Enric Juliana

LA VANGUARDIA
Ahora hace un año, el 25 de mayo del 2014, las elecciones europeas dieron el primer aviso. Por primera vez en la historia de la democracia, los dos partidos principales sumaban menos del 50% de los votos. En los tres comicios celebrados anteriormente (generales 2008, municipales 2011 y generales 2011), todas ellas bajo el signo de la crisis económica, los electores habían apostado en masa por los partidos grandes. En ese primer tramo de la crisis, la suma de PP y PSOE superó siempre el 70%. Ese patrón se rompió hace un año. Bajo la presión de la crisis, de la corrupción y del cambio generacional, España –con Catalunya en cabeza– se encamina desde entonces hacia un nuevo esquema de partidos, aún en fase de definición y asentamiento. Hace un año empezó todo. Una joven formación llamada Podemos, con muy pocos meses de vida, desafiaba a la pétrea Izquierda Unida y daba la sorpresa con un registro del 7,9%. Al mismo tiempo, un partido de corta historia, hasta aquel momento especializado en la pugna con el nacionalismo en el hábitat catalán, daba el salto al mercado electoral español con el nombre de Ciudadanoas y obtenía un 5,4%, capaz de competir con una UPyD que parecía llamada a grandes operaciones de bisagra. Pasaron más cosas hace un año. El día 2 de junio, el rey Juan Carlos I anunciaba la abdicación. El país recibía una señal fuerte desde la más alta magistratura del Estado, afectada por el óxido de un tiempo turbulento. Mensaje: renovación antes de que las cosas se compliquen más de la cuenta. Un año después aún estamos en tiempo de tránsito y las elecciones de este pasado domingo acaban de dejar a los dos grandes partidos en la frontera del 50%. Partido Popular, 27% en voto municipal (hace un año, 26%). PSOE, 25% (hace un año, 23%). Nadie puede afirmar seriamente que el bipartidismo esté recuperando el pulso en España. Un nuevo patrón electoral se abre paso y avanza hacia los comicios que tendrán lugar después del verano: elecciones catalanas en septiembre; elecciones generales, en noviembre o diciembre. El nuevo patrón presenta dos velocidades. En los pueblos, en las pequeñas ciudades y en las capitales de provincia de la España interior, los cambios son bastante más lentos y las viejas fidelidades aguantan mejor. Las grandes ciudades, por el contrario, empiezan a estar dominadas por la agitación, la novedad y el cambio. En las grandes ciudades se va a decidir, a medio plazo, el futuro político de todo el país. Informe sísmico. En Barcelona, Ada Colau, nacida en 1974, hasta hace unos meses líder de la plataforma contra los desahucios, se acaba de llevar por delante al alcalde Xavier Trias i Vidal de Llobatera, nacido en 1946, el hombre tranquilo de CiU que creía haber encontrado la horma de la capital de Catalunya. En Madrid, Manuela Carmena, antigua juez de 71 años, que perteneció al Partido Comunista de España y sobrevivió en 1977 a la matanza de los abogados laboralistas de Atocha, va a enterrar la carrera política de Esperanza Aguirre Gil de Biedma, de 63 años, protagonista de una campaña electoral delirante, que en el PP nadie ha entendido. Aguirre ofrecía a los madrileños la apoteosis barroca de su propio personaje y los barrios del sur la han rechazado en masa. Aguirre, inefable, ha convocado con ahínco a sus oponentes. En Valencia, más de un millar de personas se congregaron el domingo por la noche en la plaza del Ayuntamiento para celebrar la derrota de la alcaldesa Rita Barberá, en el sillón desde hace veinticuatro años. La plaza estaba llena de jóvenes. El PP se ha desplomado en todo el País Valencià, sin que el anticatalanismo haya tenido esta vez ningún efecto electoral. El éxito de la coalición valencianista Compromís ha sido más que notable. El PP también se ha desmayado en Baleares y Aragón. Un mapa interesante: por primera vez desde la transición, ninguno de los territorios de la antigua Corona de Aragón será gobernado por el partido de la derecha española. La sacudida en los grandes núcleos urbanos lleva el sello de Podemos, aunque no pertenece en exclusiva al partido de Pablo Iglesias. En Valencia, Podemos ha pinchado por falta de arraigo. La victoria de la Marea Atlántica en A Coruña y Santiago, suena a Podemos, pero tiene raíces propias. Ada Colau, Manuela Carmena, Mònica Oltra (líder electoral de Compromís), Pedro Santiesteve (líder de Zaragoza en Común), Xulio Ferreiro (líder de Marea Atlántica en A Coruña), Martiño Noriega (ganador en Santiago con Compostela Aberta)… son los nombres propios del terremoto urbano. En las ciudades de la falla tectónica, el PSOE ha retrocedido. En la zona de ruptura, el protagonismo es de Podemos, de sus aliados y de sus hologramas. Un año después del aviso de las europeas, Ciudadanos consigue el título de tercer partido, puesto que Podemos no se presentaba en las municipales con su nombre. Ciudadanos mejora un poco el porcentaje de hace un año (6,5%), pero no confirma las expectativas supersónicas fabricadas por algunos medios de comunicación. Obtiene poco juego en el tablero. Puede decidir las presidencias de la Comunidad de Madrid, La Rioja y Murcia, dominadas por la derecha. No le será fácil a Albert Rivera evitar el papel de peón auxiliar del PP. La Comunidad de Madrid será piedra de toque. Catalunya se dirige hacia los idus de septiembre sin una Barcelona soberanista. El PNV se prepara para tutelar el lío de Navarra. Y Mariano Rajoy, con el partido medio desarbolado, bruñe su gran eslogan de otoño: “O nosotros o el caos”. El riesgo de no leer bien los cambios
Ahora hace un año, Izquierda Unida creía poder ser la gran beneficiaria del desgaste del PSOE, tras la inmolación de José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba. Y se le cruzó Podemos en una carretera que creía totalmente despejada. En el inesperado bólido sonaba música de Venezuela. También hace un año, Rosa Díez soñaba con bisagras de oro al frente de UPyD. Y se le cruzó Ciudadanos, con gasolina Ibex 35 en el motor. IU y UPyD no supieron leer correctamente lo que estaba pasando. Tiene su riesgo no leer bien los cambios de rasante en el actual momento de España (y de Catalunya). UPyD se ha hundido totalmente. IU conserva un millón de votos, pero no puede hacer nada muy visible con ellos. Dos imágenes del domingo: Rosa Díez, demacrada, anunciando su retirada de la política. Paco Frutos, viejo hombre de hierro del comunismo español, con la cabeza hundida entre las manos a los pies de un estrado.
Enric Juliana
LA VANGUARDIA
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