El próximo escenario de insolvencia griega se producirá en julio, cuando Grecia tenga que cumplir con el plazo y devolver 3.500 millones de euros que no tiene al FMI y el BCE

Las reformas que la troika está pidiendo a Grecia para seguir desbloqueando fondos de rescate ascienden a 3 puntos de su PIB y la presidenta del FMI, Christine Lagarde, en previsión de lo que se avecina, ha tratado de convencer a la canciller Merkel sobre la conveniencia de una quita de la deuda griega que ponga de una vez el problema en sus auténticos parámetros. Lo que se ha encontrado es una negativa cerrada y una Merkel especialmente del lado del gobierno Tsipras.

«No es que el Gobierno alemán rechace una quita a Grecia, es que legalmente no lo permite la eurozona», aseguró Merkel tras recibir en la cancillería de Berlín a los máximos responsables del FMI, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Trabajo (OIT) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). La canciller alemana desea que estas organizaciones alemanas se impliquen en la solución y que estudien vías alternativas, ajenas y complementarias a las negociaciones de la troika con Grecia, sobre las que se ha limitado a decir que «necesitamos un final rápido de la negociación».

El mensaje de Merkel es una invitación a salir de los parámetros macroeconómicos cerrados que evitan la visión social del problema, así como a la búsqueda de otras vías de ayuda a Grecia, a cuyo gobierno ha reiterado su «solidaridad» y ha calificado de «constructivo».

Lagarde, por su parte, ha insistido en la necesidad de que Atenas aplique reformas «creíbles» y «sólidas», en que no se «han alcanzado aún todos los objetivos», y en que «queda mucho camino por recorrer», coqueteando con la posibilidad de que el FMI no participe en las futuras ayudas si el catálogo de reformas no satisface sus exigencias. Pero Merkel se ha negado siquiera a contemplar esa posibilidad y ha recordado que la estabilidad es «deseada por todos», sugiriendo que una retirada del FMI del tablero griego no haría sino aumentar la inestabilidad europea y global.

ABC

Rosalía Sánchez