El autor señala que éstas son las cuatro características que los países conocidos como G20 han tenido como agenda para la economía mundial

Estas son las cuatro características que los países conocidos como G20 reunidos en Hangzhou, China, han tenido como agenda para la economía mundial. Hangzhou es conocida por ser la sede de Alibaba, el mayor portal de ventas on line del mundo, y también por sus finas sedas y bonitas cometas. El Grupo de los 20, al que se incorporó España como invitado permanente, se creó para regular el sistema financiero internacional en la crisis, y de ahí salieron los acuerdos de base que luego se han concretado en las intervenciones de los bancos centrales, en la regulación bancaria de Basilea y la normativa para los mercados de capitales. Habría sido imposible sin un consenso por parte de los máximos responsables políticos, armonizar, más o menos, los criterios de capitalización de los bancos, y que los bancos centrales inflaran sus balances y pusieran la deuda en tipos negativos, sin que se interpretara como una guerra para hacer competitivas las divisas y fomentar cada uno sus exportaciones y su empleo.

Hoy el G20 está en otras batallas; el comercio mundial de mercancías se ha frenado y crece un 2,7%, como lo hace la producción mundial, cuando hasta 2008, crecía al doble. Ahora los ministros de comercio son los protagonistas más que los financieros, y de su declaración conjunta en julio de este año viene el lema de la reunión de este fin de semana. Porque la interconectividad de las economías no es por sí solo una virtud, y necesita apoyarse en una producción innovadora, que a su vez debe ser inclusiva, esto es, que no cree desigualdades entre los países y las regiones del mundo, y las personas. Las virtudes de la globalización tienen enfrente el vicio permanente de la desigualdad, como certeramente ponía de relieve nuestro compañero Francisco Ferraro en la tribuna del domingo de este periódico. Lo del vigor es algo redundante, pues una sociedad innovadora, interconectada e inclusiva, es de por sí vigorosa.

El presidente del Gobierno de España ha acudido a Hangzhou, porque aunque sea en funciones tenemos un presidente y un gobierno. Sin embargo, España en los últimos años, desde 2011, se ha desplomado en el “Índice de Innovación Europea”, que acaba de publicarse; sobre un valor de la media de la UE de 53 estamos en 36, ocupando el puesto 9 por la cola de los 28 países. Este índice es muy complejo, con veinticinco indicadores, y exige que le dediquemos un artículo, pero adelantamos que Andalucía está en la media española, donde destaca el norte y nordeste de España. Tampoco puede decirse que nuestra economía sea vigorosa e inclusiva, aunque sí está muy interconectada, gracias principalmente a la fortísimas inversiones públicas que durante años se hicieron en infraestructuras. La reunión de Hangzhou marca un cambio desde la preocupación por la estabilidad financiera, al impulso para un crecimiento equilibrado y sostenible; y aunque la normalización de la economía financiera no es fácil -subir los tipos de interés y desinflar los balances de los bancos centrales-, muchísimo más complicado es llegar a acuerdos de inversión productiva, intercambios comerciales, y un cierto equilibrio en el reparto.