Joaquín Aurioles
MÁLAGA HOY

La llegada de la crisis provocó una fuerte contracción en el consumo de los hogares, sobre todo, en 2009. Como consecuencia de ello, la tasa de ahorro familiar, que hasta 2007 se había mantenido en el 13,1% como promedio, se elevó hasta el 18,9%, el máximo en lo que va de siglo. La fuerte convulsión de 2008 forzó a las familias a reducir su endeudamiento y sus inversiones, sobre todo inmobiliarias, y a mantener su riqueza en forma de activos líquidos (cuentas corrientes), en lugar de otras formas de inversión financiera que, a su vez, les proporcionaba un atractivo fondo para contingencias en momentos de incertidumbre.

En los años siguientes se mantuvo la caída del consumo, aunque todavía fue mayor la de la producción, por lo que la proporción de renta gastada en consumo conseguía mantenerse e incluso incrementarse. Como consecuencia de ello, la tasa de ahorro volvió a caer bruscamente, hasta volver a situarse en 2012 por debajo del 13%. Con la llegada de Mario Draghi a la presidencia del Banco Central Europeo (BCE) se producía un giro radical en la política monetaria. En España caía la prima de riesgo y se iniciaba la superación de la crisis de la deuda soberana; también se reducía el tipo de interés oficial y se producían inyecciones masivas de liquidez, aunque sin efectos visibles en la reactivación del crédito. De la reducción de tipos de interés cabía esperar un estímulo al consumo y un nuevo recorte en la tasa de ahorro, aunque la realidad ha sido más bien al revés. La reacción del consumo familiar se demoró hasta 2014, mientras que la tasa de ahorro inició ese mismo año una etapa de moderada, pero también sostenida, recuperación que se ha mantenido hasta la actualidad.

De hecho, según el Banco de España, el volumen de activos financieros en poder de los españoles superó por primera vez durante el primer trimestre de este año los dos billones de euros y se ha mantenido durante el segundo (2,06 billones, en el mes de junio). Si de esta cifra se descuenta el volumen de deudas (803.676 millones, un 3,3% menos que al comienzo del año), se obtiene que la riqueza o ahorro financiero neto asciende a 1.259 millones de euros, un 7,8% más que al principio de 2015. ¿Significa esto que durante el primer semestre de 2015 los españoles nos hemos enriquecido en ese porcentaje? Naturalmente que no y la principal razón es que, junto a la riqueza financiera, está la no financiera, cuyo valor más importante es el inmobiliario. Según Inverco (Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva y Fondos de Pensiones), el valor del patrimonio inmobiliario se ha reducido en un 33% desde que comenzó la crisis, lo que sugiere un intenso proceso de transformación de activos inmobiliarios en financieros, con una clara preferencia por los seguros de vida y planes de pensiones. Conviene precisar que, a pesar del fuerte crecimiento desde 2013, todavía estamos lejos de los más ricos. Según Allianz Global Wealth Report 2014, la riqueza financiera neta por habitante en España ascendió a 21.989 euros en 2013 (el puesto 20 del ranking), 6,5 veces menos que Suiza y 5,5 veces menos que Estados Unidos, aunque también bastante mejor repartida.