Francisco Nuñez

EL MUNDO
Las incertidumbres económicas de la falta de acuerdo político
Salvo un pacto entre los partidos mayoritarios, que parece inviable, los resultados de las elecciones generales no permiten la gobernabilidad del país. Pero, la convocatoria de nuevas elecciones podría suponer también una parálisis política que afectaría a la velocidad de crucero del crecimiento de la economía. Así, si hasta el verano no se consolida un Gobierno estable, hasta otoño no tomará las primeras decisiones en materia económica. Por tanto, 2016 se podría convertir en un año perdido para las reformas que España necesita o la consolidación fiscal que pide la UE.Por tanto, la esperada suavización del crecimiento en este año, hasta el 3,1% según el Gobierno y del 2,7% de Bruselas, podría ser superior. Lo que afectaría al crecimiento estimado del empleo (500.000 nuevos cotizantes) y la reducción de paro (una tasa inferior al 20% por primera vez en la crisis), así como a los objetivos de reducción del déficit (del 4,2% en 2015, si se consigue, al 2,8%) y de la deuda (primer descenso desde 2007 hasta el 96,5% del PIB). Y, lo peor, este nuevo escenario electoral podría perjudicar a la confianza de los inversores extranjeros, que retrasarían la toma de decisiones hasta que no se consolide un Gobierno estable. Se suma además el proceso secesionista catalán. También podría suponer un repunte de la prima de riesgo. A esto se añaden otros riesgos: la volatilidad de los mercados financieros internacionales, incrementada ahora por la caída de la economía y la Bolsa en China, así como la incidencia en las exportaciones de la desaceleración de los países emergentes. La principal duda que existe entre los expertos consultados es si un Gobierno en funciones tomará decisiones que pueden resultar impopulares desde el punto de vista electoral. La primera de ellas, como apunta María Jesús Fernández, economista de Funcas, es si va a hacer el ajuste presupuestario que pide Bruselas de 10.000 millones para lograr el objetivo de déficit. «Los Presupuestos de 2016 no valen, hubiera dado lo mismo si se hubieran prorrogado los de 2015», señala. «El Gobierno lo fía todo a una recuperación económica y a unos ingresos muy optimistas». Para Fernández, si no se toman decisiones ahora, el Ejecutivo que salga de las nuevas urnas deberá concentrar el ajuste en los últimos meses del año. «Es una situación que puede provocar efectos negativos», añade. Además, es evidente que las reformas estructurales van a sufrir una parálisis. Entre ellas: la de las pensiones (por primera vez el Gobierno ha incluido en los Presupuestos el compromiso del Estado para aportar ingresos al sistema público), mercado laboral, Administraciones o el sistema de financiación de las CCAA para que los gobiernos regionales no tengan disculpa alguna en el incumplimiento permanente de los objetivos de déficit.Mayor ajuste Además, ese esfuerzo en el ajuste podría ser aún mayor ya que es posible que el déficit de 2015 se haya desviado en dos o tres décimas. Con ese dato tendría que comparecer el Gobierno en funciones en las urnas ya que el 31 de marzo es la fecha oficial para su publicación. Y el día 26 de abril es cuando debe comunicar a Bruselas la primera notificación sobre déficit y deuda de 2015. También deberá enviar en esa fecha a la Comisión Europea la actualización del Programa de Estabilidad para 2016 así como el nuevo cuadro macroeconómico. Será la primera vez que un Gobierno en funciones en España tenga que cumplir estos compromisos en plena campaña electoral.En todo caso, el calendario estadístico y económico no es el mejor desde el punto de vista electoral. Por ejemplo, si las elecciones se repiten en mayo, la fecha más probable, tendrían lugar una vez conocida la EPA del primer trimestre del año (28 de abril), que es precisamente la que menos favorece a las cifras de empleo y al paro. Por ejemplo, en este periodo de 2015 el empleo creció en 114.000 personas mientras que el paro sólo bajó para 13.100. Lo más probable es que la tasa de paro siga más cerca del 21% que del 20%. En cuanto al paro registrado, a primeros de mayo se conocerá la estadística de abril, mes en que este año no cae la Semana Santa por lo que recogerá los despidos tras las fiestas en marzo. El 29 de abril se conocerá el avance de la evolución del PIB en el primer trimestre. Recogerá la desaceleración que se prevé por el efecto de «regresión a la media» de la estadística y la suavización del consumo.El dato del IPC será también importante. Por el denominado efecto escalón, es decir, por su comparación con los precios de hace un año, subirá la tasa interanual. Será sensiblemente positiva en mayo. Y costará explicar en la campaña a los 8,5 millones de pensionistas el alza del 0,25% de sus retribuciones para 2016 o del 1% a los funcionarios. Lo mismo sucederá con una negociación colectiva en pleno proceso y la sostenida devaluación salarial. Por si fuera poco, la nueva convocatoria electoral coincidiría con la campaña de la renta, algo que nunca beneficia a quien gobierna. En todo caso, José Luis Martínez Campuzano, Estratega de Citi, dice que «lo más positivo» de la situación es que los Presupuestos de 2016 se han aprobado antes de las elecciones del 20-D. «Facilita una estabilidad en el funcionamiento de las administraciones», señala. Sin embargo, José Ramón Pin, economista y profesor del IESE, cree que 2016 «será un año perdido para la economía y sus reformas», y que se va a producir una parálisis en las administraciones, sobre todo en la Central, con los altos cargos y asesores en funciones. Martínez Campuzano estima que unas nuevas elecciones tendrán costes, que habrá que evaluar en su momento. Pero, «la situación de impasse hasta que se cree un nuevo Gobierno no será especialmente negativa porque existe un colchón económico cíclico, financiero y fiscal», salvo que se deteriore la situación internacional. Sobre el ajuste que debe hacer España de 10.000 millones estima que «Bruselas será flexible ante el escenario político que se produce y que dará tiempo a que se normalice la situación». Pin cree que para evitar un ajuste contundente en otoño, el Gobierno que salga de las nuevas urnas deberá negociar con la UE un cambio de calendario de reducción del déficit porque otros países tienen dificultades, aunque por razones de seguridad y defensa, como Francia.]]>