Pilar Macías

EL MUNDO

Una jornada de estudio reúne en la Pablo de Olavide a expertos sobre gestión pública y privada

Transparencia, controles internos y apuesta por valores éticos son los ingredientes de la receta contra la corrupción. Es una de las conclusiones presentadas ayer en la jornada ‘Terapia contra la corrupción’, celebrada en la Universidad Pablo de Olavide.

Organizada por dos asociaciones andaluzas, el Centro de Debate y Desarrollo y la Fundación Astigi, y dos catalanas, el Grup Set y el Círculo de Economía de Barcelona, la apertura corrió a cargo del rector de la UPO, Vicente Guzmán, la presidenta del Grup Set, Nuria Basi, y el presidente del Centro de Debate, José Moya.

“El esfuerzo, el mérito y la honradez son principios por los que hay que apostar para recuperar la confianza y procurar la regeneración democrática”, aseguró Moya. A esto, se sumó Basi, que reclamó la necesidad de “Priorizar un cambio de reglas y de herramientas para vislumbrar un futuro mejor”. Por su parte, Guzmán señaló que “la clave para poner la primera barrera contra la corrupción es la educación, trabajando principios como la honestidad y la ética”.

La primera mesa abordó el tema ‘Sociedad civil: Valores’ y fue moderada por el escritor Eduardo Jordá, a quien acompañaron Isabel Lucena Cid, profesora de Filosofía del Derecho y Política de la UPO, y Elena Costas, investigadora en el Departamento de Economía de la Universitat Autònoma de Barcelona. Durante este debate se planteó la dicotomía entre la corrupción de arriba, la política, de las élites, y la de abajo, la administrativa y que acordaron en tildar de “pequeñas corruptelas que consentimos todos”. “Una y otra no se pueden comparar. Si hay mucha corrupción política, escándalo, el ciudadano pierde la confianza en el sistema y también en nuestro iguales, creando una gran desafección porque vemos la impunidad de la clase política”, abundó Costas.

“no justifico esas pequeñas corruptelas o infracciones administrativas, pero en la ciudadanía existe un gran cinismo que considera a todos los políticos iguales, que anteponen sus intereses particulares al bien general”, lamentó Lucena.

Los intervinientes plantearon medidas para frenar este fenómeno. La protección de los denunciantes, la responsabilidad patrimonial de los partidos cuando alguno de sus miembros sea condenado, una nueva ley de partidos que defina mejor su financiación o eliminar los aforamientos.

La segunda mesa, titulada ‘Mundo económico: ético’ planteó los deberes de las empresas en este ámbito. Ignacio Osborne, consejero delegado de Osborne, consideró que “el único medio para evitar la corrupción es un gobierno corporativo organizado, con un código ético que se cumpla, siendo conscientes de que a largo plazo esta forma de actuar será rentable”.

Por su parte, Lola Sanjuán, socia directora de CKL Comunicaciones Coop, insistió en el papel de las empresas como actores de la sociedad y apostó por “distribuir la riqueza a través del empleo digno” y reclamó un mayor protagonismo de las mujeres y los jóvenes en el mundo empresarial.

Por último, en la tercera mesa, ‘Mundo político: Honestidad’, Adela Cortina, catedrática de Ética de la Universidad de Valencia, aseveró que “la corrupción depende de tramas, no sólo de personas. Por eso, las organizaciones deben ser éticas, para que los que no sean corruptos no tenga que ser los héroes”. Juan Torres, catedrático de Economía de la Hispalense, señaló la necesidad de disminuir la desigualdad y la concentración de poder, fortalecer el marco institucional y reforzar la educación en valores. Antón Costas, catedrático de Economía y presidente del Círculo de Economía de Barcelona, cerró las jornadas recordando que para disminuir los niveles de corrupción hay que fomentar la transparencia, proponer mayores controles en instituciones y empresas y promover valores mediante una sociedad más exigente en su sentido ético.