El autor realiza una serie de propuestas para conseguir que el déficit aumente a la vez que se crea empleo de forma intensiva

En estos últimos cinco años vamos a conseguir algo que puede considerarse un récord mundial en los sistemas de protección social: que el déficit aumente a la vez que se crea empleo de forma intensiva. Con la reducida autoridad de quien dirigía un equipo de personas que estuvo frenando el déficit cuatro años de pérdidas dramáticas de empleo, creo que puedo hacer algunas propuestas que pueden conseguir un cierto grado de equilibrio. Sobre todo para frenar la irresistible ascensión de todos los que están proponiendo la demolición del sistema, con el alegato tan contundente de “ya lo sabíamos nosotros…” que llevan utilizando muchísimos años. Ahí van mis recomendaciones.

1. El problema no es ideológico. La Seguridad Social fue bien con González, con Aznar y con Rodríguez Zapatero y ahora va peor con Rajoy. El problema es de una mínima competencia en la gestión.

2. Está bien que se propongan vías de financiación del sistema que no carguen únicamente sobre el empleo, aunque sólo sea porque el peso del trabajo cada vez es menor dentro del PIB y el gasto en pensiones mayor. Pero antes de empezar a pagar pensiones con impuestos, tal vez sería razonable empezar por financiar la formación de trabajadores y parados con impuestos y con control de Hacienda. Seguro que habría menos interferencias y probablemente menos corrupción que con el actual reparto de fondos entre Estado, Comunidades Autónomas, sindicatos y patronales.

3. Por el mismo motivo, estaría bien que el Estado, antes de pagar pensiones, empezara a pagar a la Seguridad Social otras partidas. Todas las bonificaciones al empleo (3.750 millones en 2016), por ejemplo, que hay que mantener allá donde se demuestren útiles y retirar dónde no juegan ningún papel. El complemento de pensión a las madres trabajadoras o viudas por hijos engendrados. La cotización de las personas que cuidan a familiares dependientes, que les dedican su vida y son premiadas en la vejez con mayor miseria. Y tantas y tantas pequeñas partidas que suman miles de millones.

4. No tiene sentido engordar el déficit de la Seguridad Social porque salga del Fondo de Reserva, mientras se disminuye artificialmente el déficit de otros organismos reduciendo sus prestaciones. En 2015 las cotizaciones de desempleados fueron de 6.700 millones. En 2011, cuando se cotizaba a los mayores de 52 años (ahora 55) por bases superiores a las actuales y con una normativa de incompatibilidades menos rigurosa, el Servicio Público de Empleo cotizó a la Seguridad Social 10.200 millones. Si la normativa de 2011 siguiera en vigor, el Fondo de Reserva tendría ahora 10.000 millones más… pero claro, Hacienda tendría 10.000 millones más de deuda.

5. Pagar las pensiones de viudedad con impuestos es tal vez una idea interesante, después de haber devuelto lo ya antes explicado. Pero los ciudadanos deberían saber que los países en los que esta pensión se paga con impuestos, disminuye radicalmente su cuantía cuando se trabaja. Las mujeres trabajadoras viudas serían las grandes perjudicadas de esta ocurrencia.

6. Subir las cotizaciones más altas es otra idea luminosa, pero ya en estos momentos hay 750.000 personas que tienen reconocida una pensión superior a la que cobran por el tope máximo de pensiones públicas, que afecta a todos los cargos públicos salvo los que tienen la suerte de haber formado parte de la administración autonómica vasca. Lo que quiere decir que si subimos mucho más la base de cotización sin subir la pensión máxima, cualquier día nos encontraremos con una sentencia del Tribunal Constitucional que nos devuelva a la realidad. Y si subimos la pensión máxima no será sólo para los nuevos pensionistas, sino también para los actuales.

7. Antes de continuar aplicando subidas indiscriminadas de la edad de jubilación, y más en un contexto de jubilaciones a los 60 años (Clases Pasivas), a los 65, a los 67 y a los 70, deberemos racionalizar los coeficientes reductores, lo que no debe significar suprimirlos, sino reproducir la cotización recargada que en estos momentos ya están pagando los bomberos.

8. El régimen económico de las mutuas debe ser más transparente, y no se trata de que paguen con cuotas las trampas que hicieron en el pasado, sino de que tengan un incentivo transparente a la buena gestión, y que sus resultados vayan al sistema sin derramas extraordinarias. Y por cierto, la incapacidad temporal hay que revisarla con algo de sentido común. Si las Mutualidades de Médicos no pagan bajas por motivos psicológicos porque no se fían de sus colegas. ¿Para cuándo estableceremos la necesidad de que estas bajas sean reconocidas por especialistas y no por médicos de atención primaria?

9. La base de cotización debe ser el salario mínimo... En los contratos indefinidos o de duración media al menos. Pero ¿En los contratos inferiores a cinco días también? ¿No debería ser algo más alta, sobre todo si la pensión mínima ya es en la práctica más alta que el SMI y las carreras de cotización son cada vez más discontinuas?

10. Sería razonable que los afiliados mayores de una determinada edad abonaran algo más, para financiar un sistema que va a ser su principal fuente de recursos. Y también sería razonable que el incentivo fiscal para suscribir un plan de pensiones fuera algo más alto para los ingresos menores de 30.000 euros. Los mayores ya lo tienen.

Y una última recomendación antes de finalizar: no se apunten al bombardeo de la Seguridad Social. Espero que con un nuevo Gobierno, sea del color que sea, vuelvan a explotarse las fortalezas del sistema y no las debilidades. Y durante los próximos años tengamos en cuenta que van a jubilarse centenares de miles de empleados públicos, de los que la mayoría no son cotizantes a la Seguridad Social, pero van a ser sustituidos por cotizantes. Las cosas están mal, pero no hay situación por mala que sea que no sea susceptible de mejorar (una ley mucho más sensata que la de Murphy).

EL MUNDO