Un año más, el Tesoro Público ha cubierto sus necesidades de financiación antes de que acabe el ejercicio tras la última subasta celebrada ayer, en la que adjudicó 3.036 millones de euros en bonos y obligaciones. La progresiva relajación del coste de la deuda, sobre todo después de que las principales agencias internacionales de calificación elevasen el ráting de España, ha sido la nota determinante en los últimos once meses. Una facilidad que ha llevado a que el organismo que gestiona las emisiones públicas haya realizado operaciones llamativas como la primera colocación de títulos a 50 años, los bonos ligados a la evolución de la inflación o la mayor emisión por volumen de la historia de España, en la que se adjudicaron de golpe 10.000 millones de euros en bonos a 10 años. Esta tendencia ha estado impulsada también por la recuperación del apetito por la deuda española por parte de los inversores internacionales, algo que posteriormente se trasladó a otros tipos de títulos y bienes, especialmente inmobiliarios.

La ejecutoria impecable del Tesoro en los mercados de deuda, fruto de una adecuada planificación y saber aprovechar las ventanas de liquidez, ha aminorado la carga que el abono de los intereses de estos títulos supone para el Estado. Según el Ministerio de Economía, el ahorro se situará en torno a 5.000 millones a final de año, rebajando esta partida hasta los 31.000 millones. Pero las previsiones para 2015, incluidas en los Presupuestos que tramita el Senado, contemplan un nuevo repunte del coste del pasivo hasta 35.490 millones, en parte debido a una intensificación del ritmo de las emisiones de deuda pública, que el próximo ejercicio alcanzará el 100,3% del PIB por primera vez en más de un siglo. Un nivel sobre cuya sostenibilidad han mostrado sus dudas diversos economistas en un contexto de estancamiento del crecimiento en la zona euro. Precisamente este miércoles fue el gobernador del Banco de España, Luis María Linde, quien recordó “la necesidad de culminar los procesos de desendeudamiento público y privado”, aunque eso pueda “restar capacidad de recuperación del gasto interior”.

Incrementar el ritmo previsto para reducir el peso de la deuda pública sobre el PIB va a ser uno de los principales retos a medio plazo de la economía española. Algo para lo que es imprescindible un nuevo ajuste del gasto en estructura de todas las Administraciones Públicas y nuevas reformas estructurales para estimular el crecimiento económico.

EXPANSIÓN