El año ha llegado lleno de incertidumbres políticas y económicas. ¿Cómo la afrontan los empresarios andaluces? Vemos el panorama político con mucha preocupación, porque el año 2015 ha sido muy intenso y complejo desde el punto de vista político e institucional, con muchas citas electorales y los empresarios aspiramos a que este nuevo año haya pronto una normalización desde el punto de vista político. 2016 ha empezado con sorpresas, con cuestiones graves, como la situación de Cataluña, pero tenemos que afrontarlo con entereza, con templanza, con prudencia y con la capacidad suficiente de mirar hacia adelante con el convencimiento de que todos los que estamos por la unidad de España estamos del lado del Derecho, que tiene que aplicarse.¿Quién quiere invertir en un país que está poniendo en cuestión su propio sistema? Hay importantes empresarios catalanes que apoyan la independencia… Estas cosas siempre ocurren. Hay una mayoría silenciosa en Cataluña, no sólo de empresarios, sino de ciudadanos que no salen a la calle, pero luego hay una minoría que se hace notar más y parece que representa al resto. Pero nos consta que la mayoría del empresariado catalán es muy cualificado, muy sensato y que siempre se ha caracterizado por el seny, ese sentido común casi proverbial. A nivel nacional, ¿cuál es la apuesta de los empresarios andaluces para conformar un Gobierno en España? Los empresarios apostamos por la certidumbre y por la estabilidad, que garantizan la seguridad jurídica. La empresa quiere unas reglas del juego claras para invertir. Mantengo que hay que intentar conseguir un buen acuerdo por parte de los partidos que los españoles han votado mayoritariamente, que son PP y PSOE, y en segundo nivel Ciudadanos, un partido que también cree en unos postulados básicos de convivencia y de unidad de España. ¿Le da miedo un pacto del PSOE con Podemos y fuerzas de izquierda? Respeto todas las formaciones políticas, y no tengo miedo de nada, de un pacto de izquierdas o de cualquier fórmula, pero hay que dejar un tablero claro para los próximos años. Lo ideal sería ese gran pacto PP-PSOE que nos diera estabilidad, como en otros países de la UE, al que se sumara Ciudadanos y todo el que quisiera. ¿Hasta qué punto esta incertidumbre puede afectar a nuestras previsiones económicas? Mucho. Se puede dar la circunstancia terrible de que paralicemos el crecimiento previsto. No olvidemos que 2015 ya lo hemos perdido entre citas electorales. En Andalucía hemos tenido 3 citas -autonómicas, locales y generales-, cada una de las cuales supone una media de 74 días perdidos entre creación de candidaturas, campaña electoral, constitución de nuevos gobiernos… Eso multiplicado por tres son unos 212 días. Si a eso sumamos los 83 días que tardó la presidenta en ser investida, nos situamos en 300 días, más los 30 días inhábiles de agosto…, nos ponemos en 330 días del año de parálisis en la acción de gobierno en plena crisis. Eso es inasumible. ¿Cree que no debió haber elecciones anticipadas en Andalucía? Me refiero a que en 2015 se ha producido la peor de las coyunturas, porque se ha paralizado la acción de gobierno en el momento clave de la posible reactivación económica. Mire, en ocho largos años de crisis el 10 por ciento del tejido productivo andaluz ha desaparecido, así como 54.000 pequeñas y medianas empresas y autónomos, y 300.000 empleos. Y encima 2015 se ha perdido. No podemos permitir que 2016 sea igual. Necesitamos el mayor impulso a la actividad económica y convertir nuestros problemas en una gran oportunidad. La situación de Cataluña, que parece un sainete, debe servir para obligar a los grandes partidos a reaccionar y que reduzcamos los plazos para acordar una estabilidad. No podemos esperar a marzo para decidir si volvemos a convocar otras elecciones en mayo. Debe haber altura de miras. ¿Ve usted a Susana Díaz en esas posibles nuevas elecciones en Madrid? Sinceramente, no. No la veo allí a corto plazo, aunque es una cuestión que se nos escapa porque desconozco sus claves internas. Entiendo que su protagonismo nacional es porque está intentando que se escuche la voz de Andalucía en el debate nacional y también en el de su partido. Y eso es positivo. Han pasado ya más de dos años con Susana Díaz en la Presidencia de la Junta. ¿Cómo valora su actuación hasta la fecha? Ha sido una Presidencia marcada por distintos factores. Ha tenido una labor voluntarista de querer hacer muchas cosas, pero muy condicionadas por la agenda electoral. El cambio de socio de gobierno -de IU a Ciudadanos- ha sido favorable y le ha dado cierta estabilidad y moderación. También ha sido positivo que haya aprobado pronto los presupuestos de 2016. En 2015 hemos bajado del millón de andaluces, pero sigue habiendo más de un 30 por ciento de desempleados e la región. A este ritmo, ¿qué podemos esperar? Sí, estamos por encima del 30 por ciento de desempleo y son tasas inasumibles. Son datos que demuestran que en Andalucía tenemos un problema estructural, que no es culpa de nadie, pero es culpa de todos. Como sociedad no hemos sabido inculcar, desde las fases más tempranas de nuestra formación y educación, la absoluta necesidad de cualificar adecuadamente a nuestros jóvenes para llegar preparados a un mercado de trabajo cambiante y cada vez más exigente. Hay unas tasas de fracaso escolar importantísimos en Andalucía y eso lleva ineludiblemente al desempleo. Y no digamos si llega una crisis como esta. Tenemos un problema estructural, porque desde la fase educativa no hemos sabido hacer las cosas bien. Hemos sido demasiado permisivos y tolerantes con el paro y con aquellos que no han querido entender que necesitamos una educación de calidad para combatirla. Y no está ocurriendo. Tenemos una Sanidad pública magnífica, porque somos consciente de su importancia y la exigimos, pero no somos igual de exigentes con nuestra Educación pública. Y eso nos lleva a situaciones como la que vivimos, con un 57 por ciento de paro juvenil. El caso más claro ha sido la caída de la construcción, que dejó a medio millón de jóvenes sin empleo y sin estudios ni posibilidad de empleabilidad. Ustedes han sido bastante comprensivos estos años con los presupuestos restrictivos de la Junta, pero piden algo que parece imposible en Andalucía: la eliminación de trabas burocráticas. Necesitamos crear entornos más competitivos y favorecer la actividad empresarial en base a tener una Administración mucho más eficiente, muchos más austera y redimensionada. Y para eso hay que eliminar la hiperegulación administrativa, burocrática y normativa. Hay un afán permanente por regular la vida de los ciudadanos, multiplicando innecesariamente el número de normas. En 2014 se promulgaron en España 13.000 nuevas normas, con un millón de páginas… Eso es imposible de cumplir. Es verdad que la Junta conoce esta petición y está intentando impulsar nuevas fórmulas, como la declaración responsable del empresario. Eso es lo que queremos. Que la revisión venga a posteriori y no con carácter previo. Hemos firmado antes de fin de año un gran acuerdo con la Agencia de la Competencia de Andalucía para la reducción de trabas y confiamos que esto se vaya corrigiendo. Y creemos que es muy importante tener un informe claro de los efectos económicos de cada norma en Andalucía. De reactivación de inversiones públicas ni hablamos, ¿no? Necesitamos que se produzca esa reactivación, porque el sector público tiene que dinamizar la economía. Es cierto que ha sido muy importante que hayamos cumplido hasta la fecha los criterios impuestos desde Bruselas para evitar nuestro rescate. Pero ahora hay que recordar que la inversión pública es eso, una inversión, y no es gasto. Y hay que acometer inversiones productivas en redes de transportes, de conservación de carreteras o de nuevas conexiones ferroviarias. No estamos hablando de repetir inversiones de tiempos pasados que han sido más que discutibles, sino de obras públicas que son necesarias para crecer. Tenemos a la principal empresa de Andalucía al borde de un precipicio, ¿Cree en el futuro de Abengoa? Abengoa es una empresa muy querida y muy valorada que representa para nosotros no sólo la Marca Andalucía sino la Marca España, con 26.000 empleos en todo el mundo. Y creo que merece todo nuestro respeto, nuestro apoyo y nuestra consideración. Las dificultades a las que se enfrenta no están marcadas por su incapacidad técnica, por su obsolescencia o por su falta de proyectos sino por problemas financieros que le ha generado una importante crisis. ¿Qué va a pasar con Abengoa? Pues que la empresa va a salir adelante con un Plan de viabilidad creíble y los procedimientos jurídicos y económicos que sean necesario. Y gracias a eso estamos seguros de que se va a garantizar no sólo su actividad sino el mantenimiento del mayor número de miles de trabajos posibles. Y nos consta en la CEA que Abengoa va a seguir apostando por Andalucía y por crear riqueza y empleo en esta región. El sector financiero va a volver a agitarse este año. ¿Teme que Unicaja pueda quedar en manos “no andaluzas”? Deseo y anhelo que Unicaja sea cada vez más fuerte porque es una entidad andaluza muy importante, con fuertes raíces en nuestro territorio, y porque creo que tiene fortaleza para seguir creciendo. En 2016 le toca el turno a las cajas rurales, aunque algunas, como la de la Caja Rural del Sur, se resiste a esta concentraciones… Las cajas rurales hacen una labor extraordinaria en el entorno rural de financiación del tejido productivo y de apoyo a esos entorno que creo que se debe mantener. Nos preocupan los procesos excesivos de concentración. Los empresarios deseamos que las entidades financieras sean viables, que den créditos y que estén próximas al territorio y a los ciudadanos y a las empresas. Si con el proceso de concentración quedan sólo tres o cuatro entidades pueden hacer que se pierda la visibilidad y el compromiso territorial de esas entidades. La agroindustria sigue siendo nuestro gran fuerte ¿Por qué Andalucía no termina de creérselo? Si hay un sector del que podemos presumir en esta crisis, además de la industria turística, es el sector agroalimentario y agroindustrial, porque ha sabido superar barreras ancestrales. Por un lado, han mejorado su calidad; han buscado uniones y alianzas; y han afrontado con éxito la internacionalización. Y eso es un gran salto. Usted entró hace ahora dos años en una CEA en quiebra económica y absoluta crisis de imagen. ¿En qué punto se encuentra hoy? La CEA se encontraba en una situación muy compleja. Por decirlo gráficamente, el barco estaba prácticamente hundido y hoy podemos decir que está a flote, aunque tenga que mantener aún el equilibrio para no volcar. Eso significa que en dos años se ha hecho un esfuerzo tremendo por todo el equipo, tanto directivo como técnico. Hermos reestructurado la deuda. La organización vuelve a gozar de un cierto reconocimiento reputacional y de participación asociativa: tenemos más de 170.000 asociados, más de 650 organizaciones sectoriales y territoriales y creo que no está en cuestión su liderazgo. En dos años creo que hemos hecho muchas cosas. Asumí el compromiso de hacer una organización más transparente, más participativa y con un una gestión mucho más eficiente. Y seguiré luchando por ello.  ]]>