Sebastián Torres
EL MUNDO
El fundador del PA previene de la tentación de querer apoderarse del ‘andalucismo’

El pequeño salón del Hotel Las Casas del Arenal de Sevilla conserva en el techa las vigas de madera, los hierros preñados, hermosamente imperfectos, en las rejas de las ventanas, un aparador antiguo de madera noble con patas como de león, sobre él un jarrón de bronce con algo de lavanda y flores secas, y un gran espejo cuya propia piel desconchada refleja el paso del tiempo. la estancia, en cambio, parece nueva y bien conservada.

Alejandro Rojas-Marcos aparece allí, en esa misma casa, 50 años después de que en ella, aunque en el despacho que él tenía un piso más arriba, en la primera planta, surgiera la idea de fundar un partido andalucista. Asegura que viene a hacer autocrítica, «un homenaje a ustedes y a aquellos periodistas que me han sufrido en innumerables ruedas de prensa durante estos cincuenta años».

Él mismo se hace unas preguntas que generan expectativas. Y él mismo se responde. Prometió autocrítica, pero se pone a la defensiva incluso delante del espejo.

Comienza diciendo: «Ustedes preguntarían…». Y a continuación dispara él mismo: «¿No será que el PA cae porque a lo largo de su historia ha demostrado que no tiene ideología ninguna? (…) ¡Si dejó de llamarse PSA para huir del ‘socialismo’! (…) ¿No fue una veleidad ideológica pactar a la derecha y a la izquierda? (…) ¿Han puesto final a su historia por los errores que han cometido? (…) Ahora hay otros partidos que dicen que son andalucista, como el PSOE, Podemos, el P o C’s (…) ¡Pero hay militantes del PA que están yendo a esos partidos! (…) ¿No es una rendición que tiren la toalla? (…) ¿Han caído ustedes por sus enfrentamientos internos? (…) ¿Cuál ha sido la causa del fin? (…) ¿Cuál es el futuro del andalucismo? (…) ¿Y usted, qué va a hacer ahora?»

Va respondiéndose sus preguntas una a una, pero la autocrítica asoma sólo a medias. El PA se disuelve por falta de audiencia, de votantes, de mercado. «El pueblo andaluz todavía no está suficientemente convencido de por qué necesita un partido andaluz», reflexionó.

Afirmó que todo el mundo tiene derecho ala «conversación política», pero advirtió de que nadie se puede ir del PA a un partido nacional y llevarse la identidad del partido: «no se puede traficar con la ideología».

El error del PA, según su análisis, desde los fundadores del Partido Socialista de Andalucía (PSA), hasta sus últimos dirigentes, ha sido no haberse dado cuenta de que, antes de ir a por los votos había que ir a por las conciencias. Creerse que el éxito sería permanente y no efímero por pensar que había en Andalucía un suelo andalucista que en realidad nunca existió. Confundir las raíces que nunca hubo con las «nubes andalucistas» que una ligera brisa se llevó.

La autocrítica se quedó a medias porque esos fallos admitidos son solamente conceptuales, teóricos, de planificación. Rojas-Marcos no descendió a los hechos, a los errores materiales, que debió de haberlos también. «Todos los que han criticado nuestro gobierno con el PSOE [el PA gobernó en coalición en la Junta de 1996 a 2004] eran los que no querían que pactáramos con el PSOE», respondió, antes de presentar como el «mayor logro» andalucista «conquistar la autonomía». De hecho, desveló que cada vez que le hablaba del asunto a Felipe González, éste le respondía: «Sí, hombre… Y por la autonomía de Vitigudino también vamos a luchar».

Es posible que el hito más trascendental en la construcción de la identidad del PA fuera suprimir la S de «socialista» en las siglas en 1984, para diferenciarse del entonces pujantísimo PSOE que estaba dirigido por dos sevillanos.

El acercamiento a los socialistas coincidió con el comienzo del fin que ayer certificó Rojas-Marcos en la casa donde nació el PA. «Ni Blas Infante era separatista ni nosotros», recordó cuando se le preguntó si siente envidia de Cataluña-

El PA se ha retirado «con dignidad», insistió su fundador, recordando que tiene 4.000 militantes y 400 concejales. Él nunca militará en  otro partido ni votará una opción que no sea andaluza. Guardará luto para siempre, con si llevara un camafeo que guardaran las siglas del partido.