Montserrat Gomendio
EL MUNDO

La era digital ha revolucionado nuestra forma de comunicarnos, de relacionarnos con amigos y personas de nuestro entorno laboral, de obtener información, ha generado nuevas vías y formatos de buscar noticias, y ha creado nuevas formas de ocio.

Los jóvenes (y los que ya no lo son tanto) han adoptado este lenguaje como su forma natural de relacionarse con el mundo, lo que ha creado una demanda tal que cada hogar, cada oficina, cada aeropuerto, aspira a tener conexión a internet. Sin embargo, como dijo el presidente Obama cuando presentó la inciativa ConnectED: «¿Por qué en un país en el que esperamos tener acceso a Wi-Fi mientras tomamos un café, no lo deberíamos tener en nuestros colegios?».

El presidente Rajoy ha presentado recientemente un proyecto con unambicioso objetivo: conectar todos los centros escolares sostenidos con fondos públicos a internet de alta velocidad. En realidad, el objetivo es aún más ambicioso, puesto que se pretende conectar a todos los alumnos de estos centros, que son más de 6,5 millones. El modelo de «aula de informática», donde un grupo limitado de alumnos puede trabajar unas horas en un ordenador común, ha quedado obsoleto. Para que cada alumno tenga conexión continua y de calidad es necesario conectar todos y cada uno de los pupitres. Puesto que un centro escolar tiene de media cientos de usuarios más que un hogar, es necesario que la conexión sea a través de banda ancha ultrarápida.

Este proyecto permitirá que todos los alumnos tengan acceso a los mejores recursos de educación a escala mundial. Los contenidos curriculares de otros profesores, vídeos de otras clases, recursos didácticos desarrollados por expertos, al igual que todos los libros digitales, estarán al alcance de un click con la yema de sus dedos.Este aula sin fronteras será igual para todos los alumnos, independientemente de que vivan en una gran ciudad o en un pequeño pueblo remoto. De esta forma, se superará la brecha digital que aún divide las zonas rurales de las urbanas, convirtiéndose en un potente elemento de fomento de la equidad.

Además, la mochila digital se convertirá en una realidad efectiva, disminuyendo el coste del material escolar, y mejorando su versatilidad y capacidad de adaptación a un entorno en continua evolución.

Pero la universalización del acceso a internet de alta velocidad en los centros no sólo es un beneficio y una herramienta para los estudiantes. Maestros y profesores tienen también mucho que ganar con ella. La incorporación de las aulas a la era digital permite una revolución en la metodología de la enseñanza, que requiere de un cambio tanto en el papel del profesor como en el del alumno.El profesor deja de ser un mero transmisor unilateral de conocimientos, para pasar a ser un supervisor del desarrollo individual de cada alumno, y un promotor del trabajo en equipo, la creatividad, y la aplicación del conocimiento a la resolución de problemas complejos. Las tecnologías de la información no son ni mucho menos un sustituto del profesorado sino -al contrario- un potenciador de su papel.

Los alumnos, por su parte, dejan de ser sujetos pasivos, pues pasan a tener un protagonismo y una responsabilidad importantes en la definición y consecución de sus metas educativas; en la búsqueda y valoración de las fuentes de información. El proceso de aprendizaje pasa, por tanto, a ser más individualizado, interactivo y apasionante.

Finalmente, las tecnologías de la información permiten que los docentes intercambien contenidos curriculares, además de buenas prácticas y materiales que elaboran ellos mismos. Las redes de profesores permiten establecer diálogo entre ellos, que en España aún es muy limitado. De esta forma, nuestros profesores se podrán incorporar a las redes de docentes que ya existen a nivel mundial, y que representan un enorme laboratorio de ideas sobre las mejores metodologías docentes.

Hasta hoy, España se encontraba más retrasada que otros países de Europa en cuanto al número de centros que tienen conexión de calidad a internet. Gracias a este proyecto, España se convertirá en dos años en uno de los países más avanzados de Europa.

Para poner en marcha este proyecto, el convenio marco de colaboración firmado entre el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, el de Industria, Energía y Turismo, y el de Economía y Competitividad, junto con la entidad pública empresarial Red.ES, supone la movilización de importantes recursos económicos: 330 millones de euros, cofinanciados por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional, a ejecutar hasta el año 2017.

Este gran proyecto, así como las restantes medidas de política educativa adoptadas por el Gobierno durante esta legislatura, permitirán que los alumnos de hoy sean los responsables mañana de la transformación de España en un país fuerte, innovador, competitivo, inclusivo y respetuoso con el medio ambiente.

Lo mejor que una generación puede dejar a la siguiente es una educación de calidad. Todos los niños y las niñas deben poder acceder a una educación tal que les permita desarrollar todo su talento, que les conduzca más allá de sus propias expectativas, y que les equipe para afrontar los desafíos de la vida y cumplir sus aspiraciones. Una educación de calidad es el principal motor de movilidad social y este Gobierno ha trabajado desde el primer día en conseguir que el sistema educativo sirva con eficacia a esta misión.

Gracias a una buena educación las personas consiguen mejores empleos, son capaces de adaptarse a la revolución tecnológica y de asimilar la rápida evolución del conocimiento.

Todo el Gobierno está comprometido en la tarea de equipar a nuestros jóvenes con los conocimientos y las competencias necesarias para que tomen las riendas de nuestro futuro con la ilusión y la capacidad necesarias, con el objetivo de que nuestro país juegue en igualdad de condiciones con un número cada vez mayor de países que han hecho de la educación su principal palanca de cambio y su principal fortaleza. Sin duda, éste será el grupo de países más prósperos y equitativos. Sin duda, éste es el grupo al que España no quiere sólo pertenecer, también contribuir a liderar a través del talento de nuestros jóvenes. Gracias a esta iniciativa, ningún alumno quedará al margen de este gran desafío que afrontamos en conjunto, y todos sin excepción podrán participar en la labor de construir un país mejor.

Los frutos de una educación de calidad tienen, además, importantes implicaciones para el país en su conjunto. Una educación inclusiva y de calidad fomenta el crecimiento económico sostenible, consigue una sociedad más justa e integrada, promueve el desarrollo de la innovación y la creatividad y permite que un país juegue un papel más relevante en un mundo globalizado, en el que el talento formado es hoy más importante que cualquier riqueza natural. En definitiva, la educación de calidad es el principal motor de transformación de un país.

Montserrat Gomendio
EL MUNDO