Ignacio Camacho
ABC

No la van a tumbar: la sacarán de la pista aprovechando, como los judocas, la inercia de su propio impulso. El descarrilamiento de Mercedes Alaya como instructora del sumario de los ERE está a punto y tal vez se consume este mismo verano. Con paciencia, tesón y esmero político, el aparato susanista ha logrado su objetivo estratégico de desactivar la macrocausa del fraude. Y lo ha hecho a partir de una decisión de la propia magistrada.

Fue Alaya la que solicitó el traslado a la Audiencia, y en ese momento pulsó el botón que accionaba el mecanismo para neutralizarla. Para ello la presidenta de la Junta decidió mantener al exfiscal Emilio de Llera en la Consejería de Justicia de su nuevo Gobierno, pese a que reunía el perfil más idóneo para presidir el Parlamento. De Llera, que sabe moverse en las bambalinas político-judiciales y conoce muy bien el mapa de la causa, es la pieza clave en la compleja partida de ajedrez que va a culminar en el apartamiento de la jueza. Ha hecho un encaje de ajuste fino y tiene listo el movimiento del jaque-mate.

Lo principal está hecho. El Supremo, aunque haya confirmado la posible prevaricación de la cúpula de la Junta, ha descartado la malversación y con ello abre la puerta, dicho en resumen, a la bendición legal de la mayoría de las ayudas a los prejubilados. Hay otra magistrada en el juzgado instructor –amiga notoria del consejero según el insólito escrito de protesta de Alaya– y es partidaria de trocear el sumario. Esa división desautoriza hasta triturarlo el criterio investigador de su antecesora, para quien el origen del delito reside en su carácter unitario y estructural, como parte de un plan político ejecutado a través de un sistema de transferencias irregulares. La nueva instrucción por separado acelerará y simplificará sus enrevesados trámites a cambio de atenuar la vertiente política del caso. Audiencia, Fiscalía y Tribunal Superior de Andalucía están conformes con la reconducción del proceso. Sólo queda el último golpe: que el Poder Judicial sancione el nuevo esquema y desoiga la petición de que la instructora primigenia continúe al mando.

Esta estrategia paciente utiliza en contra de Alaya su propio método (?) de trabajo. Sus contradicciones, sus errores, sus decisiones espasmódicas y sobre todo su empeño indelegable, su terquedad en mantener bajo control un entramado procesal que a todas l uces no podía abarcar. Durante cinco años, con una determinación de titanio, ha logrado poner patas arriba al régimen andaluz, hacer visible su trastienda clientelar y empapelar a su reciente nomenclatura jerárquica. Y luego, tal vez hastiada de su papel de heroína solitaria, lo ha echado todo abajo con una decisión de estricta índole personal, relacionada con el progreso de su carrera. Ha regalado el arma para liquidarla y ha abierto ella misma l a brecha por l a que van a desmontarle el tinglado.