Los sindicatos valoran positivamente la Formación Profesional que se imparte en las empresas, aunque temen que los alumnos actúen como trabajadores durante su periodo de aprendizaje

En los primeros años de la crisis la mirada siempre estuvo puesta en Alemania. La receta de la austeridad, inaugurada en tierras germanas en época de vacas gordas, se convirtió en el modelo a seguir. Fue entonces cuando los telediarios empezaron a vender las bondades de la Formación Profesional dual. Incluso el Gobierno de Angela Merkel ofreció plazas a jóvenes españoles desempleados en los centros donde se imparte este modelo educativo. Sin embargo, hace ya tres cursos que los andaluces no tienen por qué hacer las maletas para probar este sistema, que comenzó con 207 alumnos en el curso 2013-2014. En septiembre, serán 3.209 las personas que comiencen un nuevo grado de FP dual en la región que ha visto como en sólo cuatro años se han multiplicado por 15 las plazas de este sistema educativo.

El objetivo es que el alumno adquiera las competencias necesarias para ejercer una profesión colaborando estrechamente en una empresa y no aplicar los conocimientos aprendidos en clase durante seis meses de prácticas al finalizar la formación, como en el modelo clásico. Durante los dos años que dura cada módulo los estudiantes forman parte de las compañías colaboradoras, lo que facilita su posterior inserción laboral. “En la formación profesional clásica, el contacto con la empresa es mínimo”, lamenta Florentino Santos, coordinador de la FP dual en la Consejería de Educación de la Junta.

Santos era profesor de uno de los doce proyectos experimentales que inauguraron el modelo en Andalucía, hace tres cursos. Concretamente, en un grado superior de Comercio Internacional en Algeciras donde, según el relato de este docente, las empresas del entorno tienen un amplio nivel de implicación. “En la implantación del sistema, hablamos con el tejido productivo y preguntamos por las necesidades de cualificación que existen en cada comarca”, explica Santos. Por ese motivo es lógico que en Riotinto haya un grado en Excavaciones y Sondeos, al abrigo de la actividad minera. Y también tiene sentido que en el curso que empieza en septiembre haya un instituto de la localidad sevillana de Mairena del Aljarafe que tendrá un grado de Panadería y Confitería que irá de la mano de Inés Rosales.

La satisfacción es la tónica general en la Administración andaluza desde la implantación del modelo y es una percepción que comparten con los sindicatos. Sin embargo, todavía hay algunas dudas al respecto. “Tememos que los alumnos puedan convertirse en mano de obra barata”, apuntan desde la federación de Enseñanza de UGT Andalucía, un temor que también tiene el secretario general de la federación de Enseñanza de CCOO en la región, José Blanco. Nada más lejos de la realidad, asegura Santos. “Nosotros velamos por que los alumnos no vayan a trabajar, sino a formarse”, apunta el coordinador de la FP dual, que también garantiza que las aptitudes que adquieren los estudiantes de este sistema son válidas para todas las compañías del sector y no sólo para aquella en la que realizan el aprendizaje. El propio Santos reconoce que, cuando comenzó a implantarse la FP dual hubo que hacer una labor de pedagogía con las empresas para dejar claro que los alumnos no son trabajadores gratuitos y ni estudiantes en prácticas, como sí lo son los de la formación profesional clásica.

A pesar de que el sistema ya lleva tres cursos funcionando, sigue habiendo dudas no sólo entre las empresas, sino también en el ámbito docente. “Cuando la FP dual entró en Madrid, hubo reducciones en las plantillas de profesores, pero aquí se garantiza el mantenimiento del empleo en los centros e incluso se dan más horas a los profesores para el seguimiento del proyecto”, cuenta Santos, que también recuerda que la llegada a las empresas de los alumnos de FP dual no puede suponer en ningún caso una amortización de puestos de trabajo. “En ese caso, dejaríamos de colaborar”, apostilla.

Otro de los temores del responsable de Enseñanza de CCOO-A es el éxito que puede tener el sistema de FP dual en una región cuyo tejido productivo se compone principalmente de pequeñas y medianas empresas. “Habría que establecer unos requisitos mínimos porque las pymes pueden tener dificultades para garantizar la formación de los alumnos”, apunta Blanco. Sin embargo, desde la Administración garantizan que son precisamente las pymes y las micropymes las compañías que tienen una colaboración más estrecha. “Hemos estado de espaldas al sector productivo y eso está cambiando ahora. Hace diez años las empresas preferían un licenciado o un diplomado. Hoy no”, sentencia Santos.

 DIARIO DE SEVILLA