Luis Marín Sicilia
EL MUNDO

Quien, por capricho e interés personal, convocó a los andaluces, con un año de antelación, a pronunciarse electoralmente, no tuvo empacho en proclamar, con rutilante aura triunfal, que gobernaría en solitario. Y acto seguido, convocó a los cabezas de lista de los demás partidos intentando dar imagen de reforzamiento institucional sin precedentes. Por lo visto hasta ahora, el reciente proceso electoral andaluz ha puesto de manifiesto la baja calidad de nuestra democracia parlamentaria, sobre todo por parte de quienes venían a regenerar el sistema. Porque no es que fallen las instituciones; lo que falla son quienes deben impulsarlas. Y en este sentido participo de lo escandalizado que se manifiesta Luis Carlos Rejón con el ninguneo que los nuevos políticos están teniendo con el órgano básico de la representación popular como es el Parlamento andaluz.

Quien ha decidido gobernar en solitario parece ignorar, debido quizás a la costumbre inveterada de usar el rodillo, lo difícil que puede resultarle dar cuenta a un Parlamento cuya mayoría no controla. Marear la perdiz hablando de investidura es intentar adormecernos cuando antes hay un tema esencial en democracia como es la constitución del Parlamento. De entrada, el Parlamento andaluz debe estar regido institucionalmente en correspondencia al resultado electoral, de forma que, de los siete miembros de la Mesa, que es su órgano de gobierno, cuatro pertenezcan a los partidos a los que la candidata Díaz, con su autosuficiencia, ha lanzado a la oposición, y los otros tres sean de su cuerda. Si de verdad los partidos se creen sus propias proclamas de regeneración democrática, la consecuencia de ello no es baladí, ya que, en el primer acto institucional, al constituirse el Parlamento, pueden ponerse de manifiesto determinadas exigencias reformistas, regeneradoras y de transparencia.

Puesto que, con arreglo al artículo 102 del Estatuto de Andalucía, el Parlamento tiene «plena autonomía reglamentaria», «elabora y aprueba su presupuesto» y «se dotará de su propio Reglamento cuya aprobación y reforma requerirá el voto de la mayoría absoluta de los diputados», una eficaz política de regeneración y transparencia para el futuro implicaría que, al ser el primer acto institucional, la constitución de la Mesa debe reflejar la diversidad surgida de las urnas. Y acto seguido el nuevo Parlamento, antes de la investidura, procedería a reformar su propio Reglamento por tres cuestiones fundamentales:

1) Una formal, al objeto de adecuar el propio Reglamento al artículo 118 del Estatuto, ya que aquél es contradictorio, en su artículo 138, con el texto estatutario. Para éste, que es norma de rango superior, si a los dos meses no hay candidato a la Presidencia de la Junta que obtenga mayoría simple, se disuelve el Parlamento y se convocan nuevas elecciones. Si embargo, el Reglamento vigente establece, en tal hipótesis, que será proclamado el candidato del partido que tenga mas escaños. Tal reforma del Reglamento la considero esencial, no sólo por adecuarla al principio de jerarquía normativa, sino porque un presidente elegido de tal forma estaría al albur de un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional interpuesto por cualquier diputado dela oposición como cuestión de inconstitucionalidad por acto legislativo que lesiona sus derechos políticos.

2) Otra de fondo al objeto de que se proyecte la imagen regeneradora que todos los partidos, sobre todo los nuevos, proclamaban. La reforma, pues, abordaría, entre otros, las comisiones de investigación, reduciendo el quorum para solicitarlas e incorporando criterios objetivos de independencia, neutralidad y transparencia en su composición. Igualmente se reforzaría el papel de la Camara de Cuentas, con mayores competencias y atribuciones de control real.

3) Y una tercera de oportunidad, nombrando en esa primera sesión a los senadores autonómicos, con lo que las peticiones de cese de algunos de los actuales imputados aforados se resolverían por sí mismas.

En definitiva, los grupos minoritarios tienen en sus manos el cambio real de la situación política andaluza para que, como han venido diciendo en campaña electoral, Andalucía deje de ser un mayorazgo del PSOE. Quienes han venido para acabar con la casta o para limpiar la basura tienen una oportunidad de oro, cuya primera secuencia se verá en la sesión constitutiva del Parlamento. Si no pelean porque la mayoría opositora al actual régimen controle la mayoría de la Mesa, podemos intuir que sus proclamas de mejorar, regenerar y reformar la autonomía eran tan sólo la estrategia para embaucar a los desinformados. Porque si, por contra, fueran ciertos sus propósitos, en Andalucía, hoy por hoy, y pese a la complaciente idea de la candidata Díaz, está por ver quién será capaz de gobernar en solitario.

Luis Marín Sicilia
EL MUNDO