EL MUNDO

Thomas Piketty (Clichy, 1971) llegó cansado a Madrid tras la conmoción del asesinato en la redacción de Charlie Hebdo, pero cumplió con el amplio programa marcado en Madrid para promover su libro El Capital en el siglo XXI. Este profesor francés se ha convertido en el economista de referencia de la izquierda europea, aunque se desmarca de los sindicatos que se resisten a «modernizar el Estado del Bienestar» y a implantar un contrato laboral único. Concedió su entrevista a EL MUNDO en la librería Juan Rulfo.

¿Qué opina de la actual situación económica española y de la Eurozona?
No estoy aquí para dar lecciones a España de lo que debe hacer, pero mi opinión sobre la coyuntura en Europa, y particularmente en España, es que se ha hecho una mala política y que existe un riesgo de que siga el estancamiento, un crecimiento débil e inflación nula o negativa. Mientras no se reconstruya la confianza en la Eurozona, podemos seguir en este territorio. Alemania y Francia tienen gran responsabilidad en lo ocurrido, pero también el Gobierno español e italiano, con una elección de demasiada austeridad y reducción del déficit demasiado rápida.
En España y algunos otros países de la Eurozona se habla ya de recuperación…
En España el crecimiento es un poco mejor que en Francia, pero partía de muy abajo con una recesión terrible. Su actividad sigue por debajo del nivel de 2007, por eso no entiendo que se pueda uno sentir satisfecho. Es un error afirmar que lo más duro de la crisis ha pasado ya, que hemos salido de la crisis. La de la Eurozona es una crisis muy profunda que viene del hecho de una moneda única con 18 deudas públicas, tipos de interés y sistemas fiscales diferentes, que no funciona, que no inspira confianza. Mientras los gobiernos europeos no lo cambien, la crisis rebrotará no sé todavía en qué país, si en Grecia, España, Francia… porque la falta de confianza continúa. Lo más importante ahora es reconocer los errores cometidos y cambiar el tratado presupuestario, que no ha funcionado.
¿En qué situación se encuentra España en el gran tema de su libro, la desigualdad?
España es un caso extremo en Europa en cuanto al gran aumento del valor de los patrimonios privados por la burbuja inmobiliaria. Pero, en conjunto, el principal problema de desigualdad en España es el paro. Fuera de eso, en cuanto a desigualdad, España es bastante representativo de Europa, porque ha aumentado menos que en Estados Unidos. En Europa y en España, los retos son diferentes que en EEUU, incluido modernizar el Estado del Bienestar.
Modernizar suele ser un eufemismo para no decir recortar un Estado del Bienestar financieramente insostenible…
No hay que tener una actitud defensiva. Modernizar el sistema de pensiones no es recortarlo, sino evitar que siga aumentando aún más. En Francia es demasiado caro y no da confianza, porque los jóvenes creen que no tendrán pensión de jubilación. Modernizar los estados del bienestar no es desmantelarlos, es que sean más eficaces. Los políticos de izquierda rechazan toda reforma y eso no es una buena estrategia.
Por ejemplo, en España el partido Podemos propone ampliar el Estado de Bienestar y adelantar la edad de jubilación, ¿se puede financiar?
Tiene usted razón al preguntárselo. No conozco a fondo las propuestas de Podemos pero, en este momento, lo importante a corto plazo es salir de la austeridad e invertir para el crecimiento, después será más fácil hablar del sistema de pensiones y otros temas. De momento, gastamos mucho más en España o Italia en pagar intereses de la deuda que en educación, que es crucial. Para el problema de la deuda de España, Francia y otros, hay que crear un fondo común en la Eurozona para que todos tengan el mismo tipo de interés bajo. Seguiría habiendo cuentas separadas y nadie asumiría las deudas de otros, pero compartirían un tipo de interés común. El BCE sería así más eficaz.
¿Puede un país del euro decir unilateralmente que no va a pagar toda la deuda?
Unilateralmente no, pero sí es realista presentar propuestas. Si España propusiera una nueva arquitectura, una refundación del euro, podría convencer a Francia e Italia y, más tarde, a Alemania. Deberíamos tener un Parlamento de la Eurozona en el que cada país tuviera representación en función de su población, que se ponga de acuerdo sobre el ritmo de ajuste y la estrategia de crecimiento. Si tuviéramos esa forma de decidir, habríamos tenido menos austeridad, más crecimiento y menos paro. En España y Francia se contentan con culpar a Alemania sin hacer propuestas, es desesperante. Alemania no es perfecta, pero todos somos responsables. Me gustaría que Podemos presentara propuestas positivas de refundación del euro.
A muchos inversores les preocupa el auge de Podemos o Syriza en Grecia…
Hay que ayudar a estos movimientos que se sitúan a la izquierda de la izquierda, aunque pueden parecer que no están listos para asumir responsabilidades. Vengo de un país en el que la innovación política se hace a la derecha de la derecha y con ellos no hay esperanza, porque son nacionalistas y no quieren Europa. En cambio, en los partidos a la izquierda hay en principio compromiso con valores europeístas. En vez de rechazar por ejemplo a Podemos y acusarlos de irresponsables e irrecuperables hay que intentar atraerlos a la buena dirección, a reformular propuestas que sean positivas para el euro con las que intentar salir de la austeridad de forma colectiva.
¿Cómo resolver el paro?
Hay que tomar medidas estructurales en la Eurozona en general. No soy hostil a nuevas reformas laborales. En Francia, por ejemplo las empresas contratan sólo temporales, y eso es malo. Sería bueno un nuevo contrato indefinido que sería único. Un sistema muy protector afecta a muy pocos trabajadores y condena a los jóvenes a esperar a una edad avanzada para beneficiarse.
Un contrato único es abaratar el despido…
Hay que buscar un equilibrio sin llegar a contratos basura contraproducentes.
¿Se pueden subir salarios sin haber recuperado competitividad?
En Alemania, sin duda, y en otros países, algo sí se pueden subir. Lo que no se puede es seguir con inflación negativa y salarios a la baja.
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