Gumersindo Ruiz
MÁLAGA HOY

ES importante el premio concedido por la Comisión Europea al programa de impulso a la construcción sostenible de la Junta de Andalucía, al considerarlo el mejor proyecto en innovación, impacto, sostenibilidad y colaboración entre administraciones públicas y empresa privada. De este programa ya hablamos en su día, y será recurrente, pues la nueva construcción sigue siendo uno de los pilares en los que ha de apoyarse el crecimiento y el empleo en Andalucía. Si se combina con eficiencia energética, abre oportunidades a empresas, universidades y profesionales, que aplican tecnologías a la construcción.

Como pusieron de manifiesto el consejero de Empleo, Empresa y Comercio, José Sánchez Maldonado, y la directora de la Agencia Andaluza de la Energía, Natalia González, no se trata de un proyecto nuevo, sino de continuar con una idea iniciada ya hace trece años sobre el uso inteligente de la energía, que está empezando a dar resultados. En este último programa se han movilizado 258 millones de euros, repartidos en unas 40.000 actuaciones, y 8.000 empresas colaboradoras, lo que refuerza una tendencia a emprender muchas y pequeñas acciones, más que grandes proyectos, e ir afianzando una base empresarial que en Andalucía es débil.

Tres autores, Bobbs, Manyika y Woetzel, acaban de sacar un libro cuyo título podemos traducir más o menos así: «Una disrupción no ordinaria: las cuatro fuerzas globales que rompen todas las tendencias». Una de estas fuerzas es la empresa circular, que buscando trabajar de la manera más eficiente posible ahorra en recursos y aprovecha todo lo que puede de su ciclo productivo. En lo que respecta a la construcción sostenible, por la que ahora nos premian, está claro que es fundamental, pero también están los hoteles y el consumo de energía y agua, el transporte, la restauración y el comercio y sus controvertidos residuos. Una logística óptima, un consumo ajustado, un reciclaje que se acerque a lo perfecto supone a la vez reducir costes, ganar en competitividad, y que la empresa se haga verde. Más que una legislación que encarece, la sostenibilidad incorporada a producción es una forma de sobrevivencia ante la competencia, y una manera de que las empresas nuevas, con nuevas tecnologías y prácticas, se hagan un hueco en el mercado. Las que están establecidas ya toman iniciativas, como la de ropa H&M, que hace un par de años animó a los clientes a que entregaran ropa usada para ser reutilizada, a cambio de un descuento en sus compras; de esta manera se integraba una campaña de sostenibilidad con otra de ventas.

La continuidad en lo que se hace es fundamental para Andalucía porque los procesos de desarrollo son largos, y se ven interrumpidos por crisis externas, o por burbujas en las que parece que no hay límites, y dejan luego una secuela de deterioro empresarial y laboral. Se anuncia ahora una nueva inversión de 255 millones en programas de desarrollo sostenible, pero tan importante como el apoyo económico es que la empresa crea de verdad en este círculo virtuoso de la eficiencia productiva y la sostenibilidad, casi un círculo mágico capaz de transformarla y elevarla a un estado de gestión perfecta.