De un tiempo a esta parte, es cada vez más frecuente encontrar los centros de educación superior germanos en los ‘rankings’ internacionales

Estamos acostumbrados a leer en los ‘rankings’ de las mejores universidades europeas nombres ingleses, como el de Oxford, Cambridge o el Imperial College de Londres. Durante siglos, los británicos han podido estar orgullosos de la calidad de su señera educación superior. Sin embargo, y aunque aún les falta mucho para igualarlos, no pueden perder de vista a los alemanes, cuyos centros están irrumpiendo con fuerza en estos listados. Algo aún más llamativo en cuanto que los costes de matriculación brillan por su ausencia en las universidades públicas alemanas, que además son la mayoría: aunque actualmente hay 83 privadas, tan solo recogen el 1% de los estudiantes totales.

Si echamos un vistazo a uno de los ‘rankings’ de referencia, el de ‘Times Higher Education‘, podemos comprobar cómo las universidades alemanas abundan en los primeros puestos: hay 36 en el ‘top 200’, por cinco españolas. Destacan la Ludwig Maximilian University de Múnich, la Heidelberg University, la Universidad Humboldt de Berlín y la Universidad Técnica de Múnich, que se encuentran en el ‘top 20’.

El proyecto acercaba las universidades alemanas al modelo inglés, además de favorecer la investigación educativa y la especialización de cada centro

La principal razón de este éxito puede encontrarse en la Iniciativa de Excelencia que el país alemán ha llevado a cabo durante los últimos años a través de la DFG (Fundación de Investigación Alemana) y el WR (Consejo Alemán de Ciencias y Humanidades), y que ha supuesto una inversión económica en su primera oleada de 1.900 millones de euros, a los que se añaden otros 2.700 millones más (en España, en 2012, se gastaron 9.121 en universidades públicas). Se trata de un ambicioso proyecto que tenía como objetivo promover la investigación de vanguardia, fomentar la colaboración entre centros (tanto dentro de Alemania como entre Alemania y otros países), reforzar el rol internacional de las universidades germanas y favorecer la especialización de cada universidad. En definitiva, acercar dichos centros al sistema de calidad inglés.

Un país federado, pocos centros de élite

La aplicación de dicho programa, no obstante, ha sido más discutible. No porque no pueda explicar el éxito en los ‘rankings’ de Alemania, sino precisamente por eso: porque el objetivo de promocionar algunos centros ha sido considerado como un gesto de cara al ámbito internacional. Gracias a la primera línea de financiación, se establecieron más de 40 centros de investigación para jóvenes doctorandos, con una cuantía de un millón de euros al año. Por la segunda, se crearon los ‘clusters’ de excelencia, que conectaban las universidades con institutos y negocios, con una dotación de 6,5 millones de euros al año. Pero la joya de la corona es la tercera vía de financiación, la de las ideas de futuro (‘future concept’) que comenzó a implantarse durante el curso 2005/2006.

Según esta pata del programa, se seleccionarían diversas universidades de Excelencia que recibirían una fortísima inversión en base a sus programas de futuro. A nadie le sorprenderá, por lo tanto, que los cuatro centros que aparecen en el ‘top 20’ de la lista de ‘THE’ sean, precisamente, los dos primeros beneficiarios de dichas ayudas: la Universidad Técnica de Múnich y la LMU (2006), la Universidad Heidelberg (2007) y la Humboldt de Berlín (2012). A ellas hay que añadir la Universidad RWTH de Aachen, la Universidad Freie de Berlín, la Universidad de Bremen, la Universidad de Colonia, la Universidad de Tecnología de Dresde, la Universidad de Konstanz y la Universidad de Tübingen.

La apuesta alemana es clara: invertir grandes cantidades de dinero en muy pocos centros que se conviertan en sus estandartes internacionales, algo que sin duda están consiguiendo. Sin embargo, no todo el mundo se muestra de acuerdo con la utilidad de este sistema. En la propia publicación de ‘Times Higher Education‘, Uwe Brandenburg, antiguo director internacional de la Universidad Humboldt, señala que el reparto de la financiación “se ha producido basándose en puras conjeturas, promesas y deseos, algunas de las cuales se convirtieron en realidad y otras no”.

La mayor parte de las universidades más beneficiadas se encuentran en lo que en un pasado era la República Federal Alemana

Como asegura aludiendo al informe Imboden, que analizó la efectividad del programa, se ha conseguido parcialmente uno de los objetivos: que cada centro se especializase en un área de investigación específica. Sin embargo, el segundo objetivo, la mejora en la gobernanza, ha provocado que los ‘clusters’ de excelencia funcionen de manera independiente a los centros universitarios.

Una profecía autocumplida

Este proyecto universitario puede entenderse como la pescadilla que se muerde la cola o, simplemente, el mejor ejemplo de lo que una buena campaña publicitaria puede conseguir. Aunque, como señala Brandenburg, los resultados no han quedado suficientemente demostrados, la mayor parte de centros extranjeros, como los chinos, solo quieren trabajar con las universidades de excelencia, es decir, las 11 de élite que han recibido la mayor parte del dinero.

Las 11 universidades de élite del sistema alemán. (CC)

El problema, advierte el autor, es que en Alemania existen otras 400 instituciones de educación superior (de las cuales 50 son universidades). Él sospecha que los buenos resultados se deben antes a la metodología utilizada que a su desempeño real. También, a que lasgrandes universidades son las que suelen salir favorecidas en estos ‘rankings’, puesto que son las que más fácil lo tienen a la hora de colaborar con otros centros internacionales o captar alumnos de otros países.

No es la única crítica que se ha planteado a la decisión alemana de apostar tan fuerte por unos centros frente a otros. Basta con echar un vistazo a la situación de las universidades para darse cuenta de que la mayor parte de ellas se encuentran en lo que en un pasado era la República Federal Alemana; la mayoría de instituciones de educación superior de reciente creación que no han participado en los programas forman parte de Alemania Oriental.

Otra importante reserva fue la planteada por un informe realizado por el Centro de Investigación de las Ciencias Sociales de Berlín, que apuntaba que las universidades alemanas han potenciado sus programas de investigación, en muchos casos, en perjuicio de la docencia pura y dura. Como aseguraba uno de los autores, Tim Flink, “todo lo que se ha estimulado ha ido en la dirección de la investigación, especialmente en lo más básico”. Quizá porque es uno de los factores a los que más importancia se les da en los ‘rankings’ internacionales.

Mientras tanto, Alemania presume por el éxito de sus universidades de élite. Un informe publicado en septiembre del pasado año por el DFG, principal administrador de la propuesta, aseguraba que el programa “ha satisfecho las expectativas y no ha debilitado las universidades que no se benefician directamente de ello”, señalaba Dorothee Dzwonnek, secretaria general de la organización.

Nature‘, no obstante, también tenía sus reservas respecto a este autoproclamado éxito. Como aseguraba la publicación, su análisis señalaba que, efectivamente, la cuarta parte de los artículos de estas universidades de élite se encuentran entre el 10% global en cuanto a citas (estos centros producen el 35% de los artículos científicos alemanes); pero también que es un crecimiento similar al experimentado por otros centros que no han recibido tan cuantiosa inversión.

Esto apunta a una hipotética dirección de futuro en la financiación universitaria pública: frente a la proliferación de centros durante las últimas décadas (España sabe bien lo que es), el ejemplo alemán sugiere que quizá pronto se pase de una fórmula de “un poco para todos” a “muchos para pocas”. En definitiva, que cada país delimite unos pocos “jugadores globales” que se quedarán con la mayor parte de la financiación; los ojitos derechos de cada nación.