El autor dibuja el panorama del sector tecnológico en España que refleja “la calidad del capital humano con el que contamos en los ámbitos científicos y tecnológicos, que en muchas ocasiones minusvaloramos”

El anuncio de la empresa tecnológica Accenture, de instalar en Madrid un centro de innovación, que se añade a los existentes en Londres, París y Berlín, no es una noticia aislada de la realidad que este país está viviendo en el área de las nuevas tecnologías, especialmente en el ámbito digital. Hace unos meses, Google también instaló un campus de tecnologías digitales en Madrid. Igualmente, Amazon ha situado el principal centro de servicios para toda Europa en la capital.

Las decisiones de estas empresas son un reflejo de la calidad del capital humano con el que contamos en los ámbitos científicos y tecnológicos, que en muchas ocasiones minusvaloramos.

Pero no solo son estas grandes empresas. El pasado año y lo que va de 2016, señalan un gran crecimiento de las actividades de inversión para financiar startups, tanto por parte de compañías de capital riesgo, como de corporaciones industriales que invierten en nuevas empresas, y de inversores ángeles.

El mercado español para financiar nuevas empresas tecnológicas, está madurando rápidamente. El pasado año, los distintos agentes invirtieron más de 3.000 millones de euros y, lo que es más relevante, el número de inversiones creció casi un 25% respecto del año 2014, marcando un récord histórico.

Hay que señalar que las entidades públicas nacionales -ICO, CDTI, Enisa- apoyaron casi el 50% de las operaciones. Al contrario de lo ocurrido con algunas agencias regionales de fines similares, éstas están jugando un papel positivo en el impulso a la innovación. Coinvierten, detentan participaciones minoritarias o en forma de créditos, no intervienen en la gestión. Entidades de este tipo con herramientas bien diseñadas y transparentes, pueden jugar un papel importante. Pero solo en esos casos.

Además del papel principal que juegan los fondos de capital riesgo, es muy destacable el gran crecimiento que está experimentado el número de inversores ángeles y de family office en la financiación de startups. El pasado año, unos 200 inversores financiaron casi 700 proyectos e invirtieron alrededor de 700 millones.

Se podrá afirmar que no parecen grandes cifras comparadas con muchas otras en la economía. Y es cierto. España es todavía un país emergente en la financiación de actividades innovadoras y en el número de nuevas empresas tecnológicas que se crean. Pero estamos creciendo a un ritmo mayor que el resto de países europeos, lo que transmite la esperanza de que el proceso va a continuar.

El papel de esos inversores ángeles es que difunden por el territorio y entre el mundo inversor, el valor de invertir fuera de sectores tradicionales -inmobiliario, bolsa- crean una nueva cultura entre las personas y familias con grandes recursos, aprenden a valorar nuevas oportunidades de inversión, se relacionan entre ellos transmitiéndose conocimientos y contactos en el mundo de las startups e impulsan el desarrollo -en el mejor sentido- del país.

Las cifras de inversión y de inversores ángeles están concentradas de manera aplastante en Madrid y Barcelona. Otras comunidades -también Andalucía- necesitan un número mucho mayor de inversores modernos con mejores conocimientos y contactos, para que puedan jugar un papel más activo en el desarrollo de nuevas startups.
Rogelio VElasco
DIARIO DE SEVILLA