Editorial
EXPANSIÓN

Aunque los independentistas catalanes se afanan para tratar de desacreditar cualquier advertencia sobre las consecuencias negativas de una hipotética ruptura unilateral de Cataluña con el resto de España, lo cierto es que las empresas y los inversores están adoptando medidas para evitar verse atrapados en un escenario que sin duda sería perjudicial para sus intereses. De hecho, el gobernador del Banco de España, Luis María Linde, alertó el lunes de que la salida inmediata de la zona euro y la pérdida de acceso de los bancos catalanes a la liquidez del BCE que provocaría una declaración unilateral de independencia del Ejecutivo de esta comunidad autónoma que se forme tras las elecciones de este domingo dispararía el riesgo de un “corralito” similar al que decretó Grecia el pasado mes de junio. Como desvela hoy este periódico, está creciendo exponencialmente el número de empresas, fondos e inversores que imponen la inclusión de cláusulas en sus contratos más recientes para protegerse frente a los perjuicios que se derivarían de una secesión no pactada de Cataluña, bien mediante la cancelación anticipada de los acuerdos, bien con garantías para asegurarse el cobro de los servicios prestados en euros.

Estas precauciones son comprensibles desde el punto de vista financiero ante el envalentonamiento del movimiento independentista. Ayer mismo, el aún presidente de la Generalitat catalana, Artur Mas, insistió en que “el proceso de separación unilateral de Cataluña” es imparable a menos que el Gobierno central convoque un referéndum viculante sobre la independencia. Un mensaje que no es precisamente tranquilizador para las empresas y los inversores, especialmente los extranjeros. De ahí que destacados gestores de la City londinense, como antes ya habían hecho entre otros los fondos inmobiliarios que últimamente estaban apostando con fuerza por el mercado barcelonés, hayan optado por la prudencia y reducido sus posiciones en Cataluña y el resto de España hasta que se aclare el panorama político en esta región.

Por eso, además de lo oportuno que sería que los independentistas catalanes bajasen el tono de sus amenazas durante lo que resta de campaña electoral para no ahuyentar más a la inversión, convendría pensar ya en el día de después y tender puentes para recuperar el diálogo y que no se prolongue innecesariamente la incertidumbre creada, que tan dañina se está demostrando para la economía de esta autonomía y la nacional.