José Ramón del Río

GRANADA HOY
Una institución tan respetable como el Consejo del Notariado constata que de año en año crecen las renuncias a las herencias en Andalucía. En el año 2014 fueron 5.400. Tanta renuncia supone que algo no funciona y la causa determinante no es sólo que la crisis ha empobrecido a muchos españoles, hasta el punto que sus deudas son más que sus bienes, sino que resulta que otro Consejo, de Economistas, igualmente respetable, señala que no siendo Andalucía la región más rica de España, soportamos la mayor presión fiscal, tanto las rentas altas, como las medias y bajas. Por ello, el que puede se cambia de domicilio. Cuando el Impuesto de Sucesiones se ha suprimido en 13 de las 17 autonomías, aquí tenemos el más caro de las cuatro que lo mantienen. Esto origina, sumando los demás gastos de una sucesión, que heredar puede ser una ruina. Los impuestos se liquidan sobre unos valores convencionales, que resultan de multiplicar el valor catastral de los inmuebles por un coeficiente y que da, como resultado, un valor muchas veces superior al precio de mercado. Ya sé que el impuesto recae sobre el valor y no sobre el precio, pero es más verdadero el valor de mercado que no esa ficción de un valor catastral multiplicado por tres. Un impuesto que supone un ingreso para las arcas públicas que no llega ni siquiera al 2,50% de la recaudación total ocasiona, sin embargo, la ruina de muchas familias en Andalucía, con el sinsabor añadido de que si su causante viviera en otras autonomías su herencia estaría bonificada en el 99%. Nunca he comprendido cómo para el hecho que más iguala a los humanos, como es la muerte, se deje a las autonomías legislar a su capricho sobre los impuestos a pagar. El PSOE de Andalucía, en el programa con que se presenta a las elecciones, mantiene el Impuesto de Sucesiones. Con confusa redacción, después de decir que «reduciremos la carga impositiva del Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones», añade «dejaremos el primer tramo de 100.000 euros exentos para las transmisiones con base liquidable superior a 175.000 y una bonificación completa en la tributación para hijos menores de 21 años». Tampoco rebaja el IRPF en el tramo autonómico, pese a que el Gobierno de la nación sí lo ha rebajado, condicionándolo a una pretendida devolución. Así que impuestos nórdicos para una economía del sur. Y encima, sin cuidar su destino.
José Ramón del Río
GRANADA HOY
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