Editorial
EL MUNDO

La educación siempre ha sido en España un campo de batalla en el que luchan todos los partidos políticos, azuzados, cada uno, por sus propios intereses. Pero hoy, en el Día Mundial de los Docentes, tanto el ministro de Educación, Méndez de Vigo, como el líder del PSOE, Pedro Sánchez, llegan a un acuerdo en nuestras páginas: los profesores son los cimientos del sistema, su base y el apoyo de los alumnos. Un credo que este periódico reza desde hace años y que siempre ha caído en saco roto.

Porque los maestros han sufrido a lo largo de 35 años el despropósito de la aprobación de siete leyes educativas y ninguna ha logrado impulsar su figura. Por si ello fuese poco, la congelación de nóminas, la supresión de pagas extras y demás recortes se han cebado especialmente con el gremio.

Desgraciadamente, la profesión ha caído en los últimos años en un inquietante desprestigio ante la sociedad. Las claves para dignificar al profesorado que defendemos nacen del sentido común: mejorar su formación potenciando sus carreras; realizar una evaluación periódica de los educadores, de tal forma que se les pueda recompensar por sus méritos; y recuperar la cultura del esfuerzo, algo que rescataría la autoridad del docente. Es revelador, por ejemplo, que sólo un 60% de los maestros opina que sus alumnos procuran crear un buen ambiente en clase. No se pueden descuidar los cimientos de la educación porque son la base del futuro del país.