Olga R. Sanmartín
EL MUNDO

Cada vez que Shanghai, Singapur o Corea del Sur aparecen en los primeros puestos del ránking del Informe PISA, los gobiernos occidentales se ponen como locos a intentar copiar el modelo asiático. Pero ni esta prueba que realiza la OCDE a los estudiantes de 15 años es la panacea ni es acertado poner toda la atención en el método, cuando, en realidad, los buenos resultados obedecen más a la cultura asiática o a la implicación de los padres que al sistema en sí.

De todo esto habla John Jerrim, un jovencísimo -tiene 31 años- pero brillante profesor de Estadística Educativa y Social del Instituto de Educación de la University College London, que ayer pasó por Madrid para dar una conferencia en la Fundación Ramón Areces. Habituado a desmontar tópicos educativos, sostiene que los alumnos asiáticos sacan buenas notas, pero no progresan; que no son tan infelices como solemos pensar, y que están «tan presionados como los occidentales».

 ¿Los estudiantes chinos son más inteligentes que los occidentales?
Mucha gente lo cree, pero no existen evidencias de que realmente así sea. Se suele pensar que la razón de que tengan tan buenas notas en PISA es que son más inteligentes. Aunque aceptáramos este argumento, esto explicaría sólo la tercera parte de la diferencia con los niños occidentales. El resto son factores culturales, la implicación de los padres y otros aspectos.

Se dice también que estos niños sacan tan buenas notas a costa de su felicidad.
La prensa dice que estos niños no están contentos en el colegio y que hay altas tasas de suicidios. Pero, cuando se examinan los datos, se ve que no hay un nivel de malestar más alto y tampoco se observa una diferencia tan grande con los occidentales. Tanto los niños españoles como los asiáticos reciben un alto nivel de presión, según los estudios. Yo creo que los niños, en todo el mundo, reciben presión en el colegio.

¿En qué sentido?
Hay una presión cada vez mayor porque en el colegio les exigen logros en función de exámenes cuyas puntuaciones se tienen mucho en cuenta. Parte de lo que significa crecer tiene que ver con afrontar estas presiones, porque forman parte de la vida, pero los alumnos de los sistemas educativos occidentales están sometidos a la misma presión que los asiáticos y en algunos niños esto acaba saturándoles. El Informe PISA es interesante, nos dice cosas, pero la gente se está excediendo en la importancia que le concede y está sobreinterpretando sus resultados. Al final, tiene limitaciones.

¿Por ejemplo?
Los alumnos de Shanghai sacan buenas notas en PISA, pero hemos visto que progresan muy poco entre que empiezan y terminan el colegio. Hasta que PISA empiece a medir el progreso de los niños, va a ser limitada su eficacia a la hora de decirnos si funcionan los sistemas aplicados en las escuelas.

Dice que la implicación de las familias influye en la calidad educativa. En España, como es difícil conciliar la vida familiar con la laboral, no es muy frecuente que los padres pasen la tarde con sus hijos. ¿Esto puede influir en los malos resultados que obtienen los alumnos españoles?
Es complicado decirlo. Lo que sé es que los padres asiáticos se interesan especialmente por la educación de los niños e invierten mucho más en educación fuera del colegio. Se gastan más en clases particulares.

¿En qué puede mejorar el sistema educativo español?
Hace poco hicimos un estudio y lo que vimos es que los españoles están retrasados a los 15 años, pero también a los nueve. Creo que las políticas educativas no deberían centrarse sólo en mejorar la Secundaria, sino en Primaria o incluso en Infantil. Pero una de las grandes limitaciones de los ránkings es que no dicen lo listos que son los niños cuando empiezan el colegio, lo que nos lleva a pensar si es cuestión del sistema o de factores que existen antes de que el niño vaya a la escuela.

¿Qué le parecen las evaluaciones externas, las llamadas reválidas, que ha puesto el Gobierno español?
En Reino Unido somos expertos en someter a pruebas a los niños. Tenemos ránkings que nos dicen qué colegios los hacen mejor y existen incentivos en función de sus resultados. Muchas veces los colegios ponen todo su afán en conseguir una buena puntuación en esas evaluaciones y se olvidan de otros asuntos. A los niños se les machaca para lograr buenos resultados. Habría que tener en cuenta las consecuencias negativas que puede tener el hecho de que los colegios estén demasiado obsesionados por quedar bien.

La reforma española ha instaurado dos pruebas -a los 16 y a los 18 años- que, si no se aprueban, impiden al alumno seguir estudiando.
Si vas a usar un sistema así, lo importante para esos niños que no aprueban es que tengan alternativas, en el sistema educativo o laboral.