Raúl Estévez

DIARIO DE SEVILLA

En los azarosos tiempos en los que vivimos, la corrupción se ha convertido en un elemento más del paisaje. No hay nada más peligroso que asumirla como inevitable. Ésta fue una de las conclusiones y, a la vez, motivo principal de la celebración de la jornada Terapia contra la corrupción, que ayer tuvo lugar en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, organizada por el Centro de Debate y Desarrollo, la Fundación Astigi, el Grup Set y el Círculo de Economía de Barcelona. En las tres mesas de debate que compusieron la jornada se debatió sobre los valores en la sociedad civil, la ética en los negocios y la honestidad en la política, lo que permitió ofrecer una visión integral de lo perjudicial que puede llegar a ser la corrupción para cualquier país y plantear algunas posibles soluciones.

Especialmente interesante, por ser un fenómeno que parece al alza en los últimos años, fue la mesa que analizó la corrupción política. Como advirtió su moderador, el director de Publicaciones del Grupo Joly, José Antonio Carrizosa, este tipo de corrupción se ha triplicado en los últimos cinco años, según datos del propio Ministerio del Interior. Por eso, la catedrática de Ética de la Universidad de Valencia, Adela Cortina, afirmó que “hay que convencer a la gente de lo extraordinariamente perjudicial que es la corrupción para la sociedad” y puso énfasis en que la corrupción “es de tramas, no de personas.

El catedrático de Economía de la Universidad de Sevilla, Juan Torres, incidió en que es fundamental que se cumplan la leyes ya existentes, más que rehacer la legislación para, por ejemplo, que la financiación de los partidos sea más transparente. También se elogió el papel de los medios de comunicación a la hora de denunciar los malos usos del dinero público. “Donde hay más libertad de prensa, hay menos corrupción”, aseguró Torres. Cortina, por su parte, matizó que sería bueno que “los medios ayuden a levantar la moral del país dando noticias positivas” porque lo peor que le puede pasar a España es caer en “la desmoralización”.

El papel de los formaciones políticas emergentes también tuvo su espacio en la mesa. Sobre ellas, ambos ponentes coincidieron en que es “muy importante que demostraran que de verdad tienen funcionamientos distintos” y no sólo se aprovechen del “descontento social”.