Tatiana Márquez
EL MUNDO
La inversión en I+D es primordial en el desarrollo económico, pero las entidades públicas y privadas no terminan de implicarse

Las universidades, desde su origen, juegan -o al menos en la teoría- un papel fundamental en la transferencia de conocimiento (TC) entre los expertos y sus aprendices, que en un futuro no muy lejano deberían ser capaces de desarrollar sus propias ideas en base a esas teorías aprendidas.

Hoy en día, esas expectativas parecen un poco utópicas. La parte práctica: el saber hacer, el saber crear, queda supeditado al dinero que una entidad -bien pública o privada- preste a unos pocos afortunados. De hecho, muchos proyectos nuevos que podrían ser estratégicos para el crecimiento de una empresa quedan tirados en la cuneta porque no hay capital suficiente para hacerlos realidad.

Tan sólo se han creado unas 40 spin-offs (iniciativas empresariales promovidas por miembros de la comunidad universitaria) entre 2012 y 2013, cifra similar a la de los últimos años, según el último informe de la red de Oficinas de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI).

En un entorno global tan competitivo como el actual, se hace necesario acercar el conocimiento que se genera en las universidades y entidades de inverigación al tejido productivo y la práctica empresarial. Y en España, la gestión de la I+TC universitaria se organiza principalmente a través de acuerdos entre la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) -como representantes de los distintos centros-, las Unidades de Gestión de la Investigación (UGI) y la red OTRI. Sus funciones no siempre se reparten igual en las diferentes universidades, pero son las encargadas de establecer los primeros lazos entre las cátedras y las empresas.

La inversión en investigación y desarrollo (I+D) es un indicador que guarda gran relación con el grado de crecimiento de un país y el futuro de su economía. Sin I+D un país se queda estancado, a la deriva, por detrás de los que sí invierten en avanzar.

Los directores de algunos centros de excelencia Severo Ochoa del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ya alarmaron el pasado octubre de la grave situación que vive este Organismo Público de Investigación (OPI) en lo referente a la gestión.

Otro aspecto ciertamente preocupante es el dato de los recursos dedicados a la formación de personal, en particular de doctorados, que aporta la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE). Desde 2010, España ha perdido 11.000 investigadores.

A nivel estatal, en 2013 se invirtieron más de 13.000 millones de euros en actividades de I+D+i, un 3% menos que en el año anterior, lo que supuso una caída acumulada del 11% desde 2008. Esos proyectos de investigación industrial o de desarrollo experimental, que se pueden ejecutar en su totalidad en la empresa o en colaboración entre la firma y otra entidad, pública o privada -incluyendo universidades y centros de investigación-, participan de forma diferente. El 53% de la inversión española en I+D+i es realizada por las empresas privadas, seguido de las instituciones de enseñanza superior (28%) y la Administración Pública (19%), según el informe La inversión en I+D+i en España elaborado por EAE Business School  (Escuela de Administración de Empresas).

Inversión

Una de esas empresas privadas que invierte en I+D a la vez que apuesta por fomentar el conocimiento de las universidades es Repsol, que según fuentes de la propia compañía cuenta con más de 10 acuerdos de colaboración con universidades públicas y privadas de todo el mundo. «El trabajo en red colaborativo es fundamental para acelerar la consecución de los retos que nos planteemos», afirma su portavoz, Marcos Fraga.

La compañía cuenta con su propio departamento de investigación, el Centro de Tecnología Repsol, «con más de 400 científicos e investigadores -la mayoría de licenciaturas superiores y doctorados-, de más de 15 nacionalidades distintas y de todas las edades», explica. Concretamente, Repsol destina en torno a 90 millones de euros a la inversión en I+D para diferenciar su marca.

A la cola de la Unión Europea

Independientemente de la procedencia inversora -entidad pública o privada-, por tercer año consecutivo España disminuye su inversión en I+D hasta el 1,24% del PIB. Según los datos de la OCDE, nuestro país no consigue tener un buen puesto en el ranking europeo, pasando en los últimos 10 años de la decimoquinta posición a la decimoséptima de los 28 Estados de la Unión Europea. Frente a ese 1,34% de inversión española, la media de la UE se sitúa en 2,01%, y quedamos muy por detrás de los países que lideran la lista: Suecia, Finlandia y Dinamarca (más del 3%), Alemania (2,94%) o Austria (2,81%). Incluso desde 2004, Portugal, que también ha sifrido las consecuencias de la crisis económica, está por delante, con una inversión en I+D del 1,36%. Corea del Sur y Japón, los líderes mundiales en este ámbito, cerraron 2011 -último año del que se tienen datos- en el 4,04% y en el 3,38%, respectivamente. En 2012, EEUU invirtió el 2,81% de su PIB en esta partida, y China el 1,98%. Con el objetivo de establecer un modelo equiparable con los países punteros en ciencia de la UE, dinamizar la I+D+i en España y mejorar la eficacia de los servicios prestados por la Administración General del Estado en la materia, el Consejo de Ministros ha aprobado la creación de la Agencia Estatal de Investigación para 2016.