Gumersindo Ruiz

DIARIO DE SEVILLA
Si alguien nos hubiera dicho hace un año que una oferta pública de ampliación de capital por una sociedad inmobiliaria, por importe de unos 327 millones de euros, se iba a cerrar en apenas tres horas, habríamos levantado las cejas. Pero esto es lo que ha conseguido la sociedad cotizada de inversión inmobiliaria (Socimi) Hispania, hace unos días, y con un descuento de sólo del 4,7% sobre la cotización de la acción. Esta nueva situación de las inversiones en el sector inmobiliario nos lleva a destacar tres ideas. La primera, que hay dos tipos de inversiones complementarias; una, especulativa, que acude a estas peticiones de capital con el propósito de realizar una plusvalía en un plazo relativamente corto. Y otra, patrimonial, que busca una rentabilidad a largo plazo, en este caso mediante dividendos. El primer tipo de inversor está dispuesto a poner dinero en lo que sólo es un proyecto, y no va a esperar a ver cómo se desarrolla; el segundo realiza una actividad empresarial, profesionalizada, que origina y transforma activos inmobiliarios reales, entre ellos viviendas. Esta actividad a largo plazo, distinta a la promoción, va a dar estabilidad al mercado, y tiene que contar con una estructura financiera adecuada, para ser sostenible. La actividad especulativa va a buscar rentabilidades altas, la empresarial mira hoy a alquileres de vivienda que den resultados razonables, en un entorno del 5%, de oficinas y comerciales del 6%, y hoteles del 10%. La segunda idea se refiere al peligro de una nueva burbuja especulativa, alentada por la política de intereses cero del Banco Central Europeo. Ante la falta de alternativas de rentabilidad, cualquier tipo de inversión, aunque tenga mucho riesgo y poco fundamento, es una tentación. No hay ninguna duda de que en bolsa y deuda estamos reproduciendo la situación de hace diez años, con la diferencia de que ahora se hace con la expectativa de que los bancos centrales no van a dejar caer los mercados; esperemos que no ocurra igual con el sector inmobiliario. La tercera es que no nos vale cualquier tipo de inversión, aunque sume para el objetivo de hacer crecer el producto de la economía -tal como se supone en el programa económico del Gobierno-, pues no es igual comprar y vender activos inmobiliarios haciendo subir su precio que invertir para emprender una actividad productiva en la economía real. Las dos inversiones añaden al producto, pero sólo la segunda crea empleo en la rehabilitación, las reformas, o desarrollo de suelo, sobre todo si es para el alquiler. E indirectamente mueve todas las actividades relacionadas con el sector de la construcción. Estamos a la espera de que se forme el nuevo Gobierno en Andalucía y se debata y lleve a cabo una política de vivienda, que siga las líneas de esta transformación que está experimentando el sector; una política donde cabe el sector público, pues no debe haber obstáculos a que se apliquen estas figuras societarias que tienen como eje el alquiler, a activos inmobiliarios públicos que hasta ahora no se han gestionado de manera que sean parte significativa de la solución del problema de la vivienda.
Gumersindo Ruiz
DIARIO DE SEVILLA
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