EL MUNDO

Íñigo Méndez de Vigo llega con talante y dispuesto a entenderse con todas las autonomías. No quiere españolizar a los niños catalanes como su antecesor, José Ignacio Wert. Con una manicura perfectamente cuidada, el nuevo ministro de Educación asegura en una entrevista a EL MUNDO que las amenazas de rebelión contra la aplicación de la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (Lomce) se han acabado. «Todas las comunidades autónomas me dicen que van a cumplir la ley», sostiene. Se muestra comprensivo, casi paternalista, con las regiones que aún no han implantado la Lomce. «Hay que darles tiempo», las disculpa. La manga es más ancha cuando se pierden las mayorías.

España ha tenido siete leyes educativas en democracia. Los ciudadanos están hartos de tanto vaivén. De cara a las elecciones, PP y PSOE tienen unbuen momento para alcanzar un Pacto de Estado que aporte solidez al sistema. ¿Confía en llegar a un mínimo acuerdo estos meses?
La gente me pide por la calle que haya un gran acuerdo en educación. Quiere certezas, seguridades, y no cree que la educación deba ser un campo de batalla ideológico. Sería presuntuoso si dijera que estoy en condiciones de hacer algo; tengo el tiempo que tengo. En aquello que se puede debatir, como las evaluaciones, estoy abierto a discutirlo, y así lo he hecho. Presenté en la Conferencia Sectorial varios temas –la función docente, la FP o un plan de convivencia escolar– donde podemos llegar a acuerdos.Son pequeños pasos que pueden conformar ese pacto que la gente reclama y que habrá que hacer en la siguiente legislatura probablemente.

Quedan pocos días para que comience el curso y Murcia, Cataluña, el País Vasco y Andalucía no han implantado aún la Lomce en la ESO y en Bachillerato. ¿Va a tomar medidas el Ministerio?
Hay que dar margen de tiempo a aquellas comunidades que tienen sus dificultades lógicas. Muchas de ellas han entrado en funciones hace muy poco. Todavía no ha acabado el tiempo. El curso empieza a partir del 15. Confío en que la ley esté implantada en todas. A mí todas me dicen que la van a implantar.

¿Y si no está?
Lo estará. Este curso se iniciará con tranquilidad.

¿Cómo lo va a conseguir?
Con persuasión. Me dicen, y tienen razón: «Es que acabamos de llegar, hay un cambio de gobierno, no estamos preparadas». He hablado con todos los consejeros y no he apreciado en ninguno la voluntad de decir: «Oiga, yo no la voy a aplicar».

Eso ha cambiado, porque a principio de verano la mayoría decía que no la iba a aplicar…
Pero ahora dicen lo contrario, ahora dicen que la van a aplicar.

¿Qué ha ocurrido en este tiempo? ¿Qué les ha prometido?
Dije que venía a escuchar, a ser flexible dentro de la ley, y que la ley había que cumplirla. Creo que dividir el decreto de evaluaciones en dos ha tenido un efecto positivo. Las comunidades han percibido que había voluntad de resolver las dudas que pudiera plantear la aplicación.

De la Lomce se dice que ha descentralizado aún más la educación. ¿Qué sentido tiene que el PP haya quitado Educación para la Ciudadanía si luego la ley permite a las CCAA poner ésta o cualquier asignatura?
La Lomce no es una ley recentralizadora, es una ley que da margen a las comunidades. Es una buena cosa que todos los niños, con independencia de donde vivan, aprendan un 50% -que, al final, es un 60% o más- de lo mismo. El núcleo duro de esos conocimientos debe ser idéntico para todos. Pero luego vivimos en un Estado autonómico y la autonomía se practica todos los días. Efectivamente, la Lomce es flexible en ese otro 50%, que, en la práctica, es un 40%. Y yo lo respeto mientras esté dentro de los márgenes que dice la ley.

¿Por qué, con unos presupuestos más holgados, han recortado las ayudas para la escolarización en castellano en centros privados? ¿Ya no es una de las prioridades del Gobierno?
A mí me importa mucho el derecho que tienen los padres a elegir la educación de sus hijos y el derecho también a que sus hijos reciban la educación en castellano allí donde hay lenguas cooficiales. La cantidad prevista en 2015 no se ha cubierto y la hemos bajado. Hemos visto que cinco millones eran excesivos y que con uno podíamos cumplirlo. En todo caso, si hubiera necesidad de aumentar esa cantidad, existen métodos para colmar esa partida.

¿Ha pactado con la consellera catalana Irene Rigau esta bajada presupuestaria?
He hablado con ella de esta cuestión, en Lleida. Ella me ha explicado cuál es su punto de vista. He escuchado con mucha atención, tiene una gran experiencia en estos temas. Ella me ha asegurado que la ley se cumple en Cataluña; yo le he dicho: «Cuando un padre entienda que no se está cumpliendo, aplicaré la ley». Y en eso hemos quedado. Hemos quedado en hacerlo con lealtad institucional por ambas partes.

¿Hasta ahora cree que ha habido lealtad institucional?
No puedo hacerme responsable de lo que pasaba antes de llegar aquí. Lo que puedo decirle es que, de mis conversaciones con la consejera, observo una normalidad que me parece buena.

Ha accedido a revisar las evaluaciones externas, las llamadas reválidas. ¿Qué va a cambiar?
He visto que muchas de las comunidades autónomas, de distinto signo político, tienen dudas sobre la ejecución y la puesta en práctica de las evaluaciones, sobre todo las de ESO y Bachillerato. He escuchado a muchas hablarme de esas dificultades, de la externalización de las pruebas, de si deben ser tipo test o no… Yo no tengo a prioris. No es bueno que me pronuncie de una manera o de otra, lo que es bueno es que haya evaluaciones. Para ver en qué falla un sistema, tienes que evaluarlo. ¿El cómo? Es muy importante escuchar a los docentes, que son los que al final tendrán que hacerlas.

¿Se plantea poner un MIR docente?
El MIR estaba en el programa de todos los partidos. Todo el mundo ha hablado de ello, a todo el mundo le ha parecido bien. Puede ser interesante estudiarlo. Pero es algo más bien de programa electoral, de cara a las próximas elecciones, que de responsabilidad actual del ministro.

¿Cuándo van a derogar el real decreto de abril 2012 que impone más horas lectivas a los profesores y retrasa las sustituciones?
Todo lo que favorezca a los docentes lo vamos a procurar, pero me gusta ser cauto. Hemos cambiado lo más importante: la tasa de reposición. Y una consecuencia enormemente positiva es la bajada de la ratio.

Usted, que ha sido profesor universitario, ¿qué opinión tiene sobre los rankings en los que los campus españoles tan poco salen?
El ranking que ha tenido últimamente mayor difusión, el de Shanghai, tiene en cuenta algunas cosas que no sé si son las más importantes, como los premios Nobel. Dicho esto, creo que es bueno establecer estos ránkings, que te sirven para ver dónde estás y para hacer un esfuerzo. La universidad española tiene que primar más la excelencia.

Wert dejó en un cajón un informe sobre reforma de universidades. ¿Piensa hacer algo de lo que recomendaron los expertos?
Estoy concentrado en hacer ahora lo que tengo que hacer: poner las piedrecitas de lo que podría conformar un pacto escolar.

¿Por qué los licenciados universitarios españoles tienen peor nivel que los alumnos de Bachillerato de 10 países de la OCDE?
Creo que tenemos dos problemas serios en España. Uno proviene de su Bachillerato. Yo tuve la sensación, cuando era profesor universitario y me tocaba corregir exámenes, queel nivel no era muy bueno. Y luego la universidad española ha tenido una masificación, explicable, por otro lado, por la voluntad de tener un título universitario. Eso es un derecho que tiene cualquier persona, pero, al final, no sé si es bueno. Por eso, todo el mundo me habla de la necesidad de poner en valor la FP. Yo creo que eso también evitaría parte de esa masificación de la universidad española.

La FP básica sólo ha atraído al 60% del alumnado que esperaba el Gobierno, según El País.
Creo que no hemos sabido ponerla en valor. Los consejeros dicen que se ha interpretado como una manera de acoger a aquellos alumnos díscolos o que no querían estudiar. Si esa ha sido la percepción, tenemos que cambiarla.

¿Y la FP dual?
La dual es una idea muy sugestiva, pero su implantación es complicada y requiere, como tantas cosas en España, un cambio de mentalidad. Fíjese que la educación no está entre las preocupaciones de los españoles, cuando llega alCIS. Eso es lo que me preocupa a mí. Tendría que estar. Y tendríamos que ser lo suficientemente modestos como para saber que el aprendizaje es continuo. No porque estudiáramos brillantemente hace 30 años ya lo sabemos todo.

¿A qué colegio va su hija?
Al Colegio Alemán. Es un buen colegio, donde te enseñan a estudiar, te enseñan disciplina, te enseñan, sobre todo, idiomas. El aprendizaje de lenguas, unido a la formación en la revolución tecnológica en la que estamos, es absolutamente capital para prepararnos para el futuro y para el presente. Lo estamos viendo en Alemania: necesitan enfermeros y enfermeras; los españoles están capacitados, pero no hablan idiomas.

¿Cómo es posible que hayan puesto el mayor presupuesto de la historia para becas y la cuantía media por alumno y el número de beneficiarios hayan bajado desde el inicio de la legislatura?
El esfuerzo que hemos hecho en becas es enormemente importante. Estos presupuestos demuestran que hay voluntad de devolver a la sociedad lo que nos ha dado.Comparar con otros momentos que pasaron no es una buena idea.

¿Qué le parece la teoría no poco extendida de que apostar por la escuela concertada ha llevado a que la escuela pública pierda calidad? ¿Cuál es su compromiso con la escuela pública?
El sistema español de combinación de pública y concertada es bueno. Me parece que favorece la libertad y que es el correcto.

España es el quinto país donde más deberes se ponen de toda la OCDE. ¿Puede hacer algo el Gobierno, dentro de sus competencias, para regular esta cuestión que tanto preocupa a los padres?
No es bueno intentar imponer a los docentes lo que tienen que hacer. Cada centro, teniendo en cuenta sus particularidades, es el tiene que juzgar hasta qué punto hay que poner más o menos deberes. El Estado no debe tener vocación de imponer algo cuyo conocimiento reside en el docente.

¿En España se estudia mucho de memoria?
Yo creo que ahora se estudia mucho menos de memoria que cuando yo lo hacía.

¿Cree que hay que centrarse más en competencias o en conocimientos concretos?
Hay que combinar las cosas. Yo creo en el aprendizaje continuo. La revolución tecnológica en la que estamos nos obliga continuamente a aprender.

¿Cómo va a apaciguar a los obispos, que están descontentos con el Ministerio por haber rebajado, entre otras cosas, el tiempo de clase de Religión en Ceuta y Melilla?
He visto a la Conferencia Episcopal y a mí no me han dicho que estuvieran enfadados. Ceuta y Melilla presenta unas características muy específicas, pero no es un modelo que, a mi juicio, deba utilizarse como excusa para ser implantado en otros lados, que no presentan esas características.

Algunas autonomías lo está utilizando.
Lo que tienen que hacer es explicar por qué lo hacen, no utilizar a Ceuta y Melilla como una coartada, porque hay muchas otras cosas donde no siguen al Ministerio.

¿En qué va a consistir su anunciado plan para mejorar la convivencia en las aulas?
Las comunidades han hecho mucho en esa materia, pero probablemente cada una hace sus cosas sin saber lo que hace la de al lado. La función del Estado es coordinar. Quiero recoger todo lo que hacemos a nivel estatal y autonómico y elaborar un catálogo de buenas prácticas. Lo queremos centralizar en una web y estamos pensando hacer un sello de excelencia para aquellos colegios que tengan prácticas que nos parezcan las mejores.