Daniel Cela
CORREO
El Gobierno central atribuye la mejoría a este nuevo curso, que saca a los repetidores de la ESO

La tasa de abandono escolar temprano mide el porcentaje de jóvenes de 18 a 24 años cuyo título máximo alcanzado es el graduado en Secundaria. Después de los 16 años, los jóvenes no tienen obligación de seguir en la escuela, y muchos optan por buscar un trabajo de baja cualificación, en vez de continuar sus estudios postobligatorios en Bachillerato o en FP de grado medio.

Andalucía tiene la segunda tasa más alta de abandono de España (por detrás de Baleares), una cicatriz endémica que la Junta siempre ha achacado al retraso histórico de la región y al bajo nivel socioeconómico de muchas familias, que termina lastrando las oportunidades de sus hijos. Sin embargo, la última Encuesta de Población Activa (EPA) hecha pública ayer por el Ministerio de Educación arroja datos positivos y refleja una mejora en la tendencia. En el tercer trimestre de este año, el abandono escolar en Andalucía se situó en el 25,1 por ciento, 3,4 puntos inferior al del mismo periodo de 2014, aunque sigue 5 puntos por encima de la media nacional.

Al comienzo de la legislatura, en 2012, el abandono en Andalucía era del 28,8 por ciento, apenas varió en 2013 (28,7 por ciento), y sufrió leves bajadas trimestrales durante 2014, hasta terminar el año con un 27,7 por ciento. A partir de ahí, la tasa de abandono ha ido cayendo ininterrumpidamente durante este año hasta situarse en el 25,1 por ciento, cuatro puntos por debajo de su pico más alto, en el primer trimestre de 2014 (29,1 por ciento). La evolución positiva tan rápida en el último año arroja muchas preguntas, habida cuenta de que el ritmo del éxito escolar suele ser muy lento. De 2008 a 2012 el abandono escolar en Andalucía cayó casi diez puntos, pasando del 38,5 al 28,8 por ciento, la tasa más baja de los últimos 12 años, y la primera vez que se situaba por debajo del umbral psicológico del 30 por ciento (en 2004 tocó techo con un 39,2 por ciento).

Así que, con la última EPA, cabe preguntarse: ¿qué ocurrió entre 2014 y 2015 para que haya mejorado tan rápido la tasa de abandono, no sólo en Andalucía sino en el país? El Ministerio de Educación ofreció ayer una respuesta nítida: la tasa de abandono ha retrocedido gracias a la nueva Formación Profesional Básica, que se estrenó el año pasado. La FP Básica es un ciclo de dos años para alumnos con dificultades de aprendizaje al que se accede con 14 años (sin título de ESO). Está orientado a la incorporación al mercado laboral, y ofrece pocas posibilidades de sacarse el graduado. El ministro de Educación en funciones, Íñigo Méndez de Vigo, defendió ayer que ha sido la ley Wert, y, más concretamente, la FP Básica la que ha redirigido a los alumnos con más problemas, sacándolos del abandono. «La FP es una alternativa real que puede dar empleo a mucha gente y no es algo de segunda categoría como algunos creen», avisó.

La Junta recurrió la ley Wert ante el Constitucional, en parte, a consecuencia de esta vía, que consideraba una forma de «segregar» a los malos alumnos, y sacarlos del sistema para que no computasen en los índices que miden el fracaso y el abandono. Los últimos datos de matriculación de la FP Básica en Andalucía muestran que cuatro de cada diez alumnos dejaron el ciclo sin terminar. De los 8.538 matriculados el primer año, 3.241 abandonaron (el 37,96 por ciento) y 1.205 repitieron (14,11 por ciento). La consejera de Educación, Adelaida de la Calle, cree que esos 3.241 alumnos «se quedaron fuera del sistema y no volvieron a la ESO». La tasa de abandono ha caído tres puntos desde el tercer trimestre de 2014, cuando se estrena esta vía alternativa a la ESO. ¿Ha dado tiempo a que se note el impacto de la FP Básica, como sostiene el Ministerio? ¿Es verdad que hay menos alumnos que abandonan sus estudios o es que ya no computan en las estadísticas? La Consejería de Educación eludió ayer valorar estos extremos.