Carlos Pizá

EL ECONOMISTA
La difusión anual de los datos de exportaciones lleva afortunadamente en los últimos cinco años ofreciendo buenas noticias ya que se están batiendo un ejercicio tras otro los récord, hasta alcanzar los 26.512 millones en 2014, un 2,1 por ciento más. El aceite de oliva, el cobre y sus manufacturas -merced al músculo que siguen mostrando empresas como Atlantic Copper-, la horticultura -pese a su caída el pasado año- y las conservas vegetales, la aeronáutica -que también retrocedió hasta 1.300 millones- y los aparatos eléctricos son las bases que sustentan estos buenos registros. Pero un análisis más fino y amplio de los datos debe llevar a huir de cualquier triunfalismo a laAdministración, al igual que debe de llevar a las empresas a incrementar y reforzar aún más -y precisamente ahora en el inicio de la recuperación económica- su actividad internacional. Por ejemplo, y con cifras de cierre de 2013 -las últimas disponibles-, se observa que el número de empresas que exporta en Andalucía ha crecido en 3.822 en los seis ejercicios que van de cierre de 2007 a 2013, hasta 18.550. Esta cifra representa el 12,2 por ciento del total nacional, porcentaje inferior al peso de la economía andaluza en España, del 14 por ciento. Además, el aumento representa el 7,1 por ciento de las 53.574 firmas que empezaron a vender fuera en ese periodo en todo el país. Si se desciende a la rúbrica de empresas que exportan regularmente, el reto se revela aún mayor. Andalucía contaba con 3.920 firmas con esta clasificación a final de 2013, sólo 52 más que a cierre de 2007. Ese número total es el 9,5 por ciento del total en España, que asciende a 41.163. La necesidad de aumentar el número de empresas en Andalucía es clave, así, no sólo para generar empleo sino para internacionalizar la economía. Cataluña exporta más del doble queAndalucía, mientras que Valencia y País Vasco -competidores en cifras absolutas- han crecido un 5 y un 8,2 por ciento en ventas en 2014, frente al 2,1 andaluz. Sector público y privado deben acelerar el ritmo.
Carlos Pizá
EL ECONOMISTA
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