Los indicadores de confianza auguran una ralentización de la actividad económica a medio plazo. La ausencia de reformas estructurales y la falta de Presupuestos serán los mayores frenos para el crecimiento

“Un Gobierno en funciones no puede elaborar Presupuestos, no se pueden aprobar leyes ni tomar iniciativas económicas importantes. El nivel de incertidumbre se acumula y puede afectar a la situación económica cuando nos queramos dar cuenta. Llegará un momento en el que los mercados empezarán a preguntarse qué ocurre en España”. Con estas contundentes afirmaciones el ministro de Economía en funciones, Luis de Guindos, alertó ayer que la falta de Gobierno no saldrá gratis. “No hay inercia que dure siempre”, sentenció antes de recordar que “hay indicadores cualitativos, de opinión y de demanda de crédito que anticipan que la economía española se va a desacelerar”.

Aunque algunos indicadores económicos son positivos y desconciertan a los que esperaban que la economía se desacelerara ya durante este año, los expertos explican que España aún vive de vientos de cola como las reformas impulsadas en la pasada legislatura y la aprobación de los Presupuestos de 2016. Sin embargo, el Indicador Sintético de Actividad (ISA) -que elabora el Ministerio de Economía y que avanza la evolución de la economía con seis meses de adelanto- ya muesta que a comienzos de año la economía podría comenzar a ralentizarse. Si a finales de 2015 el ISA repuntaba un 3,2% interanual, en el segundo trimestre lo hace a un ritmo del 2,6%, 6 décimas menos.

A esto se suma que la confianza económica de España cayó en agosto al nivel más bajo desde 2014, según el indicador que elabora la Comisión Europea. El indicador de clima industrial (ICI) se situó también en agosto en los -4,7 puntos, 6 menos que un año antes. Francisco Cabrillo, catedrático de la Universidad Complutense, considera que “la tendencia se acabará agotando en todo caso”. “No sabemos cuánto va a durar pero se va a agotar”, sentencia.

Cabrillo coincide con María Jesús Fernández, analista de la Fundación de Cajas de Ahorro (Funcas), en que el impacto de la incertidumbre política en la economía sería mayor “si se vislumbrase un Gobierno muy a la izquierda”, con reformas que las empresas y los inversores consideren que serían más perjudiciales que el hecho de que no haya Gobierno”.

Daniel Fuentes, responsable de macroeconomía de Afi, da por hecho que los próximos Presupuestos se van a prorrogar y que quedan reformas pendientes para consolidar la creación de empleo. “No vemos el impacto de la parálisis institucional en las variables coyunturales pero sí que puede haber un impacto de carácter estructural a medio y largo plazo”.

Cuentas públicas

Francisco Vidal, economista de Intermoney, avisa que el principal problema es que “necesitamos ir a Bruselas con un Presupuesto creíble en octubre”. También cuestiona el acuerdo entre el PP y C’s, avisando que aunque se ponga en marcha la legislatura el gasto aparece rápidamente en la Contabilidad Nacional pero los ingresos llegan siempre con cierto retraso. Todos los expertos coinciden en que la inversión puede ser la gran perjudicada de la parálisis política y puede haber ayudado a mantener el crecimiento por encima del 3% que tras las elecciones del 26 de junio se haya eliminado la posibilidad de que haya un Gobierno apoyado por formaciones como Podemos, que impulse medidas que rozan el populismo.

José Luis Martínez Campuzano, portavoz de la Asociación Española de Banca, avisa que “el ritmo de crecimiento actual es fuerte, pero también en buena parte cíclico, por lo que las reformas estructurales son claves para hacerlo más sólido y sostenible”. “La estabilidad institucional es fundamental para que los agentes económicos, públicos y privados, puedan adoptar sus decisiones de inversión y garantizar así la continuidad del crecimiento y la creación de empleo, objetivo que debe ser prioritario habida cuenta que hay todavía cuatro millones de personas sin trabajo”, remacha este experto.

Los economistas dan por hecho que los primeros efectos de la parálisis política -que tarda tres o cuatro trimestres en trasladarse a la actividad real- se notarán en 2015, cuando la economía pasará de crecer por encima de un 3% a avanzar más cerca de un 2%. Según Miguel Borra, presidente de CSIF, incluso entre los funcionarios se observa la incertidumbre: “Hay una parálisis que ya se empieza a notar”, advierte.

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