Tras la crisis, vuelve el déficit estructural en comercio, aunque se acorta en la balanza energética

La balanza por cuenta corriente, que mide el saldo neto entre los ingresos y pagos al exterior por intercambio de mercancías, servicios, rentas y transacciones, ha superado la etapa negra que sufrió entre el año 2000 y 2007. Desde 2012, la economía por cuenta corriente española registra saldos anuales positivos, tras siete años previos a la crisis de fuerte déficit que en 2008 se agudizó.

Detrás de este dato alentador todavía persisten la gran dependencia energética de España y un déficit sistémico de la balanza comercial con el resto del mundo.

El pasado 29 de julio, el ministro de Economía Luis de Guindos hizo un repaso a la evolución de los principales indicadores macroeconómicos, que calificó de “conservadores y creíbles”. Uno de los argumentos que empleó De Guindos para hablar de estabilidad fue el superávit que la balanza por cuenta corriente registró en el acumulado de enero a mayo de 2016: 4.337 millones de euros que contrastan con el déficit de 451 millones alcanzado en el mismo periodo de 2015.

A la vista de estos datos, las previsiones del Gobierno son que la balanza de pagos por cuenta corriente encadenará su quinto año de mejoría en 2016, y, con algo más de cautela, también vaticina un 2017 de superávit, ayudando a empujar el PIB un 2,3%.

Al desglosar este dato se encuentran luces y sombras. Las luces las representan los saldos siempre positivos de la balanza de bienes y servicios (11.125 millones de euros), así como “la reducción del déficit de la balanza de renta primaria y secundaria hasta los 6.789 millones de euros”, apuntan desde el Ministerio de Economía.

Dependencia energética

La nota negativa es que persiste la dependencia del exterior de España en energía. El superávit en la balanza de bienes y servicios lo aportan tradicionalmente los servicios y el turismo, mientras que la balanza energética española acumula varios años de déficit. Desde el Ministerio de Economía reconocen que, de no producirse este déficit de energía, la balanza por cuenta corriente habría registrado saldos positivos. El problema es que esa dependencia es un fenómeno estructural de la economía española.

Así lo cree el analista de Asesores Financieros Internacionales (AFI), Víctor Echevarría. “La dependencia energética del exterior es difícil de corregir porque supone aumentar la producción doméstica de energía. En segundo lugar, está el hecho de que en España la intensidad energética del país es muy elevada”, dijo Echevarría.

Al mismo tiempo, el flujo de bienes de España dejó un déficit acumulado de 6.521 millones de euros acumulado de enero a mayo de 2016, según Economía, y de 7.200 millones según datos del Departamento de Aduanas. Un saldo comercial negativo que se registra desde diciembre de 2013 y del que por el momento sólo puede decirse que se ha contraído (en abril y mayo fue de 618 y 985 millones respectivamente). El dato de junio fue menos positivo, al aumentar el déficit hasta los 2.200 millones de euros, pero que permitió que España batiera un récord en sus exportaciones en el primer semestre del año, con 128.000 millones de euros, un 2,3% más que en el mismo periodo de 2015, según datos del Ministerio de Economía.

La posición comercial de España en el mundo ha conocido mejores momentos, aunque fuera a causa de la crisis y la contracción de la economía doméstica. “La balanza no energética tuvo una mejora durante la peor parte de la crisis, porque hubo una menor demanda interna y porque el dinamismo de las exportaciones fue muy elevado, pero es cierto que esa mejora se ha frenado”, explicó Echevarría.

Así lo refleja los datos del Ministerio de Economía y de Aduanas, que muestran como en los peores años para el consumo nacional entre 2008 y 2013, la balanza comercial española registró su primer saldo positivo desde los años previos a 2008. Tras ese respiro, los intercambios comerciales de España volvieron a ser deficitarios al reanimarse la demanda nacional. A esto se suma, recuerda Echevarría, la última desaceleración de las exportaciones en 2014 y 2015 debido a “un crecimiento lento del área euro”. Esto plantea un escenario macroeconómico de recuperación, tal y como sostiene el Gobierno, pero no muy distinto del que existía antes de la crisis en cuanto a su histórica dependencia del turismo.

Precisamente son las remesas que el sector turístico proporciona a la economía española las que equilibran la balanza de pagos ejercicio tras ejercicio. El sector turístico y de viajes es uno de los más fuertes de nuestro país: según datos del Banco de España, el turismo alcanzó un superávit de 11.167 millones de euros entre enero y mayo de 2016. A esto hay que añadirle la ventaja comparativa de España como destino respecto a otros países del Mediterráneo como Túnez, desde que las revueltas de la Primavera Árabe desestabilizaran los destinos turísticos en el Norte de África.

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