Manuel Alejandro Cardenete
ABC

Estamos en la primera fase de la recuperación económica. Aunque aún queda mucho por hacer. A nivel mundial afrontamos una aceleración en términos de crecimiento, aunque con diferentes tonos entre países, sin tensiones inflacionistas a corto plazo y mantenimiento de las expectativas de inflación a largo plazo en niveles inferiores a los objetivos de política monetaria. A nivel nacional hay un hecho relevante y que es el dinamismo que muestran las exportaciones y los máximos históricos de ventas al exterior alcanzados en el primer trimestre de 2015. De acuerdo con las estimaciones que hemos realizado en el Departamento de Economía de la Universidad Loyola Andalucía -en el número de primavera del Loyola Economic Outolook- el crecimiento anual en 2015 para España será del 3,1%. En cuanto a la evolución de la tasa de desempleo, proyectamos una mejora, con una previsión para el conjunto del año 2015 que oscilará entre el 21% y el 22%. En cuanto a los precios, seguiremos con escenario de precios muy moderados, con tasas en torno al 0,5%.

En cuanto a las previsiones para Andalucía, se muestra una tendencia parecida a la de España considerando para el año 2015 en su totalidad, un crecimiento del PIB andaluz del 2,8%, lo que lo situaría por debajo de la previsión nacional en tres décimas. En cuanto al mercado de trabajo, se estima una proyección anual de la tasa de paro que oscilará entre el 31% y 32% de la población activa. Respecto al PIC, las estimaciones realizadas apuntan a una inflación muy baja pero sin riesgo de deflación, aunque quizás algo menos marcada que a nivel nacional.

Pero todo este marasmo de previsiones tiene una cuestión de fondo que tanto para España como para Andalucía se hace imposible pasar por alto. A pesar de la crisis atravesada y de la necesidad imperiosa de cambio de estructura económica, ¿se ha producido dicho cambio que permita absorber la mano de obra ociosa?

El planteamiento de determinación de sectores clave es una técnica que permite comprobar la estructura económica de una región o país y analizar el posible cambio productivo. Para ello, en “Análisis de Sectores Claves a través de Matrices de Contabilidad Social: el Caso de Andalucía”, intentábamos precisamente ver si efectivamente se había producido o no cambio productivo desde 1990 a 2005, última base de datos disponible (tablas input-output). Hay que tener presente que ha sido el periodo de recepción masiva de Fondos Europeos.

Pues bien, se constata una terciarización de la economía andaluza por cualquiera de las técnicas aplicadas que utilizábamos en el mismo. Las actividades más dinamizadoras de la economía eran Comercio, Servicios destinados a la venta, Otros Servicios y Transporte y Comunicaciones.

El sector industrial se mostraba débil y desarticulado, la excepción era la rama de Alimentaciónn que lideraba el sector industrial andaluz gracias a su capacidad exportadora, aunque esta última mostraba una menor intensidad en sus flujos de relaciones con el resto de la economía.

El resto de la industria estaba compuesto por sectores independientes, con débiles valores tanto en efecto arrastre como en efecto impulsión. La Minería y Siderurgia era un sector clave de primer orden en la economía andaluza (aportaba casi el 60% de la producción nacional). Y era significativa la irrupción del sector de la Construcción, a partir del año 2000, con efectos multiplicadores elevados, importantes flujos de relaciones intersectoriales y un gran volumen de demanda final, alcanzado hasta el 13% del PIB andaluz en el año 2005.

Sin duda, factores coyunturales como el crecimiento de la población o el escenario de bajos tipos de interés en la economía española habían colaborado en el incremento del tamaño de este sector en la economía andaluza. Existía escasez de sectores base e impulsores, es decir, pocos candidatos a convertirse en sectores clave como elementos de un tejido productivo diversificado.

Si atendemos al empleo, realmente el elemento clave en una región que se encuentra en la actualidad con tasas por encima del 33%, la respuesta en estos términos ofrecían pocos cambios en cuanto a composición sectorial, siendo Servicios no destinados  ala venta compuesto en gran medida por actividades del sector público, y, también Agricultura, Comercio y Servicios destinados a la venta junto con la Construcción las actividades que más destacaban en términos de multiplicador de empleo.

Los resultados ofrecían una estructura sectorial muy estable, únicamente alterada en el periodo por la irrupción del sector de la Construcción a inicios del 2000 y que se ha erigido en sector clave con una potencia superior al resto de actividades. Podemos concluir afirmando que el sistema productivo andaluz ha estado orientado hacia actividades “tradicionales” con un uso intensivo de mano de obra y poca presencia de tecnología.

Parece necesaria una reorientación de los estímulos de la economía andaluza hacia sectores más intensivos en capital y con mayor capacidad de generación de valor añadido para reducir una excesiva dependencia de aquéllos.

Para concluir, este análisis pone de relieve la estabilidad de la estructura económica andaluza en cuanto a sectores dinamizadores y la ya conocida dependencia del sector Construcción. Por otra parte, se pone de manifiesto que algunos sectores, tanto de la rama de Industria como de Servicios, han pasado a cobrar mayor relevancia tanto en el entramado de relaciones intersectoriales como en sus relaciones con las rentas de los factores primarios y de las instituciones que conforman la demanda final de la economía regional.

Sin embargo, estos hechos no permiten afirmar con rotundidad que se esté produciendo un cambio en la estructura productiva regional como consecuencia de la crisis. Muy al contrario. Si estamos creciendo ahora, está siendo en base a los mismos sectores del periodo anterior a la crisis. Y si la demanda interna se vuelve a debilitar por subida de tipos, el euro se aprecia o el petróleo recupera la senda alzista, nos podemos ver en la casilla de salida. Y con una situación más débil de la que nos encontrábamos en 2007. La década perdida es ya una realidad -nos encontramos en el octavo año de crisis-, pero tenemos que evitar que se conviertan en tres lustros perdidos como algunos agoreros comienzan a apuntar. Tenemos una última bala en la recámara con el actual Marco Comunitario de Apoyo hasta el 2020. Sería bueno aprovecharlo buscando el cambio estructural.

Manuel Alejandro Cardenete
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