizar a los empresarios y a la sociedad civil. Fue presidente del Instituto de la Empresa Familiar y uno de los fundadores del Consejo Empresarial de la Competitividad, que surgió durante la crisis para levantar el ánimo de los empresarios en un momento de crisis absoluta de liderazgo por parte de una desprestigiada CEOE.

Entonces, a las quince grandes empresas que formaron el Consejo se sumó el Instituto. Y como director propuso a Fernando Casado, prestigioso catedrático de Economía que había dirigido el Instituto muchos años. Fue también presidente del Círculo de Economía de Barcelona y me animó a fundar en Andalucía algo similar, que ha sido el Centro de Debate y Desarrollo. Me presentó a Antón Costas y propició la colaboración del Círculo catalán con el CDD andaluz.

 He aprendido mucho con él. Cuando repaso ahora los nombres de sus iniciativas, los proyectos que puso en marcha o estimuló su creación, llego a la conclusión de que nos ha dejado una extensa y valiosa herencia. Lo ha hecho en el campo de la cultura, el mundo editorial, el cine, los medios de comunicación, la empresa, la sociedad civil. Siempre se atribuye esto sólo a los políticos, pero la suya ha sido la obra de un poderoso hombre de Estado. Sin la menor duda.