Editorial
DIARIO DE SEVILLA

Símbolos que han de unir a todos COMO suele suceder en este país cada vez que aparece en escena un símbolo nacional, el pasado 12 de octubre la polémica giró en torno a la Fiesta Nacional. En esta ocasión fueron los dirigentes de Podemos, con los alcaldes de Cádiz y Barcelona, José María González y Ada Colau, a la cabeza, quienes dejaron patente, en un claro ejercicio de oportunismo político, que el Día de la Hispanidad no tienen nada que celebrar porque la conquista española fue un «genocidio», «una masacre en nombre de Dios».

El Gobierno calificó las palabras de ambos como una falta de respeto «a millones de españoles» y una «barbaridad» por cuestionar la cohesión nacional en un día tan señalado. Y desde Podemos insistieron ayer al proponer el día en que se conmemora la Constitución de 1812, el 19 de marzo, como nuevo día de la Fiesta Nacional. Una vez más se pudieron comprobar dos hechos objetivos que se repiten de una forma cansina.

En primer lugar, que los símbolos nacionales, ya sea la bandera, el himno o el propio 12 de octubre, al contrario de lo que ocurre en el resto del mundo, sirven de perfecta excusa para discusiones absurdas que no conducen a ningún sitio. Antes de realizar su pintoresca declaración, el alcalde de Cádiz, como la alcaldesa de Barcelona, debería haber pensado que representa a todos los gaditanos, a los que debe respeto. De todo se puede debatir, pero no cabe duda de que una amplia mayoría ha aceptado el 12 de octubre como la Fiesta Nacional. Por todo ello, Podemos se equivocó al atacar la celebración de la fiesta justo el lunes y al no asistir a los actos oficiales.

Justamente porque dirige un partido que aspira a gobernar, Pablo Iglesias tiene el deber institucional de acudir a este tipo de encuentros. En caso contrario, seguirá preguntándose por qué hace unos meses los militantes de Podemos aspiraban a convertirse en los herederos del PSOE y hoy están más cerca de ser los herederos de IU. El segundo hecho relevante que se constató el pasado lunes con esta polémica en la que se recrearon todas las fuerzas políticas es que el debate de nuestros dirigentes se queda en lo superficial y no en lo realmente importante. Cádiz está en una situación en la que su alcalde no debería de permitirse comportamientos frívolos como el que trascendió el pasado lunes. La imagen de la ciudad en el resto de España es importante y no puede estar al albur de las ocurrencias del último tuit de su primer representante municipal. José María González y su partido han distado mucho de estar en esta ocasión a la altura de las circunstancias.