Hay más que temores «fundados» de que la acumulación de dinero en efectivo ya se está produciendo. Y, ojito, que está «comprobado» ya que en Suiza, dicen, es así. Desde 2014

En una semana en la que el blanqueo de dinero se ha convertido en el dueño y señor de los principales titulares de la prensa española -los «papeles de Panama», la detención de Mario Conde por repatriar el dinero perdido (bueno, a ver, más bien «supuestamente robado») de Banesto, el acuerdo del G-5 (España, Francia, Alemania, Reino Unido e Italia) para impulsar un sistema automático de intercambio de información internacional para que pueda conocerse la identidad de los propietarios reales de las sociedades opacas, o la proclama del G-20, que, además de aceptar la propuesta del «grupo» anterior, anunció que elaborará una lista negra de paraísos fiscales-, me aconsejan leer un documento titulado «Perspectiva ampliada: Los efectos positivos de las tasas de interés nominales negativas», publicado precisamente estos días, el 12 de abril, por tres miembros del Fondo Monetario Internacional (FMI): José Viñals, Simon Gray y Kelly Eckhold.

Muy interesante, francamente. Con mucho «fondo», si bien lo que más me llama la atención es la situación futura (casi inmediata) de la que alerta. Hablan los tres prestigiosos expertos financieros del FMI -al final, un organismo donde están representados los principales gobiernos de los países desarrollados del mundo- sobre las veleidades de una situación de tipos de interés negativos. Pero, también, de los riesgos de mantenerla en el tiempo más de lo debido.

Dicen en el documento que «el objeto de las tasas negativas es incentivar al sector privado a gastar más y apoyar la estabilidad de precios mediante una mayor distensión de las condiciones monetarias y financieras. En el caso de las economías abiertas más pequeñas, las tasas negativas también pueden ayudar a desalentar las entradas de capital y a atenuar las presiones de apreciación de los tipos de cambio». Entonces, ¿tiene límites el uso de las tasas de interés de política monetaria negativas? Ellos también lo explican: «El uso de las tasas de interés de política monetaria negativas puede tener sus límites, en cuanto a la medida en que los bancos centrales pueden fijar tasas en niveles negativos y en cuanto al tiempo en que esas tasas pueden permanecer en terreno negativo. Tanto los particulares como las empresas podrían empezar a recurrir mucho más al efectivo como reserva de valor, e incluso como medio de pago, si se prevé que las tasas permanecerán en niveles muy negativos por largo tiempo. De hecho, los bancos podrían hacer lo mismo: en lugar de mantener saldos de operación en el banco central para cubrir transacciones interbancarias, podrían mantener efectivo en bóveda para liquidar las operaciones entre ellos».

Traducción: hay más que temores «fundados» de que la acumulación de dinero en efectivo ya se está produciendo. Y, ojito, que está «comprobado» ya que en Suiza, dicen, es así. Desde 2014. Lo advierten los expertos del FMI. Vamos, los gobiernos. De hecho, Suiza (donde, por cierto, Conde tenía parte del dinero «supuestamente» robado, y desde donde ha ido repatriándolo, sobre todo, desde 2008, cuando salió de prisión) es uno de los escasos países que tienen en circulación billetes bancarios de un valor muy elevado (de mil francos suizos). En comparación, por ejemplo, los de mayor valor en el Reino Unido y Estados Unidos, por ejemplo, son los de 50 libras esterlinas (unos 72 francos) y 100 dólares (alrededor de 93 francos), respectivamente. Y es que las reservas en papel moneda son un auténtico valor refugio en los tiempos de crisis que corren, por tanto, consideradas un bien preciado, como los lingotes de oro o las piedras preciosas. Valores que se pueden cobrar rápidamente.

En definitiva, para el FMI (recuerden, gobiernos) el gran número de billetes de más valor es un indicio de que se utilizan no solo como un medio de pago, sino también como valor reserva. Y ¿ahorro? Cero. En otras palabras, la gente opta por el papel moneda para conservar dinero en las cajas fuertes o debajo del colchón-, o, incluso… en ¡paraísos fiscales!, especialmente en tiempos de incertidumbre. Ahora bien, no necesariamente con fines criminales o delictivos. Aunque visto lo visto…

María Jesús Pérez

ABC