Gumersindo Ruiz
HUELVA INFORMACIÓN

Lo que Xavier Vidal-Folch ha identificado en sus artículos como «viento de cola» está empujando a nuestra economía; es un viento que viene de fuera y sopla desde hace meses en una misma dirección. Se compone de tipos de interés cero o negativos, facilidades al endeudamiento público y privado, reducción de la carga a los deudores, y más renta disponible para consumo. Y también, con la depreciación del euro, más facilidades al turismo, a la compra de viviendas por extranjeros, a las exportaciones. Para los mercados de capitales supone un empuje, al no haber otras posibilidades de inversión y de ahorro. Si le añadimos que el coste de la energía y materias primas se reduce, difícilmente podríamos haber encontrado un entorno mejor para la recuperación de la economía española y andaluza.

Aquí entra, de manera principal la inversión, para la que todo lo que acabamos de enumerar resulta muy estimulante. Sin embargo, es crucial distinguir entre la inversión que mediante compras infla el valor de los activos (acciones, títulos de deuda, viviendas), y la creación de nuevo capital. La inversión que necesitamos es en la economía real, la que viene a aumentar la capacidad de producción de la economía y el potencial de actividad y empleo. La formación bruta de capital fijo en España es alrededor del 18% del producto total, algo inferior a la media del área del Euro, pero con la diferencia de que a equipo de capital corresponde menos de un 6% de ese 18%, lo que indica el elevado peso que ha tenido la construcción. Las proyecciones de crecimiento de los bienes de equipo para España son buenas, cerca del 8% para este año y el próximo, con lo que se repara la destrucción de equipamiento de capital de los últimos años, pues sólo en 2012 bajó un 9%. En Andalucía, que por el hundimiento de la construcción cayó la formación de capital un 20% ya en 2009, las proyecciones son menores, en el entorno del 3% y 4%. Estamos en una economía donde la construcción ha sido el imán que ha atraído la formación de capital, y hay menos alternativas que en el conjunto de España.

El capital productivo no hay que verlo sólo como nuevas empresas que llegan de fuera, pues también es ampliación de empresas existentes, e inversiones en las mismas. Aunque pueda parecer una ingenuidad, echo en falta que se esté discutiendo sobre estas cuestiones en Andalucía, no en la Universidad, o en los ámbitos empresariales, o los medios de comunicación, sino en el propio Parlamento Andaluz. Y no en comisiones especializadas, sino dando la mayor difusión pública a este debate, del que tendría que salir un plan para capitalizar Andalucía. Es obvio que, como todo lo que es sustancial hoy en economía, las políticas van a depender del gobierno central y de la Unión Europea, pero desde aquí habría que dejar claro que los estímulos a la economía van a tener un efecto limitado si no hay gasto de capital. La productividad, los salarios, excedentes empresariales sostenibles, empleo y, en resumen, nuestro futuro, depende de que la política sea capaz de dedicar algo del tiempo que se emplea en otras discusiones, a lo que todos reconocen que son nuestros problemas reales.

Gumersindo Ruiz
HUELVA INFORMACIÓN