IGNACIO CAMACHO

La condición primera y más eficaz para que fracase un pacto de gobierno es la de anunciarlo antes de las elecciones. En un sistema mayoritario y de ballotage es obligatorio, pero en uno proporcional como el nuestro equivale a plantear la segunda vuelta antes que la primera. El temor a una victoria o una influyente minoría de Podemos ha renovado en la clase dirigente española el viejo sueño de una coalición estabilizadora entre centro-derecha y centro-izquierda, una suerte de Gabinete de salvación nacional que si ya de por sí es bastante improbable, habida cuenta de la polarización ideológica del electorado, se vuelve directamente imposible cuando se plantea de antemano. Es más, la simple formulación de esa idea refuerza el principal argumento de la nueva formación populista, que es el de la teoría de «las dos orillas»: en una estarían ellos, los verdaderos apóstoles de la izquierda rupturista, y en la otra, el conglomerado dinástico del régimen, el PPSOE, la alianza de supervivencia de los viejos y abotargados partidos del sistema.

Con ese planteamiento que Dolores de Cospedal ha cometido el error de hacer explícito sin comprobar si hay agua en la piscina, Podemos no hará más que crecer a costa de una socialdemocracia emparedada por irrelevante, inhabilitada como receptora del voto útil. La idea también desactiva la posibilidad de que el PP movilice a sus votantes más desencantados agitando el fantasma del frentismo. Salvo que el Gobierno haya cambiado de estrategia y quiera provocar un duelo bipolar a cara de perro con los radicales, eliminando a los socialistas, aparenta un desconocimiento palmario de los resortes emocionales de la izquierda social, mucho más próxima a las recetas de Iglesias que a las de Rajoy; al fin y al cabo, el proyecto de ruptura con el consenso de l a Transición no es más que una destilación extremista de algunos postulados del zapaterismo. Pero fomentar, adrede o no, el desplazamiento de electores del PSOE hacia Podemos parece una ocurrencia tan mala como retirar de la partida a un jugador que se puede acabar necesitando para combinar una buena mano.

En todo caso no es tiempo de i mpacientes, sino de esperar que el recuento reparta las cartas. La regla de oro de la política consiste en pelear cada cual por su espacio y después, a tenor de los resultados, ver el modo de conformar mayorías más o menos estables. Hasta ese instante el adversario principal del PP es la abstención, el del PSOE es Podemos, y el de Podemos, el sistema. Diseñar coaliciones de despacho antes de que hablen las urnas es un ejercicio estéril de ingeniería de gobierno que además los tres contemplan de distinta manera según sus propios intereses. Mientras la derecha sueña con el modelo de grossenkoalition de Alemania, la socialdemocracia sufre pesadillas con el precedente de Grecia… y los populistas piensan en la experiencia de Bolivia.

IGNACIO CAMACHO
ABC