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Luciano Alonso asume las competencias de Turismo tras el cese de los tres consejeros de Izquierda Unida

«Es como si en una pareja de novios o de recién casados alguien le dijera al otro, dentro de seis meses vamos a analizar nuestro posible divorcio». Susana Díaz utilizó este símil para explicar las razones de su ruptura con Izquierda Unida y el adelanto de las elecciones andaluzas al 22 de marzo que ayer hizo oficial. Díaz se refiere al referéndum que IU anunció con celebrar entre sus bases en junio, después de las municipales, sobre la conveniencia o no de seguir en el pacto. La dirigente socialista insistió en este hecho como el detonante que le hizo reflexionar con dar «la voz a los andaluces» sobre «quién tiene que gobernar y cómo» antes de que lo decidiera IU. «No estaba dispuesta a gobernar bajo la amenaza de un partido», sentenció.

Pese a las matizaciones de Antonio Maíllo de que el referéndum estaba condicionado a cinco leyes ya apalabradas con los socialistas y a que IU demostró lealtad al votar el Presupuesto para 2015 dos días después de anunciar el plebiscito, Susana Díaz rehusó entrar a considerar si se trataba de un gesto de autoridad interna del coordinador regional de IU para calmar divisiones en su partido. Opina que en realidad aquel órdago a los socialistas obedece a un «giro radical» de Izquierda Unida desde la aparición de Podemos en la escena política.

Díaz sitúa el cambio de actitud de los socios en otoño, cuando irrumpe con fuerza el malagueño Alberto Garzón, en quien ella observa gran influencia en la dirección andaluza de IU y a quien atribuye una estrategia de acercamiento a Podemos a costa de sacrificar la paz en la Junta, donde gobierna su formación con el PSOE, diana declarada de la organización de Pablo Iglesias, como se le oyó a este en el mitin de Sevilla. «Para algunos el pacto de Andalucía se había convertido en un obstáculo. Desconozco si se debe a motivos de convergencia con otras fuerzas políticas», enfatizó.

En su comparecencia intentó no parecer contradictoria, aunque no siempre lo consiguió. Defendió el acuerdo de gobierno alcanzado en abril de 2012 que ella misma negoció con José Luis Centella (PCE) cuando era número dos del PSOE andaluz. Rechazó que la ruptura significara reconocer como un «fracaso» aquel laboratorio de izquierdas que se quería exportar a Europa desde Andalucía para demostrar que otra política sin austeridad y sin recortes era posible para vencer la crisis.

Orgullosa de los consejeros

Un pacto de dos años y ocho meses que según ella ha tenido grandes aciertos. Mencionó las políticas de empleo, pero no la punta de lanza que significó el decreto y luego ley de IU contra los desahucios, recurridos por Rajoy. Dijo, sin embargo, sentirse «orgullosa» de todos sus consejeros, incluidos los de IU, y tuvo palabras de cariño para Diego Valderas, «mi vicepresidente».

Pero por otro lado insistió una y otra vez en culpar a IU de una situación de desconfianza e inestabilidad. «Hace meses que nuestro gobierno carece de solidez y estabilidad»; «Hubiera agotado la legislatura, los cuatro años, si no se hubiera puesto en precario mi gobierno», repitió.

Díaz no salió de este relato, el de responsabilizar a Izquierda Unida. Todas las veces que se le preguntó sobre si el adelanto esconde su deseo de dar el salto a la política nacional tras ganar en Andalucía, ella zanjó con la frase ya repetida estos días: «Mi pasión es Andalucía; el único tren que voy a coger es Andalucía, ya lo he dicho».

Pero si hace casi tres años el objetivo era frenar al PP, que ganó las elecciones en Andalucía (50 diputados) y pretendía invadir de gaviotas todo el territorio español, hoy Podemos amenaza con desmoronar al PSOE atrapando su electorado. Las encuestas vaticinan su entrada en el Parlamento andaluz como tercera fuerza mientras que a nivel nacional le dan ya como partido ganador. IU también puede ser devorada por la fuerza emergente, según las encuestas.

Gobernar en solitario

Ante este panorama y preguntada si no temía un mapa electoral que dificultara más que hoy un pacto de gobierno, Díaz afirmó que aspira a ganar con suficiente mayoría para gobernar en solitario, en una clara apuesta de confianza en la mayoría absoluta. «De momento tengo el cariño de la calle y espero que se traduzca en votos porque la gente sabe muy bien lo que quiere, y a la gente nunca hay que temerla», manifestó.

Por ahora tendrá la ocasión de gobernar en solitario por unos meses hasta que se constituya el nuevo gobierno en abril o mayo. La presidenta certificó la defunción del acuerdo de coalición con el cese de los consejeros de IU (Diego Valderas, Rafael Rodríguez y Elena Cortés). En otro decreto inmediato nombró vicepresidente al consejero de Presidencia, Manuel Jiménez Barrios, quien además asume las competencias de Administración Local y Relaciones Institucionales en sustitución de Diego Valderas; El titular de Educación y Cultura, Luciano Alonso, llevará las de Turismo y Comercio hasta ayer en manos de Rafael Rodríguez; mientras que la titular de Medio Ambiente, María Jesús Serrano, asumirá las de Fomento y Vivienda que ha gestionado Elena Cortés.

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