Ana Pérez-Bryan
SUR
El director general de Educación de la Comisión Europea avanza en Málaga las líneas de futuro de la institución: “La clave está en compartir conocimiento”

Que la Universidad ha de adaptarse a los cambios de la sociedad es un hecho que nadie discute, pero en la manera que se transforma y en su capacidad de impacto en este entorno sí hay mucho debate. Así lo demostró ayer el director general de Educación y Cultura de la Comisión Europea, Xavier Prats, con una conferencia sobre el futuro de una institución a la que aguardan «cosas extraordinarias, pero que no será tal y como hoy la conocemos».

Al menos no debería de ser así, sobre todo porque ya se hace necesario un cambio que le permita avanzar y sobre todo que la libre de una estructura que a día de hoy «tiene mucho control, pero poca flexibilidad». Entre otros corsés, el sistema convencional de facultades y departamentos está provocando que «los centros pierdan la transmisión y la certificación del conocimiento». Esto es así, a juicio del experto, porque aún no se ha impuesto como metodología el «compartir conocimientos e ideas». Ahí está la clave de todo: «Hay que avanzar hacia el trabajo interdisciplinar. Es decir, mucha gente compartiendo conocimiento».

Centro de Debate y Desarrollo

Prats, licenciado en Antropología, Economía y Estudios Europeos y con una carrera brillante en el escenario europeo, puso un ejemplo clarificador no sólo de cómo los tiempos cambian, sino también de la importancia de este trabajo en equipo: «Miren, un quirófano de 1915 –dijo enseñando una foto en blanco y negro–. Probablemente el mejor cirujano de este hospital sólo podría aspirar a barrer el suelo de una sala de operaciones de hoy en día –y acompañó su afirmación de una foto con decenas de cirujanos, cada uno aportando su cuota de especialización–».

Este modelo es, en esencia, el que ha de aplicarse a la universidad, que sin embargo no avanza «al ritmo que la sociedad impone». Prats, cuya conferencia servía además para presentar oficialmente en Málaga el Centro de Debate y Desarrollo –una organización de carácter regional impulsada desde la sociedad civil para sumar en los debates de calado–, destacó en este sentido que el peso de la tradición en el concepto de universidad se enfrenta a tres problemas fundamentales: «la globalización, la tecnología y la demografía».

Los datos en este capítulo son esclarecedores: en el año 2000, en el mundo había 91 millones de personas entre 25 y 34 años con título universitario. En 2020, se estima que esta cifra se eleve hasta los 204 millones. El 30% de ellos serán chinos. El «hambre de conocimiento de las economías emergentes», en palabras de Prats, también será definitiva para cambiar las tendencias en materia no sólo económica, sino también educativa, hasta el punto de que China –por seguir con el ejemplo– ocupaba hace quince años el puesto 14 en el ránking de países con más publicaciones científicas, y hoy es el segundo.

En este escenario cambiante, el peso de Europa tiende cada vez más a repartirse entre los nuevos focos de conocimiento y de intercambio de ideas, de ahí la necesidad de no perder este tren. Sin embargo, el director general de Educación y Cultura de la Comisión Europea constata un lastre importante en la visión que el continente tiene de sí mismo: «La diferencia entre Europa y el resto de los países del mundo no está en la crisis porque los otros tienen más desigualdades: está en la falta de confianza que tenemos en nuestro futuro».

Y en ese cambio de visión juega un papel imprescindible la universidad, a pesar de que «cada vez le exigimos más y le damos menos». La importancia de equilibrar este juego de fuerzas la dejó Prats en una reflexión que resulta inquietante: «Si crees que la educación es cara, prueba la ignorancia».

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