Costas y Carrillo abren una puerta a la esperanza sobre el desenlace del problema catalán

Hay discursos que son clases magistrales, telarañas de palabras palpitantes, ideas que desmontan prejuicios y  abren un agujero a la esperanza, matando de paso el cabreo. Antón Costas, catedrático de Economía Política en la Universidad de Barcelona y  presidente del Círculo de Economía, pertenece sin el menor atisbo de duda a esa constelación. Ayer estuvo en Sevilla para bautizar el Centro de Debate y Desarrollo -otro intento de insuflarle vida a la estática sociedad civil andaluza-, que eligió un laberíntico asunto, La España Posible, básicamente para abordar el problema territorial y  el encaje de Cataluña en el todo. Junto a Costas, otro catedrático, esta vez de la esfera jurídica, con planteamientos similares a los del ilustre contertulio: Juan Antonio Carrillo, decano asimismo de la Facultad de Derecho en la Universidad Loyola, también dejó sus perlas. Fiel al método, Costas -voz moderada, pensamiento afilado- lanzó al auditorio cinco hipótesis sobre el país.

1. “España necesita renovar el contrato social y político implícito en cualquier sociedad moderna”. Esa lanzadera hobbesiana abraza la sencilla imagen del “pegamento”. Los elementos que se han ido despegando (el descrédito de las instituciones, el bienestar y en cierta forma los afectos) han de apelmazarse otra vez. El pasado más reciente es en este caso el mejor coaching. “Somos un caso extraordinario de éxito. Los pactos de La Moncloa fueron un contrato social implícito. El contrato político sí está escrito en la Constitución. El título VIII es el contrato de repartición del poder”.

2. Madrid, tenemos un problema: “El enorme malestar social sobre cómo se ha gestionado la crisis y la corrupción sistémica de la política. No logro entender cómo España es el país de la UE y la OCDE donde más ha avanzado la desigualdad”. Costas aportó un dato demoledor. El 73% de los jóvenes de entre 18 y 33 años todavía viven con sus padres, “¡justo la edad en que deben construir su cultura moral! Justo cuando deberían aprehender las cuatro virtudes cardinales”, se lamentó antes de añadir una segunda observación: “Fíjense bien. En todos los países innovadores se produce la emancipación temprana de sus jóvenes”.

3. Madrid, tenemos otro problema: el Estado de las Autonomías, que “ha sido un éxito”. “Las CCAA han venido para quedarse, pero la Constitución no escribió un manual de instrucciones sobre el modelo de distribución del poder. Hay que escribirlo ahora en dos sentidos: el reparto de competencias exclusivas y la financiación, que ha de sustentarse sobre las bases de la transparencia, la justicia, la equidad y  la eficacia, arrastrando a vascos y navarros para que ellos participen también de la solidaridad”.

4. Madrid, no queremos ser cargantes, pero también está Cataluña. Aquí Costas, sin dejar de ser exquisito, bordeó su techo flemático. “¿Por qué habláis de los catalanes? Hay una variedad tremenda, la misma probablemente que en Andalucía”. En el Parlament están representados siete partidos, cifra sin parangón en España. “El 9-N sólo fue a votar un tercio del censo. Dos tercios no han ido. Lo que sí existe es un anhelo mayoritario de que nuestra opinión se tenga en cuenta. Queremos ser preguntados sobre el proyecto futuro del país”, afirmó antes de introducir un matiz crucial. “Han de funcionar dos principios: el del Estado de derecho (las leyes se pueden cambiar pero no romper) y  el de la democracia (las autoridades están obligadas a expresar legalmente los deseos de la ciudadanía)”, dijo. “El nacionalismo en Cataluña no es cosa de la crisis, pero gran parte del independentismo sí. Yo creo que es una estación de tránsito, no de término”. Los catalanes piden a gritos un recauchutado colectivo.

Y 5. A pesar de los pesares, Madrid, existen soluciones. “Una primera posibilidad es buscar una salida específica al problema catalán. Y otra, la que yo prefiero, arreglar conjuntamente el problema español y el catalán. Si lo hacemos, una parte importante de la sociedad catalana encontrará el encaje que busca”. Como epílogo, un vaticinio: “Lo veremos en la próxima legislatura. No habrá muchos movimientos en seco. Los comicios serán el mecanismo que hará aparecer esa opción renovadora. Será una legislatura pseudoconstituyente, le guste a los partidos o no”. Como Carrillo se topó con el listón alto, decidió empezar fuerte. “El nacionalismo y  el independentismo de los territorios periféricos vertebra más a la sociedad que el autonomismo”. Quizás por eso “en Andalucía no hay sociedad civil”.

Tras la reflexión, la harina. Para España y  Cataluña, imbricadas en destino aunque a veces se ladren, tres escenarios. El primero es “afrontar el desafío (soberanista) sin pestañear”. “Me parece una vía imposible. Ya lo decía Gandhi: cuando te atacan es cuando vences”. Una alternativa a la mano dura y  el rigor de la ley sería “diseñar un Estado federal”, cuyo germen -impresionante- estuvo en Andalucía en 1883 con el proyecto de Constitución promovido por Blas Infante y refrendado en Ronda y Córdoba. “Se abrirían muchas incógnitas. Es un proceso que se construye de abajo a arriba. ¿Abriríamos la lata del derecho de autodeterminación de las autonomías? ¿Lo ejercerían todos los territorios? ¿Sería un Estado federal simétrico? ¿Cuál será el papel de Podemos, que aún no tiene un modelo de Estado aunque apueste por el derecho a decidir?”, se preguntó. El tercer carril es en realidad la encrucijada donde coinciden Carrillo y Costas. “Un pacto constituyente que reconozca el carácter peculiar del País Vasco y  Cataluña. Creo que esta idea está calando en el PP y el PSOE. Es un proceso que se construye de arriba a abajo, a partir de un diálogo multilateral donde Andalucía tendrá algo que decir porque esa reforma ha de someterse a un referéndum del conjunto de los españoles. Lo curioso -prosiguió- es que España no ha votado nunca su modelo territorial, y  no es el Senado el lugar donde eso vaya a ser factible [Costas  añadió una peculiaridad incluso más grave: somos el único país democrático que nunca ha sabido reformar sus constituciones, optando directamente por derogarlas]”. Su menú definitivo: “Es el momento de la política, no del derecho. La democracia no se sustenta únicamente en el principio de legalidad, también está la lucha por los afectos. Andalucía debe decir no a la bilateralidad.

Ni España se puede resolver desde Cataluña ni Cataluña desde Madrid. Y otra cosa. La sociedad no tiene hoy valores. Y una sociedad ha de alimentarse de la honestidad y el respeto al prójimo. La gran reforma pendiente está también en la educación, que ha sido la gran víctima de nuestro tiempo”. Si los pensamientos alimentan, anoche, en Sevilla, capítulo uno de la primera temporada del CDD, uno acabó bien servido y mejor saciado.

DIARIO DE SEVILLA