Ignacio Camacho

ABC
No funciona. La estrategia de Rajoy no ha funcionado en Andalucía, no va a funcionar en las municipales de mayo y no se sabe si funcionará en las generales de noviembre. El electorado no compra la teoría de la recuperación, bien porque no la percibe o porque tiene pendiente un ajuste de cuentas. Y cuando la gente te quiere dar una bofetada te la da por estupendo que te pongas. Es tan sencillo como acercarse a las urnas y votar a otro. Y el problema es que antes no existía ese otro y ahora sí. Hasta no hace mucho la única manera que tenía el votante de centro-derecha de castigar al PP sin traicionarse a sí mismo era quedarse en casa. Ahora puede votar a Ciudadanos, que ha pasado por el lugar adecuado en el momento oportuno. Luego tal vez se arrepienta si los chicos de Rivera, llevados de ese complejo tan español de no parecer de derechas, utilizan ese voto para pactar con los socialdemócratas, pero el bofetón ya está dado. Y las elecciones andaluzas han demostrado que hay muchas personas con ganas de darlo por diversas razones. Por las subidas de impuestos, por el aborto, por los ajustes, por los incumplimientos de promesas, por la falta de empatía hacia el esfuerzo de las clases medias. Y también por la corrupción aunque en Andalucía suceda el hecho asombroso de que la factura de la corrupción se la cobren al que no se ha corrompido (allí). Cosas que pasan. Y que en política hay que saber que pasan. Ocurre también que el Partido Popular se ha ido de Andalucía durante dos años. Incapaz de digerir el fiasco de 2012, cuando ganó con mayoría insuficiente, se ausentó de la política regional y la dejó por completo en manos del PSOE. Esa tardanza tan marianista ha provocado el desconocimiento y la falta de arraigo de un candidato nuevo que luego ha demostrado ser, en la campaña, un político aceptable. Pero muchos ciudadanos se han desenganchado por sentirse desatendidos. Si te olvidas de ellos dos años no puedes esperar que luego acudan cuando los llamas. Si algo sabe Rajoy es que el éxito hay que rumiarlo con dedicación, paciencia y tiempo. Que no se puede improvisar, y menos tras un fracaso.
La advertencia del domingo es seria. Los resultados andaluces no se van a repetir de manera literal pero expresan una tendencia muy clara al voto de castigo. El PP lo va a recibir de nuevo en mayo y perderá un montón de capitales y algunas autonomías. Pero es que además, con esa facturación en Andalucía y la raquítica presencia en Cataluña no se pueden ganar unas generales. Si no rectifica, y tal vez incluso para eso sea tarde, avanza hacia un descalabro. Se le escapan los votos como una sangría en el costado. Por primera vez desde Fraga, el centro-derecha español corre serio peligro de fracturarse como proyecto unitario. El presidente, un hombre de partido antes que nada, ha de ser el primero en saber lo amargo que sería que eso ocurriese bajo su mandato.
Ignacio Camacho
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