El Gobierno revisará al alza su previsión de crecimiento para 2016, que podría situarse incluso por encima del 3%. Lo anuncia cuando ya se conoce que el Brexit garantiza un periodo de turbulencias financieras importantes más allá de Reino Unido, con un impacto directo negativo para la economía española que algunas fuentes se aventuran a estimar en torno a medio punto del Producto Interior Bruto (PIB). Sin embargo, debe tener sus razones el ministro en funciones, posiblemente derivadas de su confianza en capturar una cuota importante de las oportunidades de negocio que escapen de las islas británicas hacia el continente. Es de suponer que su optimismo también se apoye en que los datos que se van conociendo sobre la economía española no terminan de reflejar el descenso en el nivel de actividad de los pronósticos a finales de 2015. Los vientos de cola (precios energéticos e impulsos monetarios) siguen empujando tan fuerte como entonces o más, mientras que las amenazas en el horizonte internacional (ralentización de la economía china, crisis de los emergentes y conflictos bélicos) siguen sin tener una relevancia significativa en el caso de España. Incluso los problemas financieros de algunos bancos europeos y la fatiga política del desacuerdo permanente entre partidos políticos para formar gobierno en España, tras año y medio de citas electorales continuadas, con el consiguiente aplazamiento de la solución a problemas internos de la máxima trascendencia, parecen incapaces de frenar el ritmo de actividad que llevó a la economía española a crecer un 3,2% el pasado año, muy por encima de nuestros socios europeos.

Con el comienzo del verano se revisan las previsiones de crecimiento realizadas a principios de año y es probable que tanto el gobierno andaluz como los organismos que aventuran pronósticos para la comunidad eleven también los suyos para el conjunto de 2016. El primer trimestre se ha cerrado con un crecimiento interanual de 3,3 puntos, una décima por debajo del español, pero los detalles que se van conociendo sobre la demanda interna y los servicios (el 70% del valor añadido bruto -VAB-) invitan claramente al optimismo. Además de la fortaleza del turismo, están las sensaciones positivas en transportes y comunicaciones, que se mantienen estables para el comercio, aunque el perfil sigue siendo negativo para los profesionales y para los servicios administrativos. La industria, el 11% del VAB andaluz, también presenta, según el Índice de Producción Industrial, un perfil negativo (-6,2% en el mes de mayo) y bastante alejado del español (+1%), mientras que en la construcción (5,3% del VAB andaluz) las sensaciones son contradictorias. Aumentan las viviendas terminadas y las hipotecas, pero la licitación oficial sigue por los suelos, mientras que los nuevos proyectos siguen paralizados. En resumen, habrá que aceptar para Andalucía una cierta ralentización con respecto a 2015 (3,3%), pero es muy probable que las nuevas previsiones se sitúen en el entorno del 3% (BBVA y Analistas Económicos de Andalucía estimaban un 2,8% y el Observatorio Económico de Andalucía un 2,5%) y contemplen la creación de más de 200.000 nuevos empleos en 2016.
Joaquín Aurioles
DIARIO DE SEVILLA