Joaquín Aurioles
MÁLAGA HOY

Las cartas están sobre la mesa. El Partido Popular reclamará el premio a su política económica en las elecciones autonómicas y municipales, con las generales en el punto de mira. Se sale de la crisis con pie firme, un llamativo, pero también prudente, 2,9% de crecimiento y creando empleo al mismo ritmo (500.000 empleos nuevos equivalen al 2,9% de los 17,4 millones de ocupados actuales), aceptando el estancamiento de la productividad a corto plazo. También mejoran las condiciones financieras para el conjunto del país y la inversión, lo que significa que también mejoran las expectativas empresariales.

El Partido Socialista demandará el castigo por el aumento de la desigualdad. Los beneficios de la recuperación se perciben, sobre todo, en la Bolsa y en los mercados de capitales, pero los parados de larga duración, el 45% del total de los parados en 2013, siguen en el desempleo, lo que significa que el porcentaje tiende a incrementarse. Algo parecido a lo que ocurre con los jóvenes, especialmente los de menor cualificación, con los parados mayores de 45 años o con los inmigrantes, es decir, de los segmentos más vulnerables de la sociedad y también los más golpeados por la crisis.

Dos mensajes contradictorios y, a pesar de ello, los dos verdaderos, aunque a medias porque ofrecen una visión parcial. La que a cada cual interesa destacar. Si acudimos a la contabilidad nacional, los grandes datos dan la razón al gobierno, puesto que desde el primer trimestre de 2014 las tasas de variación en el PIB son positivas y cada vez mayores, mientras que en lo que se refiere al empleo, el sistemático incremento en el número de parados desde el tercer trimestre de 2007 se detuvo de forma radical en el primero de 2013. La contabilidad nacional también nos dice que la participación de las rentas del trabajo en el PIB, que llegaron a representar más del 50% en 2009, se ha reducido en más de cuatro puntos desde entonces, mientras que las rentas mixtas (autónomos) y el excedente de las empresas (el 40% del PIB a finales de 2006) han incrementado en aproximadamente tres puntos su participación. La interpretación intuitiva es que la crisis ha destruido más empleos que empresas y que el aumento de la demanda de empleo durante la recuperación se relaciona con unos costes laborales que crecen a un ritmo (0,6% en 2013 y 0,5% en 2014) inferior a la mitad que en el resto de la Eurozona y el conjunto de la UE.

Mi impresión tras las elecciones andaluzas es que la desafección con la política debilita el impulso ideológico en el votante, que prefiere decidir en función de las expectativas de solución a sus problemas antes que en premiar o castigar la política económica. El otro gran tema, la corrupción, es un arma arrojadiza en ambas direcciones de la que pueden beneficiarse los nuevos partidos. Hasta ahora el castigo con la incompetencia económica ha sido bastante mayor que con la corrupción. Con los nuevos partidos, las teorías que explican la impunidad de las urnas con la corrupción en base a que la única opción para el votante era elegir la mejor alternativa entre los corruptos pueden quedar obsoletas.

Joaquín Aurioles
MÁLAGA HOY