Juan Miguel Vega
EL MUNDO
“Una universidad no se hace para que viva un tiempo, sino para durar siglos”

Compareció en esta página hace un lustro. Los estragos de la crisis, que entonces ya nos auguró larga, no habían hecho todavía sino insinuarse. La Universidad Loyola no era todavía más que un proyecto rodeado de incertidumbres. Hoy, cinco duros años después, las cosas son muy diferentes. La crisis quedó atrás y la Unviersidad Loyola cumple un trienio funcionando, con alrededor de 1.800 alumnos e impartiendo once carreras, además de varios másteres y doctorados. Datos que avalan la tarea como rector de Gabriel Pérez Alcalá (Jaén, 1961), al que la Compañía de Jesús acaba de ratificar en el cargo para los próximos cuatro años.

¿Cómo han logrado sortear la crisis?
Si se me permite la expresión, porque confiamos en la Providencia. Desde luego no se escoge una época de crisis para poner en marcha un proyecto de este tipo, aunque tampoco es un proyecto que se haga calculando una oportunidad. Aparte de confiar en la Providencia, hemos tenido la suerte  de contar con capacidades internas – creamos ciento cincuenta empleos de alta cualificación en plena crisis- y además contamos con la ayuda inestimable de la sociedad civil, empezando por Abengoa; la opinión pública, la administración y desde luego las universidades de la Compañía de Jesús. El momento era difícil, pero hemos tenido muchas ayudas.

¿Nunca se plantearon que lo más sensato era aplazar el proyecto?
No teníamos esa opción. Una universidad no se hace para que viva un tiempo, sino para durar siglos. Las instituciones más antiguas de Occidente, quitando a la Iglesia, son las universidades. Oxford tiene más de ocho siglos y pronto los cumplirá Salamanca. En Estados Unidos, la institución más antigua, más que el país, es Harvard. ¿Cuántos avatares no habrán vivido las de Bolonia o la Sorbona? Nosotros estamos construyendo una catedral, una institución perdurable que dé servicio a la sociedad durante los próximos siglos.

¿Cuáles son sus objetivos?
El primero, hacer un balance sereno de estos cuatro últimos años. Vamos a evaluarnos y ver qué podemos hacer mejor. Los retos son consolidar nuestra oferta, desarrollando el área de Ingeniería, mantener los altos estándares de investigación que tenemos e ir cerrando ya asuntos de institucionalización interna.

¿A la luz de estos tres años de experiencia, qué diagnóstico haría del estado de la educación?
El sistema educativo en España tiene graves problemas por la falta de consenso. la gente y los partidos se fijan en lo anecdótico y no en lo profundo. Si en Cataluña debe ser en catalán o en castellano o si la religión debe o no ser evaluable. Hay cuestiones mucho más importantes que no se están abordando, como la carga docente de los profesores, la dotación de los centro o la acumulación de materias nuevas a costa de otras fundamentales. Tampoco hay un buen sistema de exigencia. En España cualquiera tiene ahora un título de Secundaria, en buena medida porque hay presiones para ello. Lo primero que tendría que hacer el nuevo gobierno es propiciar un pacto de estado por la educación.

¿Puede afectar a la Universidad Loyola la crisis de Abengoa?
Nos afecta de una forma más anímica y sentimental que económica. Nos preocupa la situación personal de los Benjumea o de Pepón Domínguez Abascal, que son amigos y nos han ayudado mucho; como también nos preocupa la situación delos trabajadores, con quienes compartimos este campus y entre los que tenemos muchos amigos. Sin embargo, desde la perspectiva económica y financiera, la crisis de Abengoa nos afecta muy poco puesto que nosotros vivimos de las cuotas que pagan nuestros estudiantes.

¿Esos estudiantes están condenados a marcharse de Sevilla?
Espero que no. Estamos  haciendo un importante esfuerzo a través de nuestro servicio de empleo y emprendimiento cuya misión es facilitar a los alumnos prácticas en empresas e instituciones y también salidas al mercado laboral; incluso ayudarles a crear una empresa una vez que acaben sus estudios. Queremos que vean tan normal crear una empresa como irse a trabajar a una multinacional; que para ellos sea un orgullo convertirse en empresarios. De este modo cumpliremos otro de nuestros objetivos: crear tejido empresarial en nuestra tierra.

¿No es un escollo para eso que los empresarios sean aquí los malos de la película?
La mentalidad antiempresarial de este país, y en especial de Andalucía, tiene raíces históricas. Aquí nunca hubo burguesía industrial y la poca se intentó destruirla. Tampoco hemos tenido una mentalidad liberal, sino estatista. Hay que lugar contra esa mentalidad porque nos perjudica.

Encima, según las encuentas, la mayoría de los universitarios aspiran a ser funcionarios
Ahí creo que nos quedamos con el síntoma de algo que me parece más profundo y preocupante. Somos una sociedad que ha creado muchas redes de seguridad para que la vida de las personas sea razonablemente previsible. Manejamos muy mal la incertidumbre con respecto al futuro. En otras sociedades más dinámicas, como Estados Unidos, no se preocupan tanto de qué va a pasar dentro de cinco años, cuanto de estar constantemente reinventándose. A los chicos jóvenes no los enseñamos a manejar sus propias capacidades para hacer frente a las incertidumbres lógicas de la vida.

¿La crisis ha dejado ya de ser un problema?
Por la economía tenemos que estar siempre preocupados, máxime cuando todavía en Andalucía estamos por encima del 30% de paro. A pesar de los mensajes triunfalistas y de que, en efecto, lo peor haya pasado, todavía quedan graves problemas que resolver. Ahora, la preocupación debe venir por las condiciones en las que estamos creciendo.

¿A qué se refiere?
El crecimiento se está produciendo en un contexto muy favorable. Hay un dopaje monetario. Los tipos de interés están al cero y eso hace que el dinero fluya para cualquier proyecto viable. Seguimos teniendo un apolítica fiscal expansiva, con un déficit del 5%,  esa no es la forma estándar de crecimiento de una economía. Estamos teniendo unos precios de materias primas anormalmente bajos. Y envima, nuestra principal industria, el turismo, se ve favorecida por los problemas de otros países del Mediterráneo. Con estas condiciones, la economía española hubiera crecido al 7% en los años ochenta y sin embargo ahora nos conformamos con el 3%.

¿Y eso por qué sucede?
Porque la economía española no está resolviendo sus problemas estructurales. Yo diría que todavía no sabe qué quiere ser de mayor