Teresa López Pavón,
EL MUNDO

Su diagnóstico del sistema educativo actual es de todo menos complaciente. Su larga carrera en la docencia comenzó como maestra de Educación Especial. Pero luego ha pasado por todas las etapas del sistema educativo, incluida la Formación Profesional y la Universidad. Es experta en Inteligencia Emocional y presidenta de la Asociación Pedagógica Francesco Tonucci. Tiene una veintena de libros publicados y dirige varios máster de innovación pedagógica. Le gusta agitar a su audiencia con frases impactantes, de ésas que a los periodistas nos gusta llevar a los titulares. «El modelo educativo no tiene que ser Finlandia sino África», dijo recientemente, y se ganó un enorme chaparrón. Pero su discurso no es un conjunto de ocurrencias, como pudiera parecer sacando de contexto alguna de sus intencionadas provocaciones. Su apuesta es la innovación para darle la vuelta al sistema. La Consejería de Educación la ha elegido para hacer la ponencia marco del grupo de trabajo creado contra el fracaso escolar.

¿Qué  misión le ha encomendado la Junta? ¿Ha tenido alguna directriz concreta?
Mi misión ha sido únicamente la de exponer un punto de partida y poner mi experiencia a disposición de los expertos para asesorar en lo que me pidan. No tengo ninguna consigna. Si le digo la verdad, para mí ha sido una sorpresa que la Junta me llame. Porque yo digo cosas que suelen molestar a quienes toman las decisiones.

¿De verdad piensa que el modelo para la educación en España debe ser África antes que Finlandia?
Claro que me gusta el sistema finlandés: me gusta su modelo organizativo, su respeto por la profesión docente, el prestigio que en Finlandia tienen los profesores. Lo que quise decir es que el mejor modelo educativo dejará de serlo si no trabaja por tirar hacia adelante de todos los niños, si está dispuesto a sacrificar a unos para que los demás avancen. Yo no creo en un modelo así. Creo en los sistemas cuyo objetivo es no dejar a nadie atrás. Como hacen las tribus africanas. Ése es el sentido de la frase. Fue muy divertido ver las interpretaciones que se hacían de ella sin molestarse en entender el contexto y el espíritu de la misma.

Pero, con la excusa de no dejar a nadie atrás, ¿no se tiende a rebajar el nivel y a sacrificar a los buenos alumnos?
Si se hace bien, no. Precisamente, el gran error de nuestro sistema educativo es el modelo del ‘café con leche para todos’. El ‘todos por igual’; el ‘todos parejicos’, como me decía una maestra en Granada. Eso me horroriza. Porque el sistema se empeña en homogeneizar y ése no puede ser el fin.

¿Hay un problema en la formación del profesorado?
Desde luego. La formación inicial tiene un déficit tremendo. Pero es que el proceso de selección del personal es perverso. Y los temarios de las oposiciones son de 1990, cuando ni siquiera existía internet. La confección de los tribunales no es profesional. Y en el sistema se nos cuelan todos los días docentes que no tienen ninguna vocación, que no están capacitados para gestionar un aula con 25 niños. Las personas que no tienen vocación deberían estar fuera de la educación obligatoria. Y luego están las plantillas, con un 50 por 100 de provisionalidad. Ahora se han inventado unos ‘concursillos’ para que también los profesores con destino fijo puedan intercambiar sus plazas entre ellos, lo que abunda aún más en la inestabilidad de los equipos. El sistema está pensado exclusivamente para el bienestar de sus trabajadores pero nadie piensa en los niños. Es más, creo que si en este país no ha sido posible un pacto por la Educación es por culpa de los sindicatos, y no me importa que use esta frase como titular, aunque me vuelvan a llover las críticas.

Efectivamente, los sindicatos se le van a echar encima
El problema es que el interés de todos los colectivos parece estar por encima del interés de los alumnos. Un modelo educativo en el que todo lo accesorio está por encima de los derechos de la infancia está condenado al fracaso. Le pongo otro ejemplo. El aula matinal o las actividades extraescolares están pensadas exclusivamente en beneficio de los padres, no de los niños. ¿Sabe que hay niños que pasan 12 horas en el colegio? Los horarios son una locura, porque se les está negando a los niños el espacio y el tiempo de juego.

¿Qué papel deben jugar las tecnologías en el aula?
Un sistema educativo no es más eficaz porque en vez de un libro se utilice una tableta digital. Un mal profesor no va a dejar de ser un mal profesor por tener un Ipad. Y los tenemos a montones. Eso sí, pienso que si una red social como Instagram se ha colado en la vida de nuestros adolescentes, tenemos que meter Instagram en las aulas y explicarles a nuestras chicas y a nuestros chicos que su identidad no puede construirse por el número de ‘me gustas’ que consigan con una foto provocativa en una red social. Hay muchos padres que se sienten perdidos porque no saben cómo abordar la influencia de las redes sociales en la vida de sus hijos. Y el sistema educativo no puede mirar para otro lado.

Los problemas de fracaso escolar se dan más en Secundaria, pero el origen está en Primaria, ¿no?
Mire, para empezar, habría que modificar el sistema para garantizar que los alumnos tuvieran un mismo tutor a lo largo de toda su educación primaria.

Pues al que le toque un mal profesor le hemos fastidiado la vida con ese modelo
Es que el sistema no tiene por qué consentir a los malos profesores. Por eso, además de mejorar la formación inicial y los sistemas de selección, hay que garantizar la formación continua, y apostar por un modelo educativo en el que la innovación sea una constante.

¿Y la Secundaria?
Mire, la Logse fue una buena ley en su momento, aunque eso sí, muy mal financiada y peor aplicada. Pero creo que cometió un error sustancial, que fue pasar a la Secundaria a los niños a edades muy tempranas. Con apenas 12 años se les introduce en un sistema que se parece mucho al modelo universitario y destroza el proceso evolutivo del niño. Cuando lo que necesitan a esas edades es una tutorización permanente, les damos lo contrario: un montón de especialistas que apenas llegan a conocer a sus alumnos porque pasan muy pocas horas a la semana con ellos.

¿Y qué criterio pedagógico se utilizó para tomar aquella decisión?
Ninguno. De nuevo, fueron los intereses de los colectivos profesionales, maestros y especialistas, los que pesaron en el diseño del sistema educativo. O sea, un reparto del pastel entre los adultos sin importar las consecuencias para los alumnos.

¿Hay algo que funcione?
Hay muchas experiencias que están funcionando. Hay muchos centros que están aplicando modelos muy exitosos: en la pública y en la privada. ¿Por qué no nos fijamos en ellos y, de una vez, trabajamos todos juntos?